Noti Mundo
Nada es más necesario que la verdad y, con relación a ella, todo lo demás no tiene más que un valor de segundo orden

Oct
25

A tenor de lo que vemos en el mundo pareciera que sí pues parece, valga la redundancia, que el cristianismo estorba a los políticos actuales en su carrera desenfrenada por destruir a las sociedades para someterlas a sus caprichos.

A pesar de los avances de la ciencia, el mundo está inmerso en un claro retroceso en lo moral y parece que nos estamos encaminando nuevamente a la era Medieval en la que sólo existían amos y vasallos, que no ciudadanos.

Esta imagen y este artículo (aunque se refiere a España es algo que ocurre en muchos países en la actualidad) que reproduzco dan una idea de por qué caminos estamos transitando peligrosamente.

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Dios no existe

La última ofensiva cristófoba del establishment político del tripartito catalán –al que pertenece el Consejo Escolar de Cataluña–, lejos de ser un despropósito puntual, es síntoma de algo mucho más grave y preocupante para el futuro de la sociedad abierta en nuestras sociedades. Primero, porque profundiza en la degeneración de los derechos de los catalanes, que dentro del proceso general de involución democrática en que viven, se recortan cada día más. Segundo, porque Cataluña es el laboratorio políticode la izquierda para España, y las medidas impuestas por la clase política catalana se extienden al final al resto del país. Tercero, porque este proceso de destrucción cultural se da, aunque de forma menos zafia y directa, también en el resto de Europa.

No nos engañemos: la izquierda no busca ni respetar la multiculturalidad ni aumentar la libertad religiosa. Baste como prueba el hecho de que apoya a aquellos regímenes que persiguen por motivos religiosos. Lo que busca es combatir al catolicismo y al cristianismo, por considerarlos –y con razón– los fundamentos del orden social y político occidental. Desde hace un tiempo, la clase política se dedica a perseguir al cristianismo de la vida pública europea y española, y si para eso tiene que igualarlo con religiones y creencias extrañas a los europeos y contrarias a sus valores, lo hace. En Cataluña, el tripartito prefiere una Cataluña islámica a una Cataluña cristiana unida al resto de España. Por eso ataca a la segunda e impulsa la primera. Antes islámicos que españoles.

Este proceso, en Cataluña y en el resto de España, es antidemocrático: primero lo es porque se trata de cambiar desde el poder, a golpe de martillo, las costumbres que millones de personas, que generación en generación, han mantenido durante siglos. Además de poner de manifiesto la irresponsabilidad de quienes quieren cambiar miles de años de costumbres –que se dice pronto– en unos años de gobierno, señala de qué pasta está hecha nuestra clase política; de su mesianismo, de su brutal determinación de cambiar la sociedad de sus padres y abuelos para sustituirla por cualquier cosa. Y es que a este paso, la sociedad de nuestros hijos será radical y absolutamente distinta de la de nuestros abuelos. ¿Quién está dispuesto a afrontar de la mano de estos políticos nuestros un salto al vacío que sólo puede desembocar en un Estado frío, burocrático y omnipresente o en un despotismo islámico insoportable? A eso nos llevan.

Segundo, es antidemocrático porque es falso, y además es mentira, que a nuestras sociedades les de igual una religión que otra, y apoyen la progresiva descristianización del continente. Dime de que presumes y te diré de qué careces: en eso queda la apología izquierdista de la democracia. En este tipo de asuntos legislan brutalmente desde el poder, mediante hechos consumados, importándoles poco el sentir de la sociedad a la que dicen representar. Y eso que éste es clarísimo: el estudio del CIS de julio de 2009 refleja que el 76% de los españoles se considera católico: baste recordar que la participación en las últimas elecciones generales fue del 73,8 %, esto es, menor. Tiene suerte la clase política –la izquierdista por cristófoba, y la derecha por desideologizada– de que los votantes católicos crean en la separación Iglesia-Estado más que ellos, porque lo cierto es que el partido de los católicos es el mayoritario entre los españoles.

El caso de las fiestas de Navidad y Semana Santa en Cataluña es sólo uno más. Es verdad que el caso catalán es particular, porque aquí el nacionalismo, para romper con España, prefiere un Califato catalán a una Comunidad Autónoma española, y camino de conseguirlo va. Pero más allá de ello, estamos dejando a la clase política vaciar nuestras sociedades occidentales de sus creencias y valores tradicionales, aquellos que nos han permitido llegar a donde estamos: unas sociedades modernas, colmadas de bienestar y donde la libertad es mayor que nunca. Esto lo están echando a perder cada día una izquierda involucionista y una derecha condescendiente y despistada. ¿Hay aún europeos y españoles de bien capaces de ver las consecuencias de una política cultural suicida para Europa y España? Sin duda, y el éxito de la manifestación contra el aborto de la semana pasada deja lugar para la esperanza. Pese a no estar representados por la clase política, millones de españoles no se resignan a perder su pasado, su tradición, las creencias y valores de sus padres y abuelos. Estos millones constituyen una fuerza social formidable, que ya ha mostrado más de una vez de lo que es capaz. Esperemos ahora que su capacidad aumente a partir de ahora, porque con sus creencias se pone en juego la democracia.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

Oct
19

El anciano a mi derecha tosía y estornudaba sin cuidado salpicando gotitas infectadas por doquier. Sacaba el pañuelo arrugado y de color incierto para sonarse. El sonido de su nariz me obligaba a voltear mi cuerpo hacia el pasillo.

Volaba entre Miami y México. Viajé en el avión arqueando mi espalda en forma deplorable creyendo evitar así el contagio. Los otros pasajeros me miraban con lástima y cuando aterrizamos corrieron a incriminarnos al viejito y a mí, ante las autoridades sanitarias.

En mi cerebro, lavado por las noticias y anuncios subliminales, sentí los síntomas de la gripa porcina (H1N1) y las cifras de víctimas me producían miedo porque un anciano infectado lograría cumplir, sin querer, el deseo de matarme en el pasado de los narcotraficantes y guerrilleros.

Detuvieron al anciano para examinarlo y yo me escapé entre la multitud. Al primer estornudo compré Tamiflu, la droga milagrosa que ofrecen como la panacea para curar la H1N1 y que por suerte es de venta libre en México.

Sin embargo, el esposo de mi sobrina, quien es médico y en su tiempo libre investiga sobre los daños que ocasionan a la salud humana ciertos medicamentos recetados, me advirtió sobre los efectos secundarios y los peligros del Tamiflu. De acuerdo a estudios causa perjuicios sicológicos y siquiátricos en algunas personas.

Para acabarme de rematar, una amiga me envió el documental “Operación pandemia” que circula en YouTube, realizado por el periodista argentino Julián Altertini, que revela una conspiración.

En 2005, el entonces presidente estadounidense George W. Bush ordenó entregar a una compañía farmacéutica un presupuesto para investigaciones y fabricación de remedios que curarían varios tipos de gripas.

La favorecida fue Gilead Sciences, dueña de la patente de Tamiflu desde 1996, que negoció la elaboración y distribución con el laboratorio suizo Roche, a cambio de una comisión del ventas del 10 por ciento hasta 2016.

Como para caerse de espaldas, el realizador del documental revela que Donald Rumsfeld fue presidente de Gilead Sciences, antes de ocupar el cargo de Secretario de Defensa de Estados Unidos en el gobierno de Bush. ¡Muy sospechoso!

Todos sabemos que la gripa común, otras enfermedades respiratorias e incluso la malaria, causan más muertos al año que lo que ha provocado la H1N1. Entonces, ¿Por qué tanto alboroto? Porque hay mucha plata de por medio.

Los laboratorios farmacéuticos donan millonarias sumas de dinero a las campañas electorales estadounidenses. Es una red de complicidades asquerosa, igual o peor a la que montan los narcotraficantes mexicanos y colombianos financiando políticos en Latinoamérica.

Todos hemos caído en este juego: los tontos que creemos lo que la prensa y los gobiernos nos dicen; los estados latinoamericanos que cumplen lo que mandan los gringos y ciertos médicos que reciben tajada de los laboratorios farmacéuticos que actúan como mafias, por recetar lo que les conviene. Ya no me da miedo la gripa porcina, ni los enfermos en los aviones o sitios cerrados. Lo que me aterroriza es que estemos en manos de gente ambiciosa, que juega y pone en riesgo la salud humana sin compasión. La historia los tendrá que juzgar.

* Raúl Benoit