Las empresas toman la democracia de EEUU

NOAM CHOMSKY – 07/02/2010 09:36

El 21 de enero de 2010 quedará registrado como un día oscuro en la historia de la democracia de Estados Unidos y su declive. Ese día, la Corte Suprema dictaminó que el Gobierno no puede prohibir que las compañías hagan aportaciones económicas en las elecciones.

La decisión afecta profundamente a la política gubernamental, tanto en el plano interno como en el internacional, y anuncia incluso mayores conquistas de las corporaciones sobre el sistema político de EEUU. Para los editores de The New York Times, el fallo “golpea el corazón mismo de la democracia” al haber “facilitado el camino para que las corporaciones empleen sus vastos tesoros para inundar [con dinero] las elecciones e intimidar a los funcionarios elegidos para que obedezcan sus dictados”.

La Corte estuvo dividida, cinco contra cuatro. A los cuatro jueces reaccionarios (engañosamente llamados conservadores), se les sumó el magistrado Anthony M. Kennedy. El magistrado presidente, John G. Roberts Jr., tomó un caso que se podía haber resuelto fácilmente sobre bases más limitadas y maniobró en la Corte con el fin de hacer aprobar un dictamen de gran alcance que revierte un siglo de restricciones a las contribuciones de las empresas en las campañas federales.

Ahora, los gerentes de las compañías podrán, de hecho, comprar directamente comicios, eludiendo vías indirectas más complejas. Es bien sabido que las contribuciones empresariales, en ocasiones envueltas en paquetes complejos, pueden inclinar la balanza en las elecciones y, así, dirigir la política. La Corte acaba de entregar mucho más poder a ese pequeño sector de la población que domina la economía.

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El mito y el fraude del colesterol

“Reduce tu colesterol y prevendrás la enfermedad cardiovascular”. La mayoría de médicos, compañías farmacéuticas, enfermeros y personas dedicadas al ámbito sanitario creen fielmente este eslogan. Y no es para menos. Vivimos en una permanente colesterolfobia. Pero a pesar de la insistencia con la que desde hace décadas nos lo han repetido una y otra vez, este mensaje es más que cuestionable. El principal y primer indicativo del desarrollo de enfermedad cardiovascular es el estrechamiento y endurecimiento de arterias debido a la placa acumulada, y esto es lo que denominamos arterioesclerosis. El mito del colesterol puede validarse o refutarse sencillamente observando la correlación entre los niveles de colesterol y de placa. La búsqueda de dicha correlación se inició ya en 1961, cuando Mathur y sus colaboradores analizaron los niveles de colesterol y el grado de arterioesclerosis en las autopsias de 20 individuos, así como en otros 200 casos en la literatura científica. Considerados ambos valores en las dieciséis horas tras el fallecimiento, fue imposible hallar un vínculo entre el colesterol y la placa arterial. En 1962, el American Heart Journal publicó una investigación del Dr. Marek que llegaba a la misma conclusión tras el estudio de 106 pacientes. Pero incluso décadas antes, podemos encontrar este hallazgo médico. En 1936, Lande y Sperry fueron incapaces de hallar correlación entre el colesterol y la placa. Todos estos estudios ponen patas arribas la presunta sabiduría convencional.

Más recientemente, en 2003, investigadores del Hecht and Harman of Beth Israel Medical Center de Nueva York emplearon tecnología de tomografías para comprobar hasta qué punto los medicamentos y terapias para reducir el colesterol reducían a su vez la placa. La diferencia encontrada fue de cero. Los autores del estudio afirmaron que la creencia de que cuanto más bajo sea el colesterol LDL (llamado ‘malo’), mejor, no está sustentada por los cambios en la progresión de la placa arterioesclerótica. Un buen método de destruir el eterno mito del colesterol es mirar los ensayos clínicos con las estatinas, los fármacos por antonomasia para reducir el colesterol, así como los medicamentos mejor vendidos de toda la historia. Por ejemplo, los ensayos HPS (Heart Protection Study) y el Scandinavian Simvastatin Survival Study hallaron que los medicamentos testados para reducir el colesterol eran igual de efectivos para aumentar la esperanza de vida independientemente de que apenas bajaran el colesterol o lo hicieran más de un 40%. Obsesionados como estamos con el colesterol, la propia comunidad médica sigue siendo incapaz de reconocer que las estatinas son efectivas en tanto pueden reducir la inflamación, no porque bajen el colesterol. Además, las estatinas para reducir el colesterol conllevan diversos efectos secundarios, entre ellos ¡debilitan el corazón! (porque limitan la producción de la coenzima Q10, vital para el músculo del corazón, y activan el gen atrogin-1).

En primer lugar tendríamos que preguntarnos por qué hemos alcanzado estos niveles alarmantes de enfermedad cardiovascular. No en vano, las enfermedades cardiovasculares son hoy las responsables del mayor número de muertes en Occidente. La verdadera curva ascendente de mortalidad cardiovascular empezó especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, y de hecho aún en el siglo XIX la muerte por ataque cardíaco era muy poco frecuente. Si mirásemos hacia nuestro pasado y lo comparáramos con la actualidad, podemos observar que nuestra dieta ha sufrido cambios radicales en el último siglo. Particularmente, es la epidemia de hidratos de carbono y de aceites vegetales ricos en Omega 6 (girasol, maíz, soja, margarinas) la que ha levantado una ola de inflamación causante de la tragedia cardiovascular de hoy. Porque hoy no tenemos niveles destacables de colesterol mayores que antaño. Es más, el colesterol bajo está asociado con múltiples problemas de salud, cardiovasculares o neurológicos entre otros. No podríamos vivir sin colesterol. Sin embargo, hoy sí padecemos un creciente nivel de inflamación que destroza nuestro corazón, el resto de nuestros órganos vitales y acaba con nuestras vidas.

Cómo hemos llegado a este dramático punto es la historia de la perversión de la ciencia a cuenta de la imposición de la dieta oficialmente correcta, a la que me he referido. Nos han hecho creer que los hidratos de carbono son maná caído del cielo –el azúcar o cereales en sus formas refinadas no existían antes– y nos han aconsejado fervientemente el consumo de aceites vegetales ricos en Omega 6 como las margarinas –antes de los procesos industriales no existían estas grasas, ajenas a la humanidad hasta entonces. Somos víctimas en una sociedad crónicamente enferma porque seguimos presos de demasiadas mentiras. La dieta ha sido capaz de llevarnos al abismo. Sólo ella puede devolvernos un futuro mejor como individuos y sociedad.
Autor: Adolfo D. Lozano es consumer advocate en salud, nutrición clínica y dermatología cosmética y autor del blog Juventud y Belleza
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Citigroup: la pesadilla continúa

Las pérdidas por 7.589 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2009 hacen de Citigroup el más afectado de los cuatro bancos estadounidenses que, de ser “demasiado grandes para caer” han pasado a ser demasiado grandes para existir. Pese a que las pérdidas del año 2009 fueron menores a las del año 2008, el Citigroup sigue en la cuerda floja producto de su alto nivel de apalancamiento (1:150, es decir que por cada dólar creó 150) como consecuencia del desorden financiero de principios de siglo que generó un consumismo excesivo.

La gráfica (tomada de Cinco Días) muestra la cruda realidad del emblemático banco estadounidense liderado por Vikram Pandit, que cuenta con oficinas en más de cien países, y es considerada la mayor institución de servicios financieros del mundo. Pandit (53) sucedió a Charles O. Prince III a finales del año 2007 cuando la crisis financiera había estallado. Desde entonces, ha reducido 110.000 puestos de trabajo (un tercio de la planilla de la empresa) y ha reforzado las prácticas de gestión de riesgo que provocaron el colapso de la empresa.

Las acciones de Citigroup se han cotizado en los últimos meses a 3,5 dólares, un valor bastante por debajo de los 57 dólares alcanzados en diciembre de 2006, lo que representa una caída del 93%, algo insoportable para cualquier empresa. De ahí que el príncipe Walid bin Talal, de Arabia Saudita, uno de los principales accionistas del banco, señaló, refiriéndose a Pankit que “su luna de miel terminó y ahora es tiempo de cumplir”, a propósito de las esperadas ganancias que debe obtener la empresa.

Gran parte de las pérdidas de Citigroup son producto de los préstamos incobrables y de las inversiones que se realizaron mucho antes que Pandit se hiciera cargo del barco. A Pandit le ha tocado la dura tarea de operar en medio de la peor tormenta financiera, enfrentando los errores del pasado. Como siga la historia hacia adelante dependerá del curso que tome la economía mundial y de la nueva institucionalidad que emerja desde Washington, un tema que ha encendido una fuerte polémica en Estados Unidos y que ha sido opacada por los medios de comunicación a raíz de la tragedia que vive Haití.

El caso de Citigroup es todo un símbolo de lo que ha sido esta crisis: errores del pasado desencadenan una verdadera tormenta perfecta que provoca el colapso total del sistema financiero. Para fingir la catástrofe y disfrazarla de un hecho habitual, los gobiernos y los bancos centrales salen al rescate del sistema inyectando grandes cantidades de liquidez.. Pero el sistema sigue en manos de quienes cometieron los fraudes y mientras ellos arreglan sus cuentas el sistema prosigue con el efecto dominó donde lo más contundente es el aumento del desempleo. Esto demuestra que el actual sistema no tiene otra manera para enfrentar las crisis que creando más desempleo y precarizando aún más la calidad de vida de la gente.

Vía: El Blog Salmón

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