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Archive for the ‘Religión’ Category

La historia más absurda jamás contada

Diego Lafuente

Soy un ateo convencido. No agnóstico, sino ateo. Niego la existencia de dios. Qué barbaridad, ¿cómo puedes negar la existencia de dios? Demuéstramelo. Parafraseando al gran Richard Dawkins en su legendaria charla de TED de 2002, respondo: no me corresponde a mí demostrar la no-existencia de dios. Sois vosotros, los creyentes, los que tenéis que probar que dios efectivamente existe. Personalmente, yo también niego la existencia de los unicornios, de los centauros y de los concejales de urbanismo honrados. Dios es simplemente una cosa más en la que no creo. Por qué no, yo podría defender la existencia de una cafetera orbitando alrededor de Marte, fundar una religión en torno a eso, acusar de hereje a todo aquél que lo niegue, y además pedirle que justifique esa no creencia con algún tipo de prueba so pena de quemarle en la hoguera. Es curioso que lo de la cafetera sideral le resulte un despropósito a cualquiera con dos dedos de frente, y lo de la religión no. Conozco a unos cuantos eminentes científicos e ingenieros que además son profundamente religiosos. Gente que sabe de la eficiencia del método científico y que le confían a ese método la construcción de aviones, barcos y puentes de los que dependen vidas humanas. Y nunca les falla. Lo sorprendente es que esa misma gente luego trague con las inmensas ruedas de molinos de los dogmas religiosos. Si yo le digo a un físico teórico que he construido una máquina que contradice cualquiera de los principios de la termodinámica, me dirá que es imposible, me lo demostrará en un papel, y ni siquiera me dará la oportunidad de enseñarle mi diseño. Sin embargo si ese físico teórico es además católico en algún momento habrá tenido que tragar y asumir como ciertas cosas como que Jesús de Nazaret nació de una virgen, que hizo milagros que contradecían a la vez varios principios de la termodinámica y que resucitó y ascendió a los cielos, entre otras perlas. Me sorprende tanto rigor para unas cosas y tan poco para otras. Tan meticulosos en unas cosas y tan relajados y permisivos en otras. Sobre todo cuando unas cosas y otras son contradictorias, porque la multiplicación de los panes y los peces y la ley de conservación de la masa no parecen, así a primera vista, demasiado compatibles. Al principio pensaba que estos científicos creyentes eran capaces de distinguir entre mito y realidad, pero me temo que estaba profundamente equivocado. Un creyente no piensa que su religión es un mito. Yo sí que pienso que su religión es un mito, pero ellos no, porque creen en ella. Creo que es muy importante poder distinguir entre mito, parábola y realidad. Poder discernir entre hecho histórico contrastado, ley física probada empíricamente y personaje mitológico más o menos inventado con el objetivo de contar una historieta con moraleja. Se pueden extraer buenos hábitos y buenas enseñanzas de las religiones, incluso sin ser creyente. También se pueden extraer buenas enseñanzas de la trilogía de El Señor de los Anillos, y sin embargo saber que lo que se cuenta ahí realmente no sucedió. Si esto se toma demasiado en serio, se corre el peligro de que alguien llegue a creer de verdad que Gandalf fue un personaje histórico, que Sam, el hobbit, derrotó heroicamente a una araña gigante en la legendaria batalla de Torech Ungol durante su peregrinación anual a Módor, y acabar vendiendo estampitas conmemorando los triunfos de Sam, el hobbit, frente al reino de los artrópodos.

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Obama y otros recomiendan tolerancia

12 septiembre 2010 Deja un comentario

En Australia, unos musulmanes orinan sobre una Biblia y luego la queman

En el East Preston Islamic College de Melbourne, unos estudiantes han orinado sobre una Biblia. Después, han rasgado sus páginas y las han quemado. Al trascender la noticia, el imán convocó a los 650 alumnos de la institución y les exhortó a respetar la Biblia y a los cristianos.

En Paquistán, la simple acusación dirigida contra un cristiano de haber tocado un Corán con las manos sucias, significa la pena de muerte por la comisión de un delito de blasfemia.

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Discurso de Geert Wilders en el Parlamento Británico

Hay que hacer un esfuerzo para ser capaces de usar nuestro cerebro y que la demagogia no acabe lavándolo.

Creo que el discurso del Sr. Wilders es de una claridad meridiana y fácilmente entendible: no hay que confundir a la mayoría de los musulmanes con el Islam y los fundamentalistas que se han apropiado de él y lo dirigen a su conveniencia; como no hay que confundir al capitalismo con la corriente neoliberal que lo ha dirigido en los últimos años … también a su conveniencia.

No darse cabal cuenta de lo que representa el Islam en la actualidad y, sobre todo, de su estrategia expansiva sería un error mayúsculo.

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¿Hay un ataque global contra el cristianismo?

25 octubre 2009 Deja un comentario

A tenor de lo que vemos en el mundo pareciera que sí pues parece, valga la redundancia, que el cristianismo estorba a los políticos actuales en su carrera desenfrenada por destruir a las sociedades para someterlas a sus caprichos.

A pesar de los avances de la ciencia, el mundo está inmerso en un claro retroceso en lo moral y parece que nos estamos encaminando nuevamente a la era Medieval en la que sólo existían amos y vasallos, que no ciudadanos.

Esta imagen y este artículo (aunque se refiere a España es algo que ocurre en muchos países en la actualidad) que reproduzco dan una idea de por qué caminos estamos transitando peligrosamente.

ooooooooooOooooooooo

Dios no existe

La última ofensiva cristófoba del establishment político del tripartito catalán –al que pertenece el Consejo Escolar de Cataluña–, lejos de ser un despropósito puntual, es síntoma de algo mucho más grave y preocupante para el futuro de la sociedad abierta en nuestras sociedades. Primero, porque profundiza en la degeneración de los derechos de los catalanes, que dentro del proceso general de involución democrática en que viven, se recortan cada día más. Segundo, porque Cataluña es el laboratorio políticode la izquierda para España, y las medidas impuestas por la clase política catalana se extienden al final al resto del país. Tercero, porque este proceso de destrucción cultural se da, aunque de forma menos zafia y directa, también en el resto de Europa.

No nos engañemos: la izquierda no busca ni respetar la multiculturalidad ni aumentar la libertad religiosa. Baste como prueba el hecho de que apoya a aquellos regímenes que persiguen por motivos religiosos. Lo que busca es combatir al catolicismo y al cristianismo, por considerarlos –y con razón– los fundamentos del orden social y político occidental. Desde hace un tiempo, la clase política se dedica a perseguir al cristianismo de la vida pública europea y española, y si para eso tiene que igualarlo con religiones y creencias extrañas a los europeos y contrarias a sus valores, lo hace. En Cataluña, el tripartito prefiere una Cataluña islámica a una Cataluña cristiana unida al resto de España. Por eso ataca a la segunda e impulsa la primera. Antes islámicos que españoles.

Este proceso, en Cataluña y en el resto de España, es antidemocrático: primero lo es porque se trata de cambiar desde el poder, a golpe de martillo, las costumbres que millones de personas, que generación en generación, han mantenido durante siglos. Además de poner de manifiesto la irresponsabilidad de quienes quieren cambiar miles de años de costumbres –que se dice pronto– en unos años de gobierno, señala de qué pasta está hecha nuestra clase política; de su mesianismo, de su brutal determinación de cambiar la sociedad de sus padres y abuelos para sustituirla por cualquier cosa. Y es que a este paso, la sociedad de nuestros hijos será radical y absolutamente distinta de la de nuestros abuelos. ¿Quién está dispuesto a afrontar de la mano de estos políticos nuestros un salto al vacío que sólo puede desembocar en un Estado frío, burocrático y omnipresente o en un despotismo islámico insoportable? A eso nos llevan.

Segundo, es antidemocrático porque es falso, y además es mentira, que a nuestras sociedades les de igual una religión que otra, y apoyen la progresiva descristianización del continente. Dime de que presumes y te diré de qué careces: en eso queda la apología izquierdista de la democracia. En este tipo de asuntos legislan brutalmente desde el poder, mediante hechos consumados, importándoles poco el sentir de la sociedad a la que dicen representar. Y eso que éste es clarísimo: el estudio del CIS de julio de 2009 refleja que el 76% de los españoles se considera católico: baste recordar que la participación en las últimas elecciones generales fue del 73,8 %, esto es, menor. Tiene suerte la clase política –la izquierdista por cristófoba, y la derecha por desideologizada– de que los votantes católicos crean en la separación Iglesia-Estado más que ellos, porque lo cierto es que el partido de los católicos es el mayoritario entre los españoles.

El caso de las fiestas de Navidad y Semana Santa en Cataluña es sólo uno más. Es verdad que el caso catalán es particular, porque aquí el nacionalismo, para romper con España, prefiere un Califato catalán a una Comunidad Autónoma española, y camino de conseguirlo va. Pero más allá de ello, estamos dejando a la clase política vaciar nuestras sociedades occidentales de sus creencias y valores tradicionales, aquellos que nos han permitido llegar a donde estamos: unas sociedades modernas, colmadas de bienestar y donde la libertad es mayor que nunca. Esto lo están echando a perder cada día una izquierda involucionista y una derecha condescendiente y despistada. ¿Hay aún europeos y españoles de bien capaces de ver las consecuencias de una política cultural suicida para Europa y España? Sin duda, y el éxito de la manifestación contra el aborto de la semana pasada deja lugar para la esperanza. Pese a no estar representados por la clase política, millones de españoles no se resignan a perder su pasado, su tradición, las creencias y valores de sus padres y abuelos. Estos millones constituyen una fuerza social formidable, que ya ha mostrado más de una vez de lo que es capaz. Esperemos ahora que su capacidad aumente a partir de ahora, porque con sus creencias se pone en juego la democracia.

GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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Espiritualidad del anti-imperialismo

Jon SOBRINO

1. El imperio, ídolo omniabarcador

Imperio e imperialismo parecían palabras muertas, pero la realidad las ha resucitado. Hoy no basta hablar de opresión y de capitalismo para describir la postración de las grandes mayorías de este mundo. El Norte y las multinacionales lo someten, como no se había conocido antes. Y muy en especial Estados Unidos. Es el imperio actual.

Impone su voluntad sobre todo el planeta, con un poder inmenso, guiado por el pathos del triunfo, en todos los ámbitos de la realidad y a través de todo: economía que no piensa en el oikos, industria armamentista y su control, comercio inicuo e injusto, información manipulada o mentirosa, guerra cruel, terrorismo con apariencias legales y barbarie sin miramientos, irrespeto y desafío al derecho internacional, violación de los derechos humanos cuando es necesario, destrucción de la naturaleza… A la larga lo más grave es quizás la contaminación del aire que respira el espíritu humano que se impone en el planeta: la exaltación del individualismo y del éxito, como formas superiores de ser humano, y el irresponsable disfrute de la vida como algo que no admite discusión, sin reparar en recursos (de modo que un deportista, cantante o actor de cine puede ganar lo equivalente a un alto porcentaje del presupuesto nacional de una país subsahariano).

Todo esto asusta, y sin embargo el imperio proclama que es bueno que el mundo sea así. Es buena noticia, eu-aggelion; el advenimiento del fin de la historia, el eschaton; la aldea global, la basileia tou Theou. El ser humano de hoy es afortunado de vivir en este mundo, y el imperio tiene la misión divina de defenderlo y extenderlo.

No se habla de teocracia, pero el imperio es concebido desde categorías religiosas. Como la divinidad, goza de ultimidad y exclusividad. A la acumulación de poder no se le pueda tildar de peligro que tiende a destruir al débil, sino que es expresión de la realidad divina e instrumento que garantiza su presencia en el mundo. Como la divinidad, también el imperio ofrece salvación, cuya forma suprema es el buen vivir. No admite discusión, y nadie puede impedirlo. Exige una ortodoxia y un culto, y, sobre todo, como Moloch, exige víctimas para subsistir. ¿Y los pobres de este mundo? Sólo les quedan las migajas de Lázaro.

Asusta la maldad imperial y asusta su desvergüenza. Y entonces viene la pregunta: ¿Y nosotros, qué hacer? La respuesta la da Pedro Casaldáliga en la presentación de esta misma Agenda Latinoamericana’2005: “Contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino”.

Otros concretarán los contenidos, teorías y praxis de esa política liberadora. Nosotros nos concentrarnos, tal como nos ha pedido la Agenda Latinoamericana’2005, en la espiritualidad anti-imperialista, es decir, el viento, el impulso, el espíritu, que mueve a los seres humanos a luchar contra el imperio y transformarlo en el reino de la fraternidad.

2. El momento teologal: honradez con lo real y sumisión a sólo Dios

El imperio es el instrumento que adopta el Maligno, la bestia a la que el dragón le concede su fuerza destructora según el Apocalipsis (cap. 12 y 13)… Como el Maligno, es “asesino”, y de ahí que el primer acto del espíritu es la compasión y misericordia y hacia las víctimas, solidarizarse con ellas, defenderlas con creatividad y firmeza hasta el final. Ese espíritu liberador y aun martirial ha abundando en América Latina -y existe también en muchos solidarios que les toca vivir dentro de “la bestia”-. Esto es bien sabido, y baste con dejarlo señalado. Por ello analizaremos otras dimensiones del espíritu anti-imperial. Empecemos.

El maligno es “mentiroso”, y ante el embuste primordial del imperio, el primer acto del espíritu es desenmascararlo, ejercitar la honradez con lo real. Esa honradez no es fácil, pues el mal se encubre y hace lo posible por aparecer como lo contrario. El imperio se hace pasar por bienhechor, guardián del bien, fuente de esperanza y liberador incluso de los “menos favorecidos” del planeta. Hoy además tiene viento a favor tras la caída del socialismo y la globalización, y por ello queremos detenernos un poco en el análisis.

a) El entusiasmo precipitado que se produjo tras la caída del muro de Berlín generó un ambiente engañoso: el mal radical había desaparecido. No se vislumbraban grandes luchas bélicas, aunque el bloque triunfante no dejaba de prepararse para las guerras del petróleo, del agua, del coltán… La misión de la potencia superviviente era garantizar el bien en el resto de los países de abundancia, y prometer esos mismos bienes a los pobres. Y a Estados Unidos le tocó gestionar la paz, que se convirtió en la pax americana, sucesora de la pax romana, de la eirene de los helenos, no del shalom, la reconciliación y la fraternidad, que no llegó ni se pretendió. De todas maneras, muchos descargaron en Estados Unidos, sin discusión, la responsabilidad de gestionar esa pax. Si la gestionaba bien, podía convertirse en superpotencia benévola, y no tenía por qué convertirse en imperio opresor. No ocurrió lo primero sino lo segundo. Pero el imperio se movía con viento a favor.

b) Todo esto ha coincidido, además, con la globalización, que sus defensores rodearon de una aureola espléndida de buena noticia. El lenguaje ha dado por indiscutible y asentada su existencia: se hable de lo que se hable se añade siempre la coletilla: “en un mundo globalizado”. Y los poderes la presentan, aunque reconozcan problemas, como algo bueno y salvífico.

Pues bien, la idea de “globalización” está emparentada con la de “imperio”: ambas connotan totalidad, una cierta armonía al interior de la humanidad, o al menos un cierto orden superador del caos, e incluso un centro generador de realidades positivas. Los defensores de la globalización le hacen un favor al imperio, pues trasladan a éste las bondades, reales o supuestas, de aquélla.

No todos lo ven así, ciertamente. ¿Mundialización o conquista?, era el título de un libro de Cristianisme i Justícia sobre globalización, Barcelona, 1999. Y más acremente, nos avisa J. Moltmann, repasando -sapiencialmente- siglos del progreso de Occidente: “Los campos de cadáveres de la historia, que hemos visto, nos prohíben… toda ideología del progreso y todo gusto por la globalización… Si los logros de la ciencia y de la técnica pueden emplearse para el aniquilamiento de la humanidad (y si pueden, lo serán algún día), resulta difícil entusiasmarse con el internet o la tecnología genética” (Progreso y precipicio. Recuerdos del futuro del mundo moderno», RLT 54, 245). Gestionar la globalización no es ninguna justificación para el imperio.

Conclusión para la espiritualidad: contra el imperio hay que generar un espíritu de lucha por amor a los víctimas. Y, como se encubre, el primer paso efectivo de una espiritualidad anti-imperialista es desenmascararlo. Es la honradez con lo real, que es todo menos evidente, incluso en el pensamiento progresista. Más en concreto, se trata de readmitir en nuestro pensar lo que antes se quería decir -a veces de muy malas formas- con la expresión “pecado original”: los seres humanos no superamos nuestras tendencias pecaminosas, aunque ocurran cosas buenas. Ni la caída del muro de Berlín, ni los avances de internet o de la biogenética garantizan en modo alguno la supresión del sometimiento y la opresión imperialista.

Pero además como lo que se encubre es un ídolo -y no cualquier otra cosa-, al imperio hay que oponer el verdadero Dios. Para el cristiano, el Dios de Jesús. Y a veces hay que explicitarlo. Hoy no se estila hablar así, ni siquiera en algunos contextos cristianos. Pero si al enfrentarnos con el imperio no podemos eludir la divinidad, entonces es necesario hacer presente al verdadero Dios. Así lo decía Monseñor Romero:

Ninguna persona se conoce mientras no se haya encontrado con Dios. Por eso tenemos tantos ególatras, tantos orgullosos, tantos seres humanos pagados de sí mismos, adoradores de los falsos dioses. No se han encontrado con el verdadero Dios y por eso no han encontrado su verdadera grandeza (10 de febrero, 1980).

“Sólo Dios es Dios”. No lo es ni el césar ni el imperio. Equivocarse en eso, en forma creyente o secularizada, tiene gravísimas consecuencias. Recalcar esta espiritualidad teologal podrá parecer risible a pragmáticos de todo tipo, pero una espiritualidad anti-imperial no puede evitar el momento teologal. Y tampoco puede contentarse con ser anti-idolátrica, sino que en algún momento debe volverse positivamente a lo teologal.

3. El momento jesuánico: una cultura evangélica contracultural

El imperialismo nos llega con la geopolítica, el servilismo -más o menos inevitable- de los dirigentes y con el interés egoísta del capital, y también con excesos de sumisión en los pueblos. De esa forma se configura el destino vida y muerte, humanización o deshumanización de países enteros. Contra este imperialismo global hay que luchar, evidentemente. Y una de las expresiones actuales de esa lucha es el movimiento de “otro mundo es posible”.

Pero en el día a día el imperialismo penetra en los seres humanos de otras formas: con la seducción -para unos pocos- y el engaño -para las mayorías- de la llamada “cultura estadounidense”, the american way of life. Ésta impone dos visiones de la vida muy poderosas: el individualismo, como forma suprema de ser, y el éxito como verificación última del sentido de la vida. Nos lo ofrecen -y nos lo imponen- como lo mejor que ha producido la historia. Y a la inversa, fraternidad, compasión y servicio son productos culturales secundarios, tolerados, pero no promovidos. Insistir en ellos más que en los otros no es “políticamente correcto”. La igualdad de la revolución francesa, y nada digamos de la fraternidad del evangelio, se han quedado obsoletas. De Afganistán e Irak no cuentan los afganos y los iraquíes, y de África no cuenta nada. Y por encima de todo, nos seducen con la cultura del “buen vivir”, a lo que hay que sacrificar todo, aunque sea lo de los demás, y se relativiza el inmenso sufrimiento del planeta. El imperio genera también polución espiritual. El aire que respira el espíritu sofoca, asfixia, envenena.

Este sometimiento al modo de ser y de comportarse es radicalmente antievangélico, y por ello el cristiano debe combatirlo desde “el modo de ser de Jesús”. El imperio pretende que nuestra ilusión sea comer, beber, cantar, ver deporte y divertirse como allí se hace. Por eso, a ello hay que oponer una comida y bebida como mesa compartida, una música que genera comunión y gozo, no simple entertainment, un deporte con austeridad y sin dispendios insultantes, con disciplina y rivalidad dentro de una misma familia. Eso es espiritualidad anti-imperial en el día a día. Y también lo es, tal como están las cosas, defender un “nacionalismo”, bien entendido como el derecho a la diferencia: la defensa de la bondad de la creación de Dios, en diferentes pueblos, tradiciones, culturas y religiones.

Mirando a la imposición cultural la espiritualidad tiene que estar basada en los rasgos -contraculturales- que provienen de Jesús. Así lo escribimos hace unos años: «De Jesús impactaba la misericordia y la primariedad que le otorgaba: nada hay más acá ni más allá de ella, y desde ella define la verdad de Dios y del ser humano. De Jesús impactaba su honradez con lo real y su voluntad de verdad, su juicio sobre la situación de las mayorías oprimidas y de las minorías opresoras, ser voz de los sin voz y voz contra los que tienen demasiada voz, e impactaba su reacción hacia esa realidad: ser defensor de los débiles y denuncia y desenmascaramiento de los opresores. De Jesús impactaba su fidelidad para mantener honradez y justicia hasta el final en contra de crisis internas y de persecuciones externas. De Jesús impactaba su libertad para bendecir y maldecir, acudir a la sinagoga en sábado y violarlo, libertad, en definitiva, para que nada fuese obstáculo para hacer el bien. De Jesús impactaba que quería el fin de las desventuras de los pobres y la felicidad de sus seguidores, y de ahí sus bienaventuranzas. De Jesús impactaba que acogía a pecadores y marginados, que se sentaba a la mesa y celebraba con ellos, y que se alegraba de que Dios se revelaba a ellos. De Jesús impactaban sus signos -sólo modestos signos del reino- y su horizonte utópico que abarcaba a toda la sociedad, al mundo y a la historia. Finalmente, de Jesús impactaba que confiaba en un Dios bueno y cercano, a quien llamaba Padre, y que, a la vez, estaba disponible ante un Padre que sigue siendo Dios, misterio inmanipulable» (La fe en Jesucristo).

Estos bien pueden ser rasgos de una espiritualidad anti-imperial. Apuntan a lo que nos hace ser humanos -ecce homo-, aunque la ocasión aquí sea trágica, y genera familia humana. Destruye la prepotencia imperialista del “civis romanus sum”, que conlleva el desprecio de los demás.

4. El momento soteriológico: el escándalo de una salvación que viene de abajo

Contra el imperio hay que luchar de diversas maneras, y los cristianos no deben rehuir ni el desarrollo de teorías antiimperialistas, ni la creación de fuerzas sociales y políticas que se le opongan o que lo minen poco a poco, ni siquiera la participación en revoluciones justas, como ha ocurrido a lo largo de la historia. No vamos a desarrollarlo ahora. Sí queremos mencionar algunos elementos beligerantes más específicamente cristianos, “absurdos”, aparentemente “inoperantes”, pero que, como las pequeñas piedras que caían del monte en la visión de Daniel, pueden destruir los pies de barro de los grandes imperios. Esas “pequeñas piedras” son las grandes realidades cristianas, aunque escandalosas y tenidas por inútiles. Promoverlas forma parte de una espiritualidad antiimperial. En principio, porque quiebran la lógica más profunda del imperio de que sólo el sometimiento y el poder salvan.

La tesis fundamental antiimperial es que la liberación proviene de las víctimas del imperio, lo cual es todo menos evidente, también con frecuencia en la Iglesia oficial. Es evidente que el poder, adecuadamente usado, es necesario, por otros capítulos, para erradicar y socavar al imperio. Pero el puro poder nunca ofrece liberación digna de seres humanos. La tradición bíblico-cristiana, experta en el tema de la liberación y en qué dinamismos la generan, no comienza con el poder. Salvación y liberación provienen de lo débil y pequeño: una anciana estéril, el diminuto pueblo de Israel, un judío marginal… Lo débil y pequeño es lo que está en el centro del dinamismo de la liberación. Ellos son sus portadores, no sólo sus beneficiarios. La utopía responde a su esperanza, no a la de los poderosos. Su pequeñez expresa la gratuidad de la salvación, no la hybris que exige resultados.

Esta tradición de lo pequeño que salva atraviesa la Escritura, pero hay más. En el Antiguo Testamento aparece la misteriosa figura del siervo sufriente de Jahvé, que no es sólo “pobre” y “pequeño”, sino “víctima”. Y ese siervo es el elegido por Dios para traer salvación. Al escándalo de lo pequeño se añade ahora la locura de la víctima. “Sólo en un difícil acto de fe el cantor del siervo es capaz de descubrir lo que aparece como todo lo contrario a lo ojos de la historia”, decía Ellacuría con razón. Pero esa locura muestra también su eficacia histórica en el mundo de los pobres.

En Asia, dice A. Pieris, los pobres, no por santos, sino por ser los sin poder, los rechazados, son elegidos para una misión: “son convocados a ser mediadores de la salvación de los ricos y los débiles son llamados a liberar a los fuertes”.
En África, en una situación intraeclesial, pero que expresa con vigor la misma intuición, dice E. Veng: “La Iglesia de África, en cuanto africana, tiene una misión para la Iglesia universal… A través de su pobreza y su humildad debe recordar a todas sus iglesias hermanas lo esencial de las bienaventuranzas y anunciar la buena nueva de la liberación a las que han sucumbido a la tentación del poder, las riquezas y la dominación”.

En El Salvador decía Ellacuría: “Toda esta sangre martirial derramada en El Salvador y en toda América Latina, lejos de mover al desánimo y a la desesperanza, infunde nuevo espíritu de lucha y nueva esperanza en nuestro pueblo”.
Y junto a esta tesis fundamental podemos enumerar más brevemente otras no menos escandalosas, pero igualmente cristianas y de largo alcance, que son como las pequeñas piedras que hacen desmoronarse al imperio.

a) El reino de Dios advendrá como civilización de la pobreza, en contra de la civilización de la riqueza que ni ha dado vida ni ha humanizado. De ahí la imperiosa necesidad de una crítica a la prosperidad, que suele ser alabada sin ninguna dialéctica, pero que es en muy buena parte deshumanizante por generar epulones y Lázaros. No es justificación para el imperio generar simplemente prosperidad.

b) La máxima autoridad en el planeta es la autoridad de los que sufren, sin que haya ningún tribunal de apelación. De ahí la necesidad de una crítica, sospecha al menos, también hacia la democracia -¡cuánto se echa de menos a los antiguos “maestros de la sospecha”!-. En el mejor de los casos, se pone en favor del ciudadano y en él encuentra la fuente del poder, pero no se pone, misericordiosamente, del lado del que sufre, ni encuentra en él legitimidad y autoridad. No es justificación para el imperio poder apelar simplemente a la democracia -y qué democracia, light, de baja intensidad, fraudulenta, de soberanía limitada…-.

c) Superación del panegirismo acrítico de todo lo que sea diálogo y tolerancia, sin introducir un mínimo de dialéctica de confrontación y denuncia de la opresión y sometimiento. No es justificación para el imperio que entable conversaciones con sus coadláteres y haga como si escuchase a los pueblos sometidos.

d) Superación del chantaje de una ingobernabilidad, que sería producto de la polarización política, lo que encubre el antagonismo cruel entre los pocos y los muchos. No es justificación para el imperio que, al menos, garantice la gobernabilidad mundial.

e) Por último pelear la batalla del lenguaje, creado y controlado por los poderosos. No hay que dejarse imponer la definición de lo que es terrorismo y paz, comunidad internacional y civilización. Más de fondo, no hay que dejarse imponer la definición de lo que es “lo humano”. Aceptar que existe un decir “políticamente correcto” es facilitar muchas cosas al imperio.

5. El reino del bien

Jesús habló de un mundo configurado por la bondad graciosa de Dios, no por el poder impositivo del emperador. Eso es bien sabido, y de ahí que los cristianos debiéramos ser, visceralmente, si se quiere, anti-imperio y pro-reino. Y en eso nos va nuestra esencia. Para terminar, sólo dos cosas de actualidad para los cristianos.

La primera la ha notado muy bien José Comblin. El imperialismo actual de Estados Unidos confronta al cristianismo con un problema, que es de siempre, pero que hoy se ha acentuado. En Asia y África, “cristianismo” ha sido sinónimo de “Occidente”, con beneméritas excepciones. Pues bien, en el mundo actual, más de mil millones de seres humanos, los pueblos musulmanes, ven en Bush, a la vez, la expresión de Occidente y la expresión del cristianismo. Con ello, la misión cristiana, no como proselitismo, sino como diálogo y fraternización, se hace muy difícil. ¿Quién les convence de que no hay que identificar las dos cosas, si el imperio, Bush y su grupo, aparecen orando al Dios de Jesús y desoyen a los cristianos que se les oponen, incluido Juan Pablo II? Mientras dure el imperio, difícil será anunciar la buena nueva de Jesús.

La segunda debiera ser más conocida, pero es ignorada, aun en medio de un mar de canonizaciones. “Si sueltas a ése no eres amigo del emperador”. Y a Jesús lo mataron porque no era amigo del imperio. Cada quien juzgará qué de bueno trajo al mundo que Jesús no fuera amigo del imperio. En América Latina han sido miles los amigos de los pobres y de Dios, no del imperio ni del César. De ellos vivimos muchos. Y ellos han escrito mejor que nadie qué es eso de espiritualidad anti-imperialista.

Categorías:Religión

Jesús resucitó

1 marzo 2007 10 comentarios

Hablar o escribir sobre religión es asunto muy delicado, sin embargo, las personas comunes y corrientes, los teólogos, los pastores y sacerdotes y las iglesias y universidades cristianas discuten sobre religión, así como lo hacen los académicos dedicados al estudio profundo de los temas bíblicos. El cristianismo se basa en la resurrección de Jesús. Precisamente por eso se habla de la vida, la pasión, la muerte y la resurrección de Jesucristo. Según la Biblia, Jesús resucitó al tercer día y su tumba se encontró vacía y es por eso que nosotros, los cristianos, repetimos que Cristo reina resucitado por los siglos de los siglos. Pero no todos los cristianos piensan de igual forma, no conciben cómo pudo el Hijo de Dios subir físicamente al cielo y perderse entre las nubes cuarenta días después de haber sido crucificado. Estos son los cristianos de poca fe… tienen muchas dudas y se hacen muchas preguntas. Pero son los mismos que creen en apariciones sobrenaturales, sin embargo, se les hace muy difícil creer que Cristo resucitó y subió a los cielos.

Debemos admitir que el cristianismo es sobrenatural. Creemos que Jesús caminó sobre las aguas, que sanó a los enfermos de forma milagrosa, que resucitó a Lázaro y que con saliva y polvo formó un lodillo con el que sanó a un ciego. Pero el milagro más grande de todos fue su propia resurrección. Si dejamos de creer en que Jesús resucitó dejando tras de sí una tumba vacía entonces no podemos llamarnos en verdad cristianos. Ya he señalado que muchos que se consideran cristianos, sean católicos o protestantes, están llenos de dudas y preguntas. Otros dudan hasta de la existencia de Dios y los ateos de plano no creen en Dios. Para ellos la vida es una, la vida es esta en que vivimos, no existen el infierno ni el paraíso… para ellos aquí empieza y termina todo.

Muchos cristianos se preguntan por qué Dios permite las grandes tragedias, las injusticias, las guerras, la escasez y la pobreza. Los religiosos suelen responder que todas las catástrofes son obras del diablo pues hay que recordar que el diablo es poderoso. Entonces los cristianos no quedan satisfechos con la respuesta que han recibido del pastor o del sacerdote pues dicen que si el diablo es poderoso Dios es Todopoderoso y, siendo así, podría evitar las catástrofes provocadas por el diablo. En muchas ocasiones los religiosos no saben cómo responder a ese argumento, cuando deberían de responderlo y respaldarlo con hechos. Las iglesias cristianas, sean católicas, protestantes u ortodoxas, no están respondiendo a las preguntas de los fieles que dudan… las iglesias han asumido una actitud demasiado tímida y cautelosa y dicha actitud confunde más a aquellos que dudan. La fe del verdadero cristiano deberá ser firme y su lema deberá ser “Yo creo”. El ateo, por otro lado, dice “Yo creo que Dios no existe,” y nadie lo convence a creer lo contrario, sin embargo, a los cristianos cualquier cosa los hace dudar, hasta una película como “El Código da Vinci”. Después de leer el libro y ver la película andan por ahí muchos cristianos convencidos de que Jesús tiene descendientes en Francia.

Ahora ha surgido otro caso insólito. Se ha anunciado que la tumba perdida de Jesús ha sido encontrada y que en el osario se han visto las osamentas de Jesús, de José, de la Virgen María, de María Magdalena, Matías, Jofa (hermano de Jesús) y Judas, hijo de Jesús. El cineasta canadiense James Cameron ha realizado un documental sobre el hallazgo de las osamentas y nuevamente el cristianismo se tambalea. En el caso del libro “El Código da Vinci” su autor Dan Brown fue claro al expresar que se trataba de una obra de ficción, sin embargo, esto no ocurre con el hallazgo de la supuesta tumba perdida de Jesús. Los huesos encontrados han sido analizados por antropólogos y académicos. Supuestamente se harán análisis de ADN de las antiquísimas osamentas, algo que nos parece insólito e inconcebible. El Vaticano ha rechazado la existencia de la tumba que, supuestamente, guarda los restos de Jesús, y el arqueólogo israelí Amos Kloner, experto que analizó la cueva cuando fue descubierta hace más de 25 años, rechaza la teoría que contradice los cimientos de la fe cristiana. Kloner no cree que Jesús fue enterrado en esa cueva y agrega que en la época de Jesús los nombres inscritos en los ataúdes eran muy comunes en todas las familias judías. No obstante, la noticia ha llenado de más dudas a los que ya dudaban. Si llegase a comprobarse que las osamentas encontradas pertenecen a Jesús, a sus padres, a María Magdalena, a su hermano y a su hijo, el cristianismo se vendría abajo estrepitosamente. Pero antes de llegar a cualquier conclusión debe verse primeramente el documental y luego analizar lo que nos presenta. Aunque ya dijimos al inicio de esta columna que todo aquel verdadero cristiano nunca perderá la fe. Con todo lo que está sucediendo el cristianismo se tambalea peligrosamente y las iglesias y los líderes espirituales deberán actuar vigorosamente dejando por un lado la timidez. El cristianismo está bajo ataque y debemos salir en su defensa.

Billy Peña Billy Peña

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¿Quién es el esclavo en América?

16 enero 2007 2 comentarios

 

 

Rómulo Emiliani

Esclavo es todo aquél que se arrodilla ante lo que tiene poder y vende o alquila su alma por miedo, por conveniencia o por placer, dejando atrás todo pensamiento suyo que inspire libertad y dignidad.

Esclavo es la persona que ante la libertad que emerge serena y luminosa en el horizonte y que lo invita a entregarse al Bien, escoge la seguridad de las cadenas que le proporcionan “pan permanente” en medio de la oscuridad que lo ciega.

Esclavo o esclava es la persona que cínicamente se puso de parte del que más fuerza tenía en el momento, para ampararse a la sombra de ése y dejarse llevar por el criterio del que vence y convertirse en “peón” de mala muerte, servil de ocasión, pero que sabe escaparse en su momento, cuando el amo pierde terreno al venir otro más fuerte.

Esclavo es aquél que ya tiene sus tobillos y muñecas amoldados a las cadenas que lo sujetan y que cambia de dueño según la ocasión; cómodamente vive su existencia arrastrado por el movimiento de otra mente que lo domine mientras tenga lleno el vientre.

Es esclavo o esclava quien pone su mesa en el mercado de venta de conciencias y exhibe sus prendas ya muy usadas y que son: las mentiras bien dichas, la táctica de disimular lo que no tiene que verse, espaldas bien anchas para volverlas contra el sol de la justicia y quedar mirando al valle tenebroso de la omisión y de la muerte.

Son los esclavos y esclavas los que renunciaron a ser ellos, a valerse por sí mismos, a juzgar por sus criterios, a sembrarse en la tierra y florecer con su originalidad y dar en el ambiente su propia flor y fruto que permanece.

Prefirieron ser copias de segunda del modelo que otros impusieron y se añadieron al museo de estatuas de escayola, que pareciera que pensaran y amaran, pero que nada más son poses que impresionan, pero sin corazón y sin ideales que los muevan.

Da pena ver tantos esclavos en la América que como continente tiene que liberarse de tanta infamia que por siglos nos ha consumido haciéndonos un mundo de tercera.

¡No nacimos para ser esclavos!

Pero ahí van en el desfile de cadenas que arrastradas por las anchas avenidas de la comedia que parece vida, muchos hombres y mujeres que ocupando lugares de solera han dejado más hambre, más guerras y soledades en el mundo nuevo que ya existía antes que Colón viniera.

Abogados y curas, doctores y generales, políticos y comerciantes, que no pensaron más que enriquecerse a costa del pobre que creyó en sus “dignidades”.

Líderes populares que surgieron al calor del sueño mesiánico de los que siempre esperan que “alguien” los saque de la miseria, quedaron enlodados en la trampa por la plata olvidando su cuna pobre y el voto de los desposeídos que los llevaron al poder.

América sigue siendo burlada por la palabrería hueca, sonora y plena de promesas de fatuos oradores que surgen por doquier presentando la oferta definitiva, la que dicen que al fin lograrán lo que nadie ha hecho.

Nacimos y fuimos creados para ser libres y remontar el vuelo como un águila que abre las alas y no se detiene hasta alcanzar las cumbres de la montaña.

Amantes de la verdad y la bondad, con la fe puesta en el Señor y abriendo nuestra vida como cofre generoso que esparce su riqueza de cualidades y energía, trabajo y dedicación, somos los llamados a renovar y reconstruir el mundo americano roto por tanta desidia y maldad. No somos pocos.

Los hay de todas profesiones y abundan en nuestra religión, contando con las otras, también campesinos y obreros, madres de familia y estudiantes, mucho pueblo que ama la libertad, siguen el Espíritu de Jesucristo e intentan cada cual con sus carismas reconstruir nuestro mundo americano.

Es cuestión de mantener el espíritu de valentía, sin dejarnos apresar por nuestras ambiciones y cobardía, dejando que la mente analice con criterio propio y profundidad, adoptando la postura firme que luche por un nuevo mundo en América sin claudicar y sin bajar la cabeza ante ninguno que pretenda hacerse dueño nuestro.

Somos de Cristo y Él es de Dios Padre y en Él somos recapitulados para formar el Reino nuevo donde no habrá más llanto ni dolor y veremos cara a cara a Dios nuestro Señor y Salvador.

Nacimos para ser libres y defender el Bien y extender la Cultura de la Vida por todo el vasto continente de la América. Solamente podremos ser libres si Dios está con nosotros, porque con Él somos invencibles.