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¿Cuando comenzará la Gran Guerra?

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La multinacional FARC

Había más agitación que de costumbre en el campamento guerrillero. “Raúl Reyes”, número dos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), ejercía con evidente placer el papel de anfitrión ante sus invitados, chilenos y mexicanos que habían llegado hasta ese apartado rincón de la selva ecuatoriana para rendirle pleitesía.

Acababan de asistir al II Congreso de la Coordinadora Continental Bolivariana, celebrado en Quito a finales del pasado febrero. Después de una sobredosis teórica de socialismo del siglo XXI, nada mejor que unas jornadas de emociones fuertes y fraternal esparcimiento revolucionario. Arrobados, los militantes urbanos de apoyo a las FARC se vistieron con uniformes de camufle y se hicieron fotos con “Reyes”, que se colgó para la ocasión el fusil al hombro. “Era como sacarse una foto con El Ché”, comentó el chileno Manuel Olate.

Los visitantes habían viajado en autobús desde Quito hacia el norte de Ecuador, hasta un punto donde los esperaba un “enlace”. Luego, habían recorrido en lancha un corto tramo del Putumayo, cuyos meandros rojizos marcan la frontera con Colombia. El campamento de “Raúl Reyes” estaba a 1.8 kilómetros del río en suelo ecuatoriano, pero el grupo dio un gran rodeo por la selva con el objetivo de desorientar a los invitados y sortear los campos de minas quiebrapatas que la guerrilla siembra con fruición en los territorios donde tiene presencia.

El campamento estaba muy bien organizado. Varias carpas acogían la cocina con su refrigerador, una aula y los dormitorios. Unos caminos de troncos impedían que las permanentes lluvias tropicales transformaran el lugar en un lodazal imposible. Los guerrilleros veían televisión por satélite gracias a una antena parabólica. Una radio les traía los ritmos envolventes del vallenato.

Más allá de su papel de relaciones públicas, “Reyes”, de 59 años, era el conductor ejecutivo de las FARC. De baja estatura, barba canosa y gruesas gafas, sus modales afables escondían a uno de los dirigentes más duros. Por sus métodos brutales, incluidas las matanzas de población civil y los secuestros, la guerrilla más antigua de América Latina, que llevaba 44 años tomando el poder por la vía armada, había terminado por engrosar las listas de organizaciones terroristas de Estados Unidos y la Unión Europea. Pero “Reyes” se sentía tranquilo en suelo ecuatoriano. No en vano se había reunido con el mismísimo Ministro del Interior, Gustavo Larrea, que mostraba la mejor disposición para colaborar.

Esa noche del 29 de febrero los guerrilleros y los cinco mexicanos que quedaban en el campamento cenaron arroz, frijoles, plátanos fritos, jugo de panela y café. Tras charlar un rato, se acostaron muy temprano. “Raúl Reyes” se quedó revisando sus correos electrónicos. La fiel Eliana le había descifrado y copiado en una memoria USB los últimos mensajes recibidos de la central de comunicaciones de la guerrilla, ubicada en Caracas. El día anterior había enviado un balance de dos cuartillas a sus seis “camaradas del Secretariado”, el máximo órgano de dirección de la guerrilla. En él celebraba el “éxito (de) la liberación unilateral” de seis de los rehenes en poder de las FARC y se quejaba de la actitud “grosera y provocadora” de otra secuestrada, Ingrid Betancourt. Hacía también una síntesis de la reunión mantenida con un “emisario” del presidente ecuatoriano Rafael Correa, con el que había hablado de organizar un encuentro en Quito para estrechar relaciones.

A esa misma hora, en Bogotá, las luces seguían encendidas en el Ministerio de Defensa. La junta de Operaciones Especiales, que coordina las actividades secretas de la Policía y el Ejército, llevaba atrincherada todo el día. El general Freddy Padilla, comandante de las Fuerzas Militares, de Colombia y el director de la Policía Nacional, Óscar Naranjo, contenían los nervios. El presidente Álvaro Uribe, de viaje en Medellín, no se separaba del celular. La información era muy precisa; las condiciones climatológicas, propicias. No podían perder la oportunidad. A medianoche, cinco aviones Súper Tucano despegaron de su base de Villavicencio, al sur de Bogotá. La Operación Fénix estaba en marcha.

Todo el mundo duerme en el campamento, salvo la guardia. El ataque llega de donde nadie lo espera, desde el cielo, y en formas de bombas de gran precisión. En unos segundos el lugar se transforma en un infierno. Veintiséis guerrilleros e invitados caen muertos. De los mexicanos, sólo una mujer sobrevive. Cuatro helicópteros Black Hawk llegan con tropa de élite y policías judiciales colombianos, que se abren paso hasta el campamento con visores nocturnos y una cámara de vídeo. Entre los escombros encuentran un cadáver de un hombre con barba y gruesa barriga. Vista calzones y una camiseta con el retrato de “Tirofijo”, el máximo líder de las FARC. Objetivo logrado.

Los comandos colombianos filman el registro. En medio de la oscuridad la cámara enfoca unos maletines metálicos debajo de una mesa. Al abrirlos descubren tres ordenadores portátiles Toshiba Satellite intactos. Hay además dos discos duros externos y tres memorias USB. Con la luz del día los helicópteros despegan rumbo al norte con el cadáver de “Reyes” y ese botín inesperado, en el que el número dos de las FARC guardaba todos los secretos de su organización.

Euforia en Colombia, pese a las crisis diplomáticas que se avecinan por la violación flagrante de la soberanía ecuatoriana. La Operación Fénix es el golpe más devastador que han recibido las FARC en sus cuatro décadas de existencia, no sólo por la muerte de su número dos sino porque ha puesto en manos del enemigo una verdadera mina de información sobre su funcionamiento interno, sus códigos secretos, sus estructuras internacionales y sus negocios de armas y drogas. Es, también, el preámbulo de un marzo negro para la guerrilla.

A los cinco días del ataque, otro miembro de la cúpula, Iván Ríos, es asesinado por su propia escolta a cambio de una jugosa recompensa del Gobierno. El 26 de marzo muere Pedro Antonio Marín, más conocido como Manuel Marulanda o “Tirofijo”, a la edad de 78 años. La guerrilla intenta ocultarlo, pero al cabo de dos meses el Gobierno destapa la noticia. Las FARC aseguran entonces que su líder ha fallecido “de un infarto cardíaco, en brazos de su compañera y rodeado de su guardia personal”. El Ministro de Defensa insiste en que Marulanda ha sucumbido a las heridas causadas por un bombardeo del Ejéricto. Es una manera de hacer saber a la “guerrillerada” que la fuerza pública puede golpearla en cualquier parte del territorio nacional. La advertencia puede tomarse como un incentivo para que se desmovilicen, como ya lo han hecho diez mil de los casi veinte mil combatientes que tuvieron las FARC en su apogeo, en 2002.

En menos de un mes la guerrilla más poderosa de todos los tiempos en América Latina ha perdido a su jefe máximo y a dos de sus principales dirigentes, casi la mitad de su Secretariado de siete miembros. A esos golpes hay que agregar la captura o rendición de varios mandos medios, como la temible “Karina”, la única mujer que encabezaba un frente militar. Desmoralizados, unos doscientos guerrilleros se acogen cada mes a los programas de reinserción.

El presidente Uribe atribuye esos éxitos a su política de “Seguridad democrática”, puesta en marcha al inicio de su primer mandato, en 2002. Entonces, la guerrilla tenía en jaque a la sociedad colombiana y rodeaba Bogotá. Uribe prometió que el Estado recuperaría el control territorial con un despliegue masivo del Ejército y programas sociales. En seis años las autoridades han logrado arrinconar a los rebeldes en las esquinas del país, cerca de las fronteras con Venezuela y Ecuador. La mejora de la seguridad ha tenido efectos contundentes en el campo económico. Pese a la tragedia de los millones de desplazados por el conflicto, que viven en la miseria, hoy Colombia encabeza las estadísticas de crecimiento de América Latina (7.4 por ciento en 2007, dos puntos por encima de la media continental) y la popularidad del presidente roza el 90 por ciento.

En medio del optimismo, los archivos de las FARC traen consigo sombras de preocupación. Porque esos documentos revelan que la guerrilla no parece estar en sus últimos estertores, “en el fin del fin”, como le gusta decir al jefe del Ejército colombiano, el general Padilla. Pese a sus métodos criminales y a su etiqueta de organización terrorista, las FARC cuentan con una red de complicidades internacionales de dimensiones insospechadas. Colombia está ganando las batallas internas contra las FARC pero está perdiendo, sin saberlo, la guerra internacional.

En la Dirección de Inteligencia de la Policía colombiana (Dipol), doce expertos del gabinete forense y cincuenta analistas trabajan a destajo. Las computadoras de “Raúl Reyes” son el sueño de cualquier servicio secreto. No es la primera vez que las autoridades colombianas se incautan de material informático valioso, tanto de las FARC como de las organizaciones paramilitares y los cárteles de la droga. Sin embargo, nunca se había dado un hallazgo de tal trascendencia. Por su ubicación estratégica en el sistema de comunicaciones y, también, por su carácter metódico y su personalidad un tanto exhibicionista (hay docenas de fotos donde posa con las visitas), “Raúl Reyes” centralizaba toda la información del Secretariado.

Los casi 17,000 ficheros y más de 37,000 documentos almacenados constituyen un catálogo detallado de las actividades clandestinas de la guerrilla, desde las actas de debates ideológicos y sus contactos políticos hasta los pormenores de sus ventas de cocaína, compra de armas y nombres reales de sus cuadros infiltrados en Colombia y otros países.

A petición del presidente Uribe, Interpol hizo un análisis forense del material informático encontrado. Después de una revisión exhaustiva de los discos duros, que tomó más de dos meses y fue realizada fuera de Colombia, los expertos internacionales llegaron a la conclusión de que los documentos electrónicos no habían sido alterados. El informe señala que los policías colombianos habían dejado huellas en los “archivos del sistema” sólo por el hecho de encender los ordenadores, pero que “los archivos del usuario jamás se modificaron y eso indica que nada fue introducido o borrado entre el día del ataque hasta la entrega a Interpol”. No sólo eso: el organismo internacional asegura que se preservó en todo momento la cadena de custodia, lo que da a esos documentos validez como prueba en un eventual proceso judicial.

A nadie se le ocurre poner en duda un dictamen técnico de la mayor organización de policía del mundo cuando se pronuncia sobre los casos criminales en los que interviene, siempre a petición de uno de los 186 Estados miembros. Sin embargo, los sectores afines al chavismo y al movimiento bolivariano, en América y Europa, han cerrado filas en su intento de descalificar el contenido de los ordenadores o, incluso, de negar su existencia. Ninguna computadora habría resistido un bombardeo de esa intensidad, reiteran en internet. Hablan del Toshiba “mágico” o “milagroso” y denuncian la “patraña” montada por la CIA y los servicios secretos colombianos. No es inusual que un portátil sobreviva a un bombardeo. En todo caso olvidan, convenientemente, que los ordenadores estaban protegidos en maletas metálicas Pelikan, a prueba de golpes e incendios, y que la onda expansiva no arrasó con todo. En los vídeos de la Policía, unas gallinas corretean junto a un refrigerador y una antena parabólica intactos, de la misma forma que varios guerrilleros resultan ilesos.

La mejor prueba de que los ordenadores estaban ahí, sin embargo, la han facilitado los propios huéspedes de “Raúl Reyes”. “Nosotros descargamos las fotos que hicimos en un computador que se nos facilitó, el cual no podíamos sospechar que después iba a ser incautado tras un bombardeo”, reconoció el chileno Manuel Olate. Son las mismas fotos que el gobierno colombiano sacó a luz en cuanto tuvo acceso a los aparatos, cuyos números de serie, por cierto, fueron filmados cuidadosamente por la Policía colombiana en el momento de su hallazgo.

“No quiero dejarnos en mal lugar pero, con base en lo que he leído, he concluido que la inteligencia en poder del Estado respecto a las FARC es del 20 por ciento. El 80 por ciento es nuevo para nosotros”, explica el general Oscar Naranjo, director general de la Policía.

“Las FARC hablan constantemente del Plan Estratégico, que es la hoja de ruta para tomar el poder”, añade. Ellos no conciben la toma abrupta del poder central, sino desde abajo hacia arriba. Buscan generar vacíos de poder a nivel local, en una guerra de posiciones, y ejercer un control territorial progresivo en los municipios. Es muy curioso: no les importa nada la opinión pública ni la política, pero tienen mucho instinto político.

Sin embargo, lo más desconcertante es la “gran capacidad de operación internacional que esa guerrilla, a pesar de origen campesino, ha desarrollado”, precisa un jefe de los analistas de inteligencia, rodeado de docenas de gruesas carpetas blancas con anillas donde se van archivando por temas los documentos extraídos de los ordenadores de “Raúl Reyes”. En lugar de enfrentarse a la poderosa maquinaria militar del Estado, que recibe apoyo financiero y tecnológico de Washington, las FARC eluden el combate en el terreno y han “desarrollado una “diplomacia paralela” para generar campañas internacionales de desprestigio contra el Gobierno y obligarlo así a desistir de su firmeza”.

Las computadoras han destapado un fascinante –y preocupante– “quién es quién” de complicidades y confirman que esta organización es una mezcla de internacional revolucionaria y de cártel mafioso, que cuenta con el apoyo no sólo de organizaciones políticas, sindicales o estudiantiles de la izquierda radical, sino de gobiernos vecinos.

“Eso les ha dado mucho oxígeno”, agrega el experto de los servicios secretos. “Una guerrilla totalmente desprestigiada en su país recibe a los dirigentes de los partidos comunistas latinoamericanos, pero también a emisarios de los presidentes de Ecuador, Nicaragua, Venezuela, con los que establecen “relaciones oficiales político-diplomáticas”. “Antes de tener los ordenadores sabíamos que había una convergencia ideológica entre las FARC y Hugo Chávez. Ahora descubrimos que también hay una alianza operativa monstruosa”.

De la lectura de los cientos de páginas que hemos consultado, se deduce que las FARC han construido una red transnacional de poder, con sus “ministros” y sus “embajadas” esparcidos en varios países de América Latina y Europa. Esa red tiene cinco anillos. El “gobierno” central y su ejército están en las montañas de Colombia, bajo el mando de Manuel Marulanda (ahora Alfonso Cano, el ideólogo) y del “ministro” de la guerra Jorge Briceño, más conocido como “Mono Jojoy”. Ambos manejan el “negocio” de los secuestros “políticos”. En Colombia está también el “Ministro” de Hacienda, que cobra el impuesto “revolucionario” sobre una gran parte de la producción nacional de pasta de coca y de amapola, su principal fuente de ingreso junto a los secuestros y las “vacunas” (extorsiones a los ganaderos y comerciantes).

El segundo y tercer anillos se encuentran en Venezuela y Ecuador, donde la guerrilla dispone de una infraestructura muy desarrollada. Están en Caracas la central de comunicaciones y el “Ministro” de Cooperación y Comercio Exterior, Iván Márquez, que tiene contacto directo con Hugo Chávez y su entorno. El cuarto anillo de esa red se reparte en el resto del continente. El grado de penetración depende de la complicidad de las autoridades locales: alta con los gobiernos de Nicaragua, Bolivia y Cuba; conflictiva con un sector del partido en el poder en Brasil; e inexistentes en países como México, donde las FARC tienen sus franquicias en las organizaciones de la izquierda radical. Y el quinto anillo lo constituye la Comisión Internacional, la Cominter, conformada por “embajadores” de la guerrilla en quince países de América Latina y Europa, algunos clandestinos y otros con un estatus casi diplomático.

En las comunicaciones internas, los siete miembros del Secretariado usan siempre sus nombres de guerra: Marulanda (o JE, por ejemplo), “Reyes”, “Cano”, Jorge Briceño (“Mono Jojoy”), “Márquez”, “Timochenko” y “Ríos”.

Dejemos ahora que hablen los archivos de “Raúl Reyes”.

1. El primer anillo: Colombia

Los textos firmados por el fundador y entonces líder máximo de las FARC, Manuel Marulanda, rezuman un cinismo que contrasta con la imagen del campesino astuto que los acompañó toda la vida. En un correo del 22 de junio de 2007, JE propone a sus “camaradas del Secretariado” un plan para negar la responsabilidad del asesinato de once diputados, cometido cuatro días antes por una columna de las FARC al mando de “Alfonso Cano”, que los había mantenido secuestrados durante más de cinco años. “Los hechos son los hechos, (pero busquemos) una salida más comprensible para el público y familiares”, escribe Marulanda, que sugiere sostener “la versión de una fuerza desconocida que asaltó el campamento. (Así) saldremos bien librados”. Y eso fue efectivamente lo que pasó.

No era la primera vez que las FARC actuaban de esa manera. Un correo del 13 de febrero de 2003 describe una estrategia similar en el caso del atentado con cochebomba que provocó, una semana antes, la muerte de 36 personas en el exclusivo club El Nogal en Bogotá. Escribe “Raúl Reyes” a sus colegas del Secretariado. “Va mi saludo comunista. (…) Considero pertinente estudiar de nuestra parte la conveniencia política de negar responsabilidades en la formidable acción sobre El Nogal, para crearles al Estado, al gobierno y a los gringos mayores contradicciones internas aprovechando que los servicios de inteligencia no han sido capaces de detener a nadie ni poseen otras pruebas contra las FARC.”

“Mono Jojoy”, protegido de Marulanda y “ministro de la guerra”, no era finalmente el más despiadado de los altos mandos de las FARC. El más tosco, sí. “Hemos hecho en un mes 18 concejos de guerra (sic) a personal que resultó infiltrado dentro de las unidades. (…) Todos salieron fusilados”, escribe el 21 de agosto de 2007. Entre masacres de civiles y ejecuciones de traidores, los mandos de las FARC encuentran tiempo para bajar nombres para un gobierno provisional y, también, para hablar de sus problemas de salud. “Cada vez estoy más limitado físicamente por irresponsable con la comida, en los últimos meses he estado bajo control permanente de un diabético y mis horas de trabajo son menos, los medicamentos son hacer conciencia de los males que tengo, meter voluntad y someterme a las putas dietas alimenticias”, cuenta “Mono Jojoy” pocas líneas después de anunciar los fusilamientos.

2. El segundo anillo: Venezuela

Iván Márquez es el encargado de los contactos políticos con Venezuela, pero también de la exportación de la cocaína y la importación de armas a través de los puertos de ese país. Dirige el Bloque Caribe, la más golpeada de las siete regiones militares de la guerrilla en Colombia. Algunos de sus campamentos y una escuela de entrenamiento están en territorio venezolano.

La relación de las FARC con el país vecino –2,200 kilómetros de frontera en común– siempre ha existido, pero nunca con la cordialidad y complicidad que tomó a partir de la llegada de Hugo Chávez al poder. “Nuestra relación política con usted y buena parte del actual Gobierno de Venezuela cuenta ya con ocho años de vida y cada vez se hacen más evidentes las coincidencias”, le escribe “Raúl Reyes” el 16 de marzo de 2000.

Un documento no firmado, del 2 de noviembre del 2000, dirigido a los “camaradas del Secretariado”, describe el primer encuentro entre Chávez y un alto mando de las FARC. Ocurrió en la cumbre de la OPEP en Caracas, a finales de octubre de 2000. “Realizamos dos largas conversaciones con el Presidente, persona muy amigable, admirador de las FARC y en particular de Marulanda. (…) Al plantearle el tipo de armas que necesitamos y los dólares para comprarlas expresa que se pone al frente de la obra (…) y una vez estemos en el Gobierno se habla del pago. Tiene buena relación con Putin, el Presidente ruso, dice que por esa vía busca alguna opción”.

Las armas tardaron en llegar pero llegaron, como lo confirman dos correos de enero de 2007en los que “Iván Márquez” cuenta sus entrevistas con el general Hugo Carvajal (jefe de la Inteligencia Militar venezolana). “Los aparatos que hemos recibido son cohetes antitanque de 85mm, dos tubos y 21 cargas. (…) Nos dice que tienen más de 1,000 cargas y que próximamente nos hará llegar otras más, así como algunos tubos. (…) De nuevo se planteó la posibilidad de aprovechar las compras de armas de Venezuela a Rusia para incluir unos contenedores con destino a las FARC”. Asediadas por la aviación colombiana, las FARC necesitan misiles antiaéreos. “Dicen que es muy complicado conseguirlos en el mercado, por los controles que existen. Están dispuestos a ayudarnos para conseguir todas las piezas para construirlos”. Varios correos señalan otros contactos realizados a través de Venezuela para comprar esos cohetes a unos traficantes australianos y a los servicios secretos de Bielorrusia.

Mientras las FARC buscan sus misiles, Chávez derrocha más de cuatro mil millones de dólares entre 2005 y 2007 en la compra de armamento a su amigo Putin: aviones, helicópteros y cien mil rifles Kalashnikov. ¿Para qué necesita Venezuela tantos fusiles, precisamente de los que usan las FARC, el AK de calibre 7.62? Manuel Marulanda ofrece una respuesta en un correo del 11 de enero de 2007: “Se trata de crear un gran ejército revolucionario con el apoyo de las masas para poder derrocar el capitalismo e instalar el socialismo”.

La alianza con las FARC tiene dos ventajas para el proyecto geopolítico de Chávez: la guerrilla en un referente ideológico para afianzar su liderazgo en el continente y, además, actúa como una quinta columna para debilitar al Estado colombiano. Incluso las FARC y Caracas tienen una candidata común, la senadora Piedad Córdoba, para las elecciones presidenciales de 2010 en Colombia: “Es la candidata de Chávez y podría serlo de nosotros”, escribe “Iván Márquez” al Secretariado el 12 de noviembre de 2007. A cambio Chávez pone la plata, que le sobra a raíz de la brutal subida del precio del petróleo. El asunto del dinero toma mucha fuerza en los correos a partir de enero de 2007. Las FARC solicitan a Chávez un “préstamo de 250 millones de dólares” para comprar armamento. El 6 de octubre “Iván Márquez” da una buena noticia a sus camaradas: el Ministro del Interior, Rodríguez Chacín, le ha dicho que “lo que se viene no es préstamo, sino solidaridad”.

El 12 de noviembre “Iván” resume dos reuniones que acaba de tener con Chávez. Está eufórico. El Presidente “aprobó totalmente y sin pestañear la solicitud” de apoyo financiero. Chávez pide, a cambio, que las FARC le ayuden con la “prueba de supervivencia” de Ingrid Betancourt y de los otros secuestrados antes de salir rumbo a Francia, donde se reunirá con el presidente Nicolas Sarkozy. “Nos necesitamos mutuamente”, escribe “Iván”; esas pruebas “impactarán positivamente en el crucial referendo previsto para el 2 de diciembre en Venezuela”. Chávez pide también una entrevista con Marulanda para buscar una solución al problema de los rehenes. “Quiere una foto con Marulanda”, agrega “Iván”. “El encuentro le dará a Chávez y a las FARC una proyección continental y mundial”. La empatía es total. “Tenemos amistad por lo menos con cinco generales”, se entusiasma el camarada “Iván”. Y termina con esta bravuconada del Presidente: “Chávez dio a entender que ayudarían sin importar que se diera una situación de confrontación”.

3. El tercer anillo: Ecuador

Con la anuencia de Quito, “Raúl Reyes” tenía su despacho de “canciller” en uno de los numerosos campamentos de las FARC pegados a la frontera con Colombia. Ahí “Reyes” recibía a un sinfín de emisarios de todo el mundo; además, en suelo ecuatoriano las FARC tenían, y siguen teniendo, “cocinas” y “cristalizaderos” para fabricar la pasta base y la cocaína a partir de las hojas cosechadas en la zona fronteriza.

Una carta del 21 de noviembre de 2006 desglosa los aportes de los siete bloques regionales de las FARC a la campaña electoral de Rafael Correa, que ganaría la Presidencia cinco días después. “De los 100 mil dólares aportados a la campaña de Correa, el Bloque Oriental donó 50 mil y el Sur 20 mil. Quedan 30 mil para los restantes cinco Bloques”. En otros correos el Secretariado había justificado esa ayuda a Correa por su buena disposición a reconocer a las FARC “como fuerza beligerante”.

Diez días antes de la toma de posesión de Correa (15 de enero de 2007), “Raúl Reyes” anuncia a Marulanda una “nueva entrevista con el coronel Brito, emisario de Rafael Correa. La idea es ajustar las comunicaciones con este Gobierno, coordinar los intercambios siguientes y buscar acuerdos de la colaboración”.

De paso, “Reyes” informa que “se capturó una infiltrada del Ejército (…) que tenía dos microchips, uno debajo de un seno y el otro debajo de la calza de una muela. (…) Ayer la echaron al hueco luego de (…) efectuarle el consejo de guerra”.

En un informe de doce páginas, del 2 de septiembre de 2003, el “canciller” de la guerrilla da cuenta de su actividad frenética. Ha recibido a un ex candidato conservador a la Presidencia de Colombia (Álvaro Leyva), a un parlamentario brasileño, a dos delegados de Hugo Chávez, a un representantes del Vaticano, a un funcionario de la ONU y al general ecuatoriano René Vargas, a quien el presidente Correa nombraría más adelante embajador en Venezuela. Llegó también el diputado Felipe Quispe en nombre de los indígenas de Bolivia: “Solicita cursos militares de tres a seis meses para 10 ó 20 compañeros”.

A los dos parlamentarios del FMLN salvadoreño, “los compañeros Héctor y Román”, que lo visitan para pedirle una ayuda financiera para la campaña electoral de su país, “Reyes” les propone montar un secuestro en común en Panamá “sobre un objetivo económico de 10 ó 20 millones de dólares (…) y partir las utilidades en partes iguales”. Más adelante, en el mismo informe el “canciller” escribe que los paraguayos del partido Patria Libre tienen a disposición de las FARC “300,000 dólares (…) de un rescate en trabajo conjunto”.

Entre dos visitas queda tiempo para la venta de drogas y la compra de armas. “Seguimos conversando con emisarios de los interesados en la maracachafa (cocaína)”, escribe “Reyes” el 13 de febrero de 2007 a Marulanda. Como lo indica un correo firmado por uno de sus subordinados, llegan a un acuerdo: “Tengo que entregar 700 kilos de cristal (y) recibir la plata en Quito, es un millón y medio de dólares. (…) También cuadré para recibir unos fusiles”.

4. El cuarto anillo: México y los demás

En Nicaragua el propio presidente Daniel Ortega apoya abiertamente la guerrilla colombiana, y en secreto, le envía armas (“unas caucheras viejitas que tenía guardadas por ahí”, según un correo del 9 de febrero de 2008). En Brasil, el sector más radical del Partido de los Trabajadores (PT, en el poder) protege las delegaciones clandestinas de las FARC, pero el presidente Lula da Silva quiere sacarlos del Foro de Sao Paulo, la gran alianza de la izquierda latinoamericana. En Bolivia, las FARC simpatizan con el gobierno de Evo Morales y han dado asesoría militar a varias organizaciones radicales. Con Cuba las relaciones son complicadas y agridulces, porque La Habana protege a otra guerrilla colombiana, la del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Sin embargo, las FARC tienen en la isla una estructura “diplomática” y disfrutan de la solidaridad internacionalista, que incluye la hospitalización de los guerrilleros heridos o enfermos, las becas para los hijos o el suministro de “documentación alterna” (papeles falsos). No hay un solo país del continente donde las FARC no tengan gente, ya sea para los contactos políticos o sus actividades criminales. México siempre fue estratégico para todas las guerrillas del continente. Los sandinistas nicaragüenses, el FMLN salvadoreño, los guatemaltecos de la URNG, los chilenos, los argentinos, todos estaban en México en los años ochenta y noventa. Y, claro, las FARC también tenían una oficina de representación y el visto bueno del PRI. El 2 de noviembre de 2000 “Raúl Reyes” recibió un correo sin firma que buscaba tranquilizarlo a raíz de la derrota electoral del PRI. Nada cambiaría con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia, “porque es política de Estado mantener puertas abiertas a las fuerzas políticas extranjeras, mientras internamente dan garrote a sus conciudadanos”.

Pero las puertas se le cierran a las FARC en 2002, cuando la Unión Europea y Estados Unidos las incluyen en la lista de organizaciones terroristas. “Reyes” diseña la contraofensiva, cuyo eje son dos células clandestinas: la Ricardo Flores Magón, a cuyo frente está el voluntarioso Fermín, y la Lucio Cabañas, dirigida por la más dispersa Aleida.

Las células utilizan cuatro organizaciones “legales” que le facilitan la recaudación y la propaganda: el Núcleo Mexicano de Apoyo a las FARC, en Movimiento Mexicano de Solidaridad con las Luchas del Pueblo Colombiano, la Coordinadora Continental Bolivariana y el Centro de Documentación y Difusión Libertador Simón Bolívar. Este último está definido como un “proyecto político académico” con el que se pretende lograr “el reconocimiento institucional de la UNAM u otras instituciones, con la principal finalidad de hacernos de una buena cobertura y mantener los espacios ganados en la Facultad de Filosofía y Letras”.

A indicación de “Reyes”, acuden a cuanto acto se celebra en el ámbito de la izquierda radical, desde los foros contra el ALCA y el Plan Puebla Panamá hasta el Movimiento de Solidaridad con Cuba y los seminarios del Partido del Trabajo (PT). Y cuenta con el apoyo fervoroso de la Juventud Comunista y del Partido de los Comunistas de México que han visitado el campamento de “Reyes” en Ecuador en varias ocasiones.

La inteligencia colombiana sabía que uno de los objetivos de las FARC y sus patrocinadores venezolanos era la formación o consolidación de movimientos armados en Latinoamerica, bien como grupos de choque de gobiernos “alternativos”, bien para desestabilizar a gobiernos “enemigos”. El estallido de la violencia protagonizado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO) y los atentados del Ejército Popular Revolucionario (EPR) contra gaseoductos en México, el año pasado, hicieron saltar todas las alarmas. Las sospechas han quedado confirmadas con la presencia de miembros de la células de las FARC en Oaxaca. Y en los documentos de “Raúl Reyes” hay constancia de talleres y pagos a grupos de choque como el Frente Popular Francisco Villa y Los Panteras.

En los correos del 8 y 15 de diciembre de 2007 Fermín le hace saber a “Reyes” que preparan el viaje al Congreso de la Continental Bolivariana en Quito y la “posterior visita a sus campamentos”, y le pide ayuda económica para el viaje. Van cuatro miembros de las células, dos del núcleo de apoyo y Arturo, del Partido de los Comunistas. Allí acudieron, y allí les sorprendió el bombardeo de la aviación colombiana.

5. El quinto anillo: la Comisión Internacional

Los delegados de la Comisión Internacional, Cominter, destacados en unos quince países de América Latina y Europa, dependían directamente de “Raúl Reyes”. En el Viejo Continente se dedican a buscar apoyo entre grupos afines y medios de comunicación para que presionen a los gobiernos de la Unión Europea y quiten a las FARC el estigma de organización terrorista. Los más activos están en Suiza, donde gozan de un estatus casi diplomático, por ser los interlocutores del gobierno en su mediación para la liberación de los secuestrados. A través de testaferros, la Cominter ha logrado tener presencia en los países nórdicos, donde ha creado varios medios electrónicos y una agencia de prensa, Anncol. En los ordenadores de “Reyes” hay un balance exhaustivo de esas actividades y un “plan de trabajo” para “mostrar que (son) una fuerza con opción de poder real”.

Gracias a los ordenadores de “Raúl Reyes”, sabemos ahora que las FARC no son sólo una fuerza de liberación nacional o sólo una organización terrorista. Son parte de una internacional política que financia su proyecto con actividades criminales, como el narcotráfico y el secuestro de civiles, pero también con la ayuda material y logística de por lo menos tres gobiernos de América Latina. Cuba sigue siendo el “gran ejemplo”, pero Venezuela es ahora el “norte” de esa internacional, escribe uno de sus dirigentes. La Habana da el contenido ideológico mientras Caracas se encarga de la intendencia, como lo hacía Moscú en tiempos de la guerra fría. Y las FARC, con una arrogancia asombrosa, se atribuyen el papel de vanguardia de ese movimiento. Hugo Chávez y su abultada chequera son meros instrumentos de un proyecto totalitario que mezcla marxismoleninismo y bolivarianismo.

Hubo una época, a finales de los noventa, en que las FARC creyeron que estaban a punto de tomar el poder en Colombia. Con casi veinte mil combatientes y muchos milicianos la guerrilla tenía presencia en todo el país e incluso amenazaba la capital. Los bogotanos no se atrevían a tomar el coche para ir al campo los fines de semana. Las FARC ponían retenes en las carreteras y realizaban secuestros masivos, las llamadas “pescas milagrosas”. La peor parte, sin embargo, se la llevaban las zonas menos pobladas del país, donde la guerrilla campaba por sus respetos. Así ocurría en los departamentos amazónicos del sur y del oriente, donde el Estado brillaba por su ausencia y las FARC habían creado su propia administración. El Guaviare, a unos 350 kilómetros al sur de Bogotá, era quizá el lugar más emblemático de esa conquista del poder local por una organización armada. Hoy las autoridades han retomado el control de San José, la capital, y de las cuatro cabeceras municipales, pero el resto del departamento sigue en manos de las FARC. La guerrilla tiene ahí una buena parte de su producción de coca y la casi totalidad de los 39 secuestrados “políticos” que quiere canjear por 500 guerrilleros presos y a cambio de su exclusión de lista de las organizaciones terroristas.

“Aquí era territorio FARC hasta que llegó Uribe en 2002”, comenta un comerciante de San José de Guaviare, agobiado por un recorrido en honor a “Tirofijo”. La música sale de El Crespo Loco, un billar con mesa en la acera y un montón de cascos de cerveza alineados entre los pocos clientes. A pesar de la presencia abrumadora del Ejército, de la Policía y de los cuerpos antidroga, incluida la DEA estadounidense, el “Cártel de los corridos prohibidos”, en versión pirata, es uno de los CD más populares en los bares de San José. Mucho habrá cambiado en los últimos años, pero el narcotráfico sigue siendo el sustento de la economía local, como lo confirman las diez mil hectáreas dedicadas a la coca en el departamento, según cifras oficiales.

Los problemas empiezan más allá de San José, en la única carretera –setenta kilómetros sin asfaltar– construida en ese territorio selvático y despoblado, de 55 kilómetros cuadrados. Hasta hace poco el Frente Primero de las FARC, un grupo paramilitar, los Centauros, se peleaban por el control de la coca en los municipios de El Retorno y Calamar. Después de muchos muertos entre la población campesina, ambos grupos se han retirado de la zona. En lugar de coca ahora hay ganado del tipo cebú, con su joroba característica.

Más allá de Calamar, donde termina la carretera, empieza la tierra de nadie o, mejor dicho, el territorio de “César”, el jefe del Frente Primero (Recientemente capturado tras la liberación de Ingrid Betancourt). Con unos cuatrocientos hombres armados y miles de milicianos bajo su mando, Gerardo Aguilar Ramírez, alias “César”, de 45 años, reina (reinaba) sobre la inmensa zona amazónica que se extiende hasta la frontera con Brasil, al sur, y con Venezuela, al oriente. Es una selva intrincada, surcada por ríos caudalosos, que son la única vía de comunicación para los que se atreven a viajar por esos pagos. “La guerrilla tiene ahí sus pequeñas fincas ganaderas para su propia alimentación”, asegura un coronel. “Las manejan campesinos de las FARC, pero no llevan armas y no podemos hacer nada contra ellos. La coca la tienen más escondida, en pequeñas chacras. Ahí mismo fabrican la pasta base. En cualquier caso, nuestros helicópteros no tienen autonomía para llegar hasta esos lugares. Y, por tierra, nunca habrá suficientes tropas para recorrer una zona tan extensa y de muy difícil acceso”.

El principal obstáculo, sin embargo, es otro. “César” tiene en su poder a los rehenes más cotizados de la guerrilla, empezando por Ingrid Betancourt y tres estadounidenses (habría, además, 700 secuestrados “económicos”, repartidos en el resto del país). Los seis políticos colombianos que fueron liberados a principios de 2008 estaban también bajo su custodia. La cúpula de las FARC debe de haber considerado que esa región era la más adecuada para instalar su gulag tropical, donde mantiene en condiciones inhumanas a la mayoría de sus 39 “presos políticos” (18 policías, 14 militares y siete civiles). Algunos están privados de libertad desde hace once años y los últimos en llegar a ese infierno verde fueron tres contratistas del gobierno estadounidense, cuyo avión fue derribado hace cinco años. Bajo una espesa cobertura vegetal que no les permite ver el sol, los secuestrados viven encerrados y amarrados con cadenas, menos cuando los desplazan de un campamento a otro, para evitar su localización.

Además de ser un as en la manga para una eventual negociación política con el Gobierno, Ingrid Betancourt (la “joya colombo-francesa” se la llama en los correos encontrados) y sus compañeros de infortunio han sido convertidos en verdaderos escudos humanos. Los servicios secretos los tienen más o menos ubicados, pero han recibido la orden tajante de no intentar un rescate, que terminaría inevitablemente con la muerte de los secuestrados. Los rehenes son un seguro de vida para “César”, siempre y cuando sus hombres no lo traicionen, como está ocurriendo cada vez más en otros frentes de la guerrilla, donde las autoridades han comprado a varios mandos intermedios a golpe de recompensas millonarias. (Sin embargo, Ingrid Betancourt fué liberada junto a otros 14 secuestrados en una operación de inteligencia el 2 de julio pasado).

“‘César’ es un caballero y aquí ha dejado buenos recuerdos”, sostiene José, un comerciante de Calamar, que prefiere no usar su nombre verdadero. “La guerrilla administró el pueblo durante ocho años, de 1995 a 2003, y aquí había orden. La droga es el único negocio que hay aquí, y los guerrilleros eran los mejores clientes de las tiendas porque tenían mucho dinero”.

Desde que el Ejército retomó el pueblo a sangre y fuego en 2003, y lo transformó en una verdadera fortaleza, la economía ya no es tan boyante. “Los campesinos siguen trayendo la pasta base por el río Vaupés y el Unilla hasta Calamar”, explica José, “pero ya no en grandes cantidades. Es que las FARC compran una buena parte de la producción para fabricar la cocaína en los laboratorios que tienen escondidos en la selva. Luego se la llevan a Brasil, porque por ahí no hay Ejército. De aquí en adelante, la guerrilla tiene retenes en los ríos y cobra un impuesto sobre toda la mercancía que circula. La pasta de coca paga por peso; el combustible, por tambor; las gaseosas, la cerveza y los cigarros, por caja. Y te dan un vale para que no te cobren de nuevo en el retén siguiente”.

José piensa que las FARC cometieron un grave error al involucrarse directamente en el negocio de la cocaína, en lugar de limitarse a cobrar impuestos a los productores. “Esto atrajo al Gobierno, al Ejército, a los paracos (paramilitares), y mire cómo estamos ahora, peor que nunca. Los aviones fumigan los campos de coca, pero seguimos produciendo tanto como antes. No se puede arreglar el problema así y va a ser imposible sacar a la guerrilla de ahí”. Quizás, pero el objetivo de Bogotá era precisamente ese: encerrarla en la selva, cortarle los suministros procedentes de los países vecinos y quitarle toda relevancia política.

Y eso lo logró el 1 de marzo de 2008, cuando la aviación colombiana se apuntó un doble éxito: mató a un dirigente guerrillero de primera línea y dio un golpe mortal al proyecto político de las FARC y de Chávez. Todo el andamiaje se ha venido abajo por el solo hecho de haber sido puesto al descubierto. Los que actuaban al amparo de la clandestinidad para socavar las instituciones democráticas de Colombia y del continente se han quedado paralizados, al grado de que Chávez y Correa llaman ahora a las FARC a desarmarse y a entregar sus rehenes sin condiciones. Un cambio tan repentino suena a repliegue táctico. Ambos presidentes tienen elecciones dentro de poco –un referendo constitucional en Ecuador y unos comicios locales clave en Venezuela– y temen perderlas si se empecinan en apoyar a una guerrilla tan impopular. Si les va bien en las votaciones, esperarán a que pase la tormenta y no dudarán, Chávez por lo menos, en retomar su proyecto continental.

Quito y Caracas quieren que Bogotá “se olvide de las computadoras”. La respuesta ha llegado a través de un texto atribuido a un asesor del gobierno colombiano: “Lo que nos interesa es que ellos dejen de suministrarle a la guerrilla el oxígeno para prolongar su agonía. Lo importante es que Colombia les deje muy en claro de que, ante la primera evidencia de que esos apoyos continúan, estaríamos dispuestos a utilizar las pruebas de los ordenadores para denunciarlos ante el mundo e iniciar querellas en su contra ante los organismos internacionales pertinentes”. ¿Será esto suficiente para disuadir a Chávez?

Bertrand de la Grange – revista mexicana Letras Libres

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El ejército de USA considera una revisión del mapa de Oriente Próximo para conjurar una próxima crisis global

En un artículo que atrajo poca atención, publicado a comienzos de agosto en Armed Forces Journal, una revista mensual para oficiales y dirigentes de la comunidad militar de USA, el mayor en retiro anticipado Ralph Peters presenta las últimas ideas en el pensamiento estratégico de USA. Y son extremadamente inquietantes.

Limpieza étnica en todo Oriente Próximo

El mayor Peters, asignado previamente a la Oficina del Jefe Adjunto de Estado Mayor para Inteligencia con responsabilidad para guerras del futuro, describe francamente cómo debería revisarse fundamentalmente el mapa de Oriente Próximo, en un nuevo esfuerzo imperial orientado a corregir errores del pasado. “Sin semejantes revisiones importantes de las fronteras, no veremos nunca un Oriente Próximo más pacífico,” observa, y agrega arteramente: “Oh, y un pequeño secreto más de 5.000 años de historia: La limpieza étnica funciona.”

Por lo tanto, consciente de que la amplia reconfiguración de fronteras que propone involucraría necesariamente una masiva limpieza étnica y el consecuente derramamiento de sangre, tal vez en una escala genocida, insiste que a menos que sea implementada: “podemos estar seguros de que una parte de la sangre derramada en la región seguirá siendo nuestra.” Entre sus proposiciones está la necesidad de establecer “un Estado kurdo independiente” para garantizar el derecho denegado desde hace tiempo a la autodeterminación kurda. Pero detrás de los sentimientos humanitarios, el mayor Peters declara que: “Un Kurdistán libre, que se extienda desde Diyarbakir hasta Tabriz, sería el Estado más pro-occidental entre Bulgaria y Japón.”

Peters reprende a USA y a sus socios de la coalición por perder “una ocasión gloriosa” de fragmentar Iraq, que “debería haber sido dividido de inmediato en tres Estados más pequeños.” Eso dejaría a “tres provincias de mayoría suní como un Estado truncado que podría terminar por unirse con Siria que pierde su litoral a un Gran Líbano orientado hacia el Mediterráneo: Fenicia renacida.” Mientras tanto, el sur chií del antiguo Iraq “formaría la base de un Estado Árabe Chií que confinaría gran parte del Golfo Pérsico.” Jordania, amigo de USA e Israel en la región, “retendría su actual territorio, con una cierta expansión hacia el sur a costa de Arabia Saudí. Por su parte, el Estado antinatural de Arabia Saudí sufriría un desmantelamiento tan grande como Pakistán.” Irán también “perdería mucho territorio a Azerbaiján Unificado, Kurdistán Libre, el Estado Árabe Chií y Baluchistán Libre, pero obtendría las provincias alrededor de Herat en el actual Afganistán.” Aunque sería imposible implementar este vasto programa imperial, con el tiempo: “emergerán nuevas fronteras”, impulsadas por “el derramamiento de sangre inevitable que conlleva.”

En cuanto a los objetivos de este plan, el mayor Peters es igualmente franco. Aunque incluye las advertencias necesarias sobre la lucha “por la seguridad contra el terrorismo, por la perspectiva de democracia”, también menciona el tercer aspecto importante – “y por el acceso a los suministros de petróleo en una región que está destinada a los combates intestinos.”

Todo el asunto suena tan familiar que es inquietante, especialmente para los que han leído cogitaciones del antiguo funcionario del Ministerio de Exteriores israelí, Oded Yinon.

Velando por la seguridad mundial… de nuestra economía

A pesar de que trata de presentar su visión como un ejercicio de un intento de democratizar desinteresadamente Oriente Próximo, en una contribución al periódico Parameters del Instituto de Guerra del Ejército de USA hace casi una década, reconoció con un cierto júbilo que: “Ascienden aquellos de entre nosotros que son capaces de seleccionar, digerir, sintetizar, y aplicar los conocimientos relevantes – profesional, financiera, política, militar, y socialmente. Nosotros, los vencedores, somos una minoría.” Esta minoría entrará en conflicto inevitablemente con la vasta mayoría de la población del mundo: “Para las masas del mundo, devastadas por información que no pueden manejar o interpretar efectivamente, la vida es ‘desagradable, brutal… y frustrante.'” En “cada país y región”, estas masas incapaces de “comprender el nuevo mundo”, ni “aprovechar sus incertidumbres… se convertirán en enemigos violentos de sus gobiernos inadecuados, de sus vecinos más afortunados, y en última instancia de USA.” El choque que viene, por lo tanto, no tiene en realidad nada que ver con sangre, fe, etnia. Trata de la brecha entre los que tienen y los que carecen. “Entramos a un nuevo siglo usamericano”, dice, en una referencia velada al Proyecto del gobierno Bush del mismo nombre, fundado el mismo año en el que escribía. En el nuevo siglo, “llegaremos a ser aún más ricos, más letales desde el punto de vista cultural, y cada vez más poderosos. Provocaremos odios sin precedentes.”

Al predecir el camino a seguir por el ejército de USA, el mayor Peters argumenta que: “Veremos países y continentes divididos entre ricos y pobres y un trastrocamiento de las tendencias económicas del Siglo XX.” En este contexto, dice: “nosotros, en USA continuaremos siendo percibidos como ricos supremos”, y por ello: “el terrorismo será la forma más común de violencia” junto con “la criminalidad transnacional, las luchas civiles, las secesiones, conflictos fronterizos, y guerras convencionales.” Mientras tanto: “en defensa de sus intereses.” USA “tendrá que intervenir en algunas de estas confrontaciones.” Y luego, lo resume todo en un párrafo compacto:

“No habrá paz. En cualquier momento dado durante el resto de nuestras vidas, habrá múltiples conflictos en formas mutantes en todo el globo. Los conflictos violentos dominarán los titulares, pero las luchas culturales y económicas serán más constantes y, en última instancia, más decisivas, El rol de facto de las fuerzas armadas de USA será mantener la seguridad del mundo para nuestra economía y que se mantenga abierta a nuestro ataque cultural. Con esos objetivos, mataremos una cantidad considerable de gente.”

¿Qué habrá llevado al mayor Peters a dar a conocer su visión de Oriente Próximo en Armed Forces Journal precisamente después de la última crisis de Oriente Próximo? Toda una serie de acontecimientos críticos.

Convergen crisis globales inminentes

Según una fuente usamericana con acceso a alto nivel a la clase dirigente militar, política y de inteligencia de USA, los que toman las decisiones políticas en Occidente no dudan que el mundo enfrenta la convergencia inminente de múltiples crisis globales. Estas crisis amenazan no sólo con debilitar la base del poder occidental en sus actuales configuraciones militares y geopolíticas, sino también con desestabilizar todos los fundamentos de la civilización industrial.

La fuente señaló que los últimos datos sobre el petróleo indican que “la producción de petróleo mundial probablemente alcanzó su cima hace dos años.” Este coincide con los estudios de respetados geólogos como el doctor Colin Campbell, destacado experto en el agotamiento del petróleo, que predijo a fines de los años noventa que la producción mundial de petróleo probablemente llegaría a su pico a comienzos del Siglo XXI. “Hemos llegado al fin de la primera mitad de la Era del Petróleo,” dijo el doctor Campbell, que se doctoró en geología en la Universidad de Oxford y tiene más de 40 años de experiencia en la industria del petróleo. Asimismo, Kenneth Deffeyes, geólogo y profesor emérito de la Universidad Princeton, estima que el pico ocurrió a fines del año pasado.

La fuente también dijo que destacados analistas financieros de USA creen en privado que “un colapso del sistema bancario global es inminente para 2008.” Aunque la advertencia coincide con los resultados públicos obtenidos por otros expertos, es la primera vez que se calcula una fecha más precisa. En un análisis profético basado en fuentes financieras en las altas esferas, el historiador usamericano, Gabriel Kolko, profesor emérito de la Universidad York, concluyó a fines de julio que:

“Existen todos los factores que provocan cracks – demasiadas inversiones en la bolsa con dinero prestado, aumentos de las tasas de interés, etc. El sistema financiero mundial es destruido ahora por las contradicciones, y actualmente existe un consenso creciente entre los que lo endosan y los que, como yo, creen que el status quo tiende a la crisis y al mismo tiempo es inmoral. Si hemos de creer a las instituciones y a las personalidades que han estado a la vanguardia de la defensa del capitalismo, y deberíamos hacerlo, es perfectamente posible que estemos al borde de crisis muy serias.”

La fuente también comentó sobre el peligro que presenta el rápido cambio climático. Aunque los cálculos más convencionales sugieren que la catástrofe climática global no vendrá antes de unos 30 años, argumenta que la multiplicación de varios “puntos cruciales” sugiere que una serie de devastadores acontecimientos climáticos podría “ser provocada dentro de 10 o 15 años.” Una vez más, esto coincide con las conclusiones de otros expertos, la más reciente, un informe de un grupo de tareas conjunto del Institute for Public Policy Research del Reino Unido, el Center for American Progress en USA, y el Australia Institute, que dijo en enero del año pasado que si la temperatura mundial promedio aumenta “dos grados centígrados sobre el promedio de la temperatura mundial existente en 1750, antes de la revolución industrial”, provocaría una cadena irreversible de desastres climáticos. En su informe, el grupo de tareas dice:

“Las posibilidades incluyen que se llegue a puntos climáticos cruciales que lleven, por ejemplo, a la pérdida de los hielos continentales del Oeste Antártico y de Groenlandia (que en su conjunto, podrían elevar el nivel del mar más de 10 metros en unos pocos siglos), el cierre de la circulación termohalina del océano (y, con ella, de la corriente del Golfo), y la transformación de los bosques y suelos del planeta de ser un sumidero neto de carbono a ser una fuente neta de carbono.”

La fuente también reveló que los generales de USA han realizado repetidamente simulacros de combate de un eventual conflicto con Irán, pero han establecido coherentemente que las simulaciones predecían “un desastre nuclear absoluto”, del que no emergería ningún vencedor evidente. Los panoramas resultantes fueron tan funestos, dijo, que los generales informaron a los funcionarios del gobierno que debían evitar a toda costa una guerra semejante. Sin embargo, la fuente dijo que el gobierno Bush está ignorando los temores de los militares de USA.

En este contexto, parecería que las divagaciones del mayor Peters provienen menos de una confianza concertada en el poder de USA, que de un sentido de creciente desesperación y de intranquilidad, ya que la arquitectura política, financiera y energética del sistema global se fragmenta cada vez más bajo el peso de su propia inestabilidad inherente. A pesar de lo tétrica que parece ser la situación existe, existe un disenso fundamental evidente sobre la actual trayectoria de la política usamericana y occidental en los niveles superiores del poder. La fuente señaló que “la humanidad está al borde de un precipicio: o simplemente nos despeñamos, o nos desarrollamos. No estoy seguro de cómo será el nuevo ser humano, pero es obvio que tendrá que significar un conjunto completo nuevo de ideas y valores, una nueva manera de ver el mundo que respete a la vida y la naturaleza.”

* Nafeez Mosaddeq Ahmed es autor de The London Bombings: An Independent Inquiry. Da clase de Relaciones Internacionales en la Escuela de Ciencias Sociales y Estudios Culturales, en la Universidad de Sussex, Brighton, donde realiza su doctorado en estudios del imperialismo y del genocidio. Desde el 11-S, ha escrito tres libros más que revelan la realpolitik tras la retórica de la “Guerra contra el Terror”: The War on Freedom, Behind the War on Terror y The War on Truth: 9/11, Disinformation and the Anatomy of Terrorism. En el verano de 2005, testificó como experto ante el Congreso de USA sobre su investigación sobre el terrorismo internacional.

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Fuentes gubernamentales británicas confirman que se acerca la guerra contra Irán

9 junio 2008 2 comentarios

En los últimos días, una fuente creíble e informada me informó que un ex alto ministro del gobierno laborista, que todavía está bien relacionado con funcionarios militares y de la seguridad británicos, confirma que Gran Bretaña y EE.UU. “… irán a la guerra contra Irán antes de fines de año.”

Como ahora sabemos como resultado de informaciones similares antes de la invasión de Iraq, es bastante posible que la planificación de la guerra pueda cambiar repetidamente, y puede ser que la guerra sea pospuesta una vez más. En todo caso, vale la pena señalar que la información de un antiguo ministro laborista confirma los análisis de expertos que sugieren que Israel, con apoyo de EE.UU. y Gran Bretaña, escala deliberadamente el ciclo de represalias para legitimar el inminente ataque a Irán antes de fines de año. Recordemos, por ejemplo, las afirmaciones del vicepresidente de EE.UU., Cheney, registradas por MSNBC hace más de un año. Describió a Irán como “colocado en la punta misma de la lista” de “estados delincuentes”. Continuó diciendo: “Una de las preocupaciones que la gente tiene es que Israel pueda hacerlo sin que se le pida… Considerando que Irán tiene una política declarada de que su objetivo es la destrucción de Israel, es perfectamente posible que los israelíes decidan actuar primero, y dejar que el resto del mundo se preocupe de arreglar posteriormente el lío diplomático.”

Pero el énfasis en el papel preeminente de Israel en un posible ataque contra Irán no es adecuado. Israel preferiría tener el papel de un fuerza regional delegada en una campaña dirigida por EE.UU. “A pesar de la situación en deterioro de la seguridad en Iraq, la administración Bush no ha reconsiderado su objetivo político básico a largo plazo en Oriente Próximo… “informa Seymour Hersh. Cita a un antiguo funcionario a alto nivel de los servicios de inteligencia de EE.UU.: “Ésta es una guerra contra el terrorismo, e Iraq es sólo una campaña. El gobierno Bush ve esto como una inmensa zona de guerra. Lo próximo será que tendremos la campaña iraní. Hemos declarado la guerra y los tipos malos, dondequiera estén, son el enemigo. Es el último hurra – nos quedan cuatro años, y queremos salir de esto diciendo que ganamos la guerra contra el terrorismo.”

¿Son sólo las quimeras fanáticas de la facción neoconservadora que actualmente ocupa (literalmente) la Casa Blanca?

Por desgracia no es así. La Guerra de Iraq fue una quimera fanática semejante a fines de los años noventa, rumiada ávidamente por funcionarios del gobierno Bush mientras estaban activa y directamente involucrados en el Proyecto por un Nuevo Siglo Estadounidense. Pero esa quimera en particular es ahora una terrible y penosa realidad para el pueblo iraquí. A pesar de los flagrantes fracasos de los esfuerzos de EE.UU. en ese país, parece existir una seria incapacidad de reconocer la futilidad del intento de hacer lo mismo en Irán.

El Instituto Monterey de Estudios Internacionales mostró hace ya casi dos años en un detallado análisis que las consecuencias probables de un ataque contra Irán por EE.UU., Israel o ambos, sería una conflagración regional que podría convertirse rápidamente en nuclear, y salirse de control. Los planificadores estadounidenses e israelíes indudablemente se dan cuenta de lo que sucedería. Una catástrofe semejante tendría ramificaciones irreversibles para la economía política global. La seguridad energética se desintegraría, precipitando la activación de antiguos planes de emergencia para invadir y ocupar todas las principales áreas ricas en recursos de Oriente Próximo y otros sitios (vea mi libro, publicado por Clairview, “Behind the War on Terror”, para encontrar referencias y una discusión del tema). Una acción semejante podría provocar reacciones de otras potencias importantes con intereses fundamentales en mantener su propio acceso a suministros regionales de energía, como Rusia y particularmente China que tiene inmensos intereses en Irán. Al mismo tiempo, se debilitaría seriamente la economía del dólar, la que enfrentaría con gran probabilidad un colapso inminente en el contexto de crisis semejantes.

Esto provoca preguntas pertinentes sobre por qué Gran Bretaña, EE.UU. e Israel consideran un guión semejante como una manera viable de asegurar sus intereses.

Un esbozo de una respuesta sería que la geoestrategia militar de la “Guerra contra el Terror” posterior al 11-S no resulta de una posición de poder, sino más bien de todo lo contrario. El sistema global se derrumba desde hace ya varios años bajo el peso de su propia insostenibilidad, y nos acercamos rápidamente a la convergencia de múltiples crisis que ya interactúan fatalmente mientras escribo estas líneas.

El pico de la producción mundial de petróleo, como lo sabe perfectamente el gobierno Bush, acaba de ocurrir, o está muy cerca de hacerlo. Es un acontecimiento cardinal que señala, a efectos prácticos, el fin de la Era del Petróleo, con una escalada de la demanda que impone una presión creciente sobre suministros en disminución. La mitad de las reservas de petróleo del mundo están más o menos agotadas, lo que significa que la extracción convencional de petróleo se hará cada vez más difícil tecnológica y geofísicamente.

La semana pasada sostuve una conversación con algunos científicos del Instituto Omega en Brighton, dirigida por mi colega y amigo Graham Ennis, que me dijo elocuente y enérgicamente lo que ya sabía, que mientras podemos o no haber sobrepasado varios tipping points [puntos de quiebre], tenemos entre unos 10-15 años antes de que el punto de quiebre haya sido roto cierta e irreversiblemente. El paso de ese punto significa que caeremos de cabeza en una “catástrofe climática” de envergadura. En medio de ese amenazante Apocalipsis de la Naturaleza, la propia economía denominada en dólares se ha estado balanceando al borde de un colapso acelerado durante los últimos siete años o más. No es una especulación vacía. Un analista financiero tan experimentado como Paul Volcker, el predecesor inmediato de Alan Greenspan como jefe de la Reserva Federal, confesó recientemente “que pensaba que había una probabilidad de un 75% de una crisis monetaria en EE.UU. dentro de cinco años.”

Parece haber habido un cálculo frío a niveles superiores dentro de los círculos dirigentes de decisión política anglo-estadounidenses de que el sistema se muere, pero que los últimos medios restantes de sostenerlo residen en una solución fundamentalmente militar hecha para reconfigurar y rehabilitar el sistema para que continúe cumpliendo con los requerimientos de los circuitos entrelazados del poder y los beneficios militares y corporativos.

El altamente respetado denunciante estadounidense, ex analista estratégico de RAND, Daniel Ellsberg, que fue Asistente Especial del Secretario Adjunto de Defensa durante el conflicto de Vietnam y que se hizo famoso al filtrar los Papeles del Pentágono, ya advirtió de sus temores de que en el evento de “otro 11-S o de una guerra de importancia en Oriente Próximo que incluya un ataque de EE.UU. contra Irán, no tengo dudas de que habrá, el día después o dentro de algunos días, un equivalente de un decreto del incendio del Reichstag que incluya detenciones masivas en este país, campos de detención para nativos de Oriente Próximo y su cuota de ‘simpatizantes’, críticos de la política del presidente y esencialmente la eliminación de la Declaración de Derechos.”

¿Así que de eso se trata en toda la legislación de “preparación de emergencia”, aquí en el Reino Unido así como en EE.UU. y en Europa? Los planes de EE.UU. son suficientemente malos, como señala Ellsberg, pero los planes del Reino Unido no son mucho mejores, llevando a The Guardian a describir la Ley de Contingencias Civiles (aprobada como Ley en 2004) como “la mayor amenaza para las libertades cívicas que parlamento alguno jamás pueda llegar a considerar.”

Mientras las crisis globales convergen en los próximos años, nosotros, el pueblo, nos vemos ante una oportunidad sin precedentes de utilizar la creciente conciencia de la inhumanidad inherente y de la destructividad exhaustiva del sistema imperial global para establecer formas de vida nuevas, viables, sostenibles y humanas.

––––––––

Nafeez Mosaddeq Ahmed es autor de “The London Bombings: An Independent Inquiry” (Londres : Duckworth, 2006). Da cursos en Relaciones Internacionales en la Escuela de Ciencias Sociales y Estudios Culturales, Universidad de Sussex, Brighton, en la que hace su doctorado en el estudio del imperialismo y el genocidio.

Rebelión

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Octavo mandamiento: Mentirás

Eduardo Galeano
Página/12

Una mentira

Hasta hace un rato nomás, los grandes medios nos regalaban, cada día, cifras alegres sobre la lucha internacional contra la pobreza. La pobreza se estaba batiendo en retirada, aunque los pobres, mal informados, no se enteraban de la buena noticia. Los burócratas mejor pagados del planeta están confesando, ahora, que los mal informados eran ellos.

El Banco Mundial ha dado a conocer la actualización de su International Comparison Program. En el trabajo participaron, junto al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones filantrópicas.

Ahí los expertos corrigen algunos errorcitos de los informes anteriores.

Entre otras cosas, nos enteramos ahora de que los pobres más pobres del mundo, los llamados “indigentes”, suman quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.

Además, nos desayunamos de que los países pobres son bastante más pobres de lo que los numeritos decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el Banco Mundial les vendía la píldora de la felicidad del mercado libre.

Y por si todo eso fuera poco, resulta que la desigualdad universal entre pobres y ricos había sido mal medida, y en escala planetaria el abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto si los hay.

Otra mentira

Al mismo tiempo, un ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, en un trabajo conjunto con Linda Bilmes, investigó los costos de la guerra de Irak.

El presidente George W. Bush había anunciado que la guerra podría costar, como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a primera vista no parecía demasiado caro tratándose de la conquista de un país tan rico en petróleo. Eran números redondos, o más bien cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de cinco años, y en este período los Estados Unidos han gastado un millón de millones de dólares matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas matan sin saber a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber por qué. Aquella cifra de Bush alcanza para financiar apenas un trimestre de crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de esta guerra, nacida de una mentira, que mintiendo sigue.

Y otra mentira más

Cuando ya todo el mundo sabía que en Iraq no había más armas de destrucción masiva que las que usaban sus invasores, la guerra continuó, aunque había olvidado sus pretextos.

Entonces, el 14 de diciembre del año 2005, los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los dos primeros años de guerra.

Y el presidente Bush habló del tema por primera vez. Contestó:

–Unos treinta mil, más o menos.

Y a continuación hizo un chiste, confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.

Al año siguiente, reiteró la cifra.

No aclaró que los treinta mil se referían a los civiles iraquíes cuya muerte había aparecido en los diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía, porque la mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre las víctimas había muchos viejos y niños.

Esa fue la única información proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos sobre la práctica del tiro al blanco contra los civiles iraquíes. El país invasor sólo lleva la cuenta, detallada, de sus soldados caídos. Los demás son enemigos, o daños colaterales, que no merecen ser contados. Y, en todo caso, contarlos resultaría peligroso: esa montaña de cadáveres podría causar mala impresión.

Y una verdad

Bush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27 de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas:

–¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional.

Esa vez, el presidente no mintió. El estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el campo de su país. “Agricultura americana” significaba, y significa nada más que “Agricultura de los Estados Unidos”.

Sin embargo, es México, otro país americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos. Desde que firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no cultiva alimentos suficientes para las necesidades de su población, es una nación expuesta a presiones internacionales y es una nación vulnerable, cuya seguridad nacional corre grave peligro:

– actualmente, México compra a los Estados Unidos 10 mil millones de dólares de alimentos que podría producir;

– los subsidios proteccionistas hacen imposible la competencia;

– al paso que vamos, de aquí a poco las tortillas mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas por las bocas que las comen, pero no por el maíz que las hace, importado, subsidiado y transgénico;

– el tratado había prometido prosperidad comercial, pero la carne humana, campesinos arruinados que emigran, es el principal producto mexicano de exportación.

Hay países que saben defenderse. Son pocos. Por eso son ricos. Hay otros países entrenados para trabajar por su propia perdición. Son casi todos los demás.

Guerra e inflación

Washington (AIPE)- El Pentágono recientemente informó que está gastando unos 8.400 millones de dólares mensuales en la guerra de Irak y al añadir la intervención en Afganistán, el costo alcanza la friolera de 10 mil millones de dólares mensuales. Desde 2001, el Congreso de Estados Unidos ha gastado más de 500 mil millones de dólares en partidas para Irak. Ese dinero no se refleja en el presupuesto nacional ni en el déficit presupuestario, ya que el Congreso ha financiado esa guerra con los llamados gastos suplementarios, fuera del presupuesto.

 

Se trata de una práctica básicamente deshonesta. Si vamos a la guerra, enfrentemos el costo, tanto económico como en vidas. El Congreso no debiera esconder el costo de la guerra con trucos contables.

 

Y a medida que avanza la guerra en Irak, el gobierno considera otra acción militar, contra Irán. Pero no se encara la pregunta clave: ¿disponemos del dinero para hacerlo? Si cada contribuyente tuviese que pagar unos cinco mil o diez mil dólares adicionales al Impuesto sobre la Renta en abril para financiar la guerra, estoy seguro de que pronto se acabaría. El problema es que el gobierno la financia pidiendo prestado e imprimiendo billetes, en lugar de pasarnos la factura directamente con impuestos más altos. Cuando el costo no está claro, se distorsiona también la cuestión de si la guerra vale la pena o no.

 

El Congreso y la Reserva Federal mantienen un cómodo y callado arreglo que facilita financiar la guerra. El Congreso sufre de un apetito insaciable de gastar, pero aumentar los impuestos es políticamente impopular. Sin embargo, la Reserva Federal permite el gasto deficitario creando más dinero a través del Departamento del Tesoro. En contrapartida, el Congreso permite que la Reserva Federal opere sin molestos controles ni escrutinios. La política monetaria es ignorada en Washington, a pesar de que la Reserva Federal fue creada por el Congreso.

El resultado es inflación y la inflación financia la guerra.

El economista Lawrence Parks ha explicado cómo la creación de la Reserva Federal en 1913 hizo posible nuestra participación en la Primera Guerra. Sin la habilidad de imprimir billetes, el gobierno federal no hubiera podido financiar la inmensa movilización de soldados y armamentos. Antes, las guerras eran financiadas con impuestos o pidiendo prestado, lo cual implica limitaciones. Pero, al menos en teoría, la impresión de billetes no tiene límites. Por eso el circulante se ha triplicado desde 1990.

 

Para tener una clara perspectiva, considere nuestro compromiso militar en Corea. Solamente en Corea, los contribuyentes de Estados Unidos han gastado 1.000.000.000.000 dólares (valor actual), a lo largo de 55 años. ¿Qué conseguimos? Corea del Norte no ha dejado de ser un adversario agresivo y belicoso, mientras que Corea del Sur es ambivalente sobre nuestro papel de protector. Seguimos en un callejón sin salida, mientras que los nietos y bisnietos de los soldados que combatieron en Corea no se preocupan mucho de lo que ganamos o perdimos. La experiencia en Corea debiera abrirnos los ojos respecto a otras ocupaciones militares.

 

Los 500 mil millones de dólares gastados en Irak es una suma inmensa, pero la verdadera cantidad es mucho mayor, escondida en presupuestos del Departamento de Defensa y en ayuda externa. Debemos preguntarnos si vale la pena construir bases militares permanentes en Irak y una embajada que costará 1.000 millones de dólares. Al menos, el Congreso debería financiar la guerra de manera transparente, para que la ciudadanía esté consciente de su costo.

 

 

Ron Paul

Congresista republicano por el estado de Texas

Categorías:Economía, Guerra

Atacar Irán

8 febrero 2007 1 comentario

Cada día más voces alertan del peligro y las consecuencias de un ataque contra Irán, que sería poco más que un suicidio. La preocupación no es gratuita y las razones en que se asientan los temores tampoco. Ante el desastre sin paliativos en Iraq, del que Irán ha sido el mayor beneficiario, el gobierno Bush parece cada vez más proclive a una fuga hacia delante, que incluiría una guerra contra Irán. Para ello cuenta con el apoyo férvido de Israel y los llamados neo-cons, empeñados en frustrar la emergencia de la vieja Persia como potencia económica, militar y nuclear en Oriente Medio y Próximo.

Hace escasamente diez meses, este diario publicaba las declaraciones de Joseph Cirincione, experto estadounidense en asuntos nucleares, quien afirmó que el Ejército de EU venía haciendo, desde hacía varios años, juegos de guerra sobre Irán, cuyos resultados ocultaba a la opinión pública. La causa, decía Cirincione, es que casi todos los ejercicios salían mal. Las fuerzas estadounidenses no alcanzaban los objetivos propuestos y los juegos de guerra terminaban en desastre

Sus resultados eran peores que los de Irak.

Consciente de los riesgos de una agresión, Irán no ha cesado de fortalecer su capacidad militar. Hace un año anunció el éxito de las pruebas de dos nuevos misiles de uso múltiple y plataforma móvil. Informó también de la prueba exitosa de un misil submarino, capaz de moverse a 100 metros por segundo. Ni el barco más rápido, aunque detectara el misil, podría escapar al impacto. El pasado enero, Rusia completó la venta a Irán del sistema antiaéreo Tor-M1, uno de los más potentes del mundo, capaz de detectar, seguir y destruir objetivos hasta a doce kilómetros de distancia. Por su parte, el almirante estadounidense William Fallon, futuro jefe de operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, declaró, hace pocos días ante el Senado, que Irán “está dotándose de una fuerza de bloqueo a fin de impedirnos el acceso al Golfo Pérsico si la situación llega a un punto que lo consideren necesario”. Irán, por tanto, podría cerrar ese estratégico golfo, lo que provocaría un caos energético y un aumento exponencial de los precios del petróleo.

En EU estudian azuzar las rivalidades étnicas, apuesta disparatada viendo Iraq y de escasa relevancia entre los iraníes. A diferencia de Irak, Irán es un país étnica y religiosamente homogéneo. El 80 por ciento de su población es irania y el 98 por ciento de sus habitantes son chiíes. Nada que ver con el tablero étnico-religioso-lingüístico de Irak, que facilitó la ocupación del país y hoy lo tiene en guerra civil. Irán, además, triplica la población de Iraq: 62 millones de iraníes por 21 millones de iraquíes. Y cuadriplica la extensión territorial. Irán posee 1,645.528 km2 por apenas los 434,128 km2 de Irak.

Una aventura militar contra Irán requeriría cuatro o cinco veces más soldados que los empleados en Iraq, es decir, más de medio millón de efectivos, y una cantidad casi infinita de recursos económicos y militares. Dado que el ataque tendría un efecto dominó, sería preciso incrementar las fuerzas militares en los dos países vecinos ocupados por tropas occidentales. A 250,000 hombres en Irak y 100,000 en Afganistán. Haciendo números, EU necesitaría desplegar un millón de soldados para enfrentar una guerra que se extendería de Afganistán a Irak y que terminaría arrastrando a Líbano y Siria.

Estaríamos ante el mayor esfuerzo militar de EU desde Vietnam, con la diferencia de que en los años sesenta existía el servicio militar obligatorio y en el presente no. Las Fuerzas Armadas estadounidenses tienen graves problemas para llenar las cuotas de reclutamiento, a tal punto que consideran abrir oficinas en Latinoamérica, para reclutar soldados a cambio de la residencia en EU. Como no es creíble que los latinoamericanos acudan en masa a inscribirse, una guerra contra Irán obligaría a restablecer el servicio militar, lo que provocaría un cataclismo político en el país.

Existen planes que contemplan ataques con armas nucleares tácticas sobre las centrales iraníes. Aquí se aposentan en la locura. Un ataque nuclear rompería la regla no escrita de no uso de armas atómicas. Provocaría una hecatombe humana, contaminaría toda la región y desataría una carrera desbocada para adquirir armas nucleares, único medio de evitar ataques. La humanidad se hundiría en la barbarie y la guerra devoraría la economía mundial. No se equivoca la gente cuando, en un 49%, afirma que EU es un factor negativo mundial. La encuesta, mundial, la publicó la BBC en enero de 2007.

Profesor de Derecho Internacional y Relaciones Internacionales en la Universidad Autónoma de Madrid

Categorías:Guerra, Opinión, Poder mundial