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Archive for the ‘Agricultura’ Category

Los alimentos suben, el hambre también

25 febrero 2008 Deja un comentario

El aumento del precio de los alimentos está incrementando el número de personas que pasan hambre en el mundo, según advirtió la agencia de Naciones Unidas responsable de la ayuda alimentaria a los países pobres.

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En una entrevista publicada en el diario británico Financial Times, la directora del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, Josette Sheeran, dijo que podrían verse obligados a disminuir la ayuda que prestan debido al aumento de los precios en el sector agrícola.

Según Naciones Unidas, en 2007 el precio global de los alimentos registró un aumento del 40%.

Lea: Alimentos, sinsabor para el mundo

Entre las principales razones para ese incremento se encuentra el aumento de la producción de biocombustibles hechos a partir de maíz y la subida del precio del petróleo.

En su entrevista con el Financial Times, la funcionaria de Naciones Unidas habló de la posibilidad de “limitar las raciones alimentarias o incluso el número de personas que reciben ayuda” si los donantes del programa no aportan más dinero.

Lea: Altos precios “insostenibles”

Alimentos básicos

En cualquier caso, los responsables de la agencia de la ONU confían en poder evitar los recortes, aunque advierten de que la fuerte subida del precio de los alimentos ha elevado en varios millones de dólares su presupuesto semanal.

Josette Sheeran explicó que el aumento del precio de alimentos básicos como el trigo, el maíz o el arroz está afectando a países como México, Indonesia o Yemen, que no se encontraban en una situación de urgencia.

“El hambre tiene un rostro nuevo y está afectando a un amplio número de países”, afirmó Sheeran.

El principal objetivo del Programa Mundial de Alimentos de la ONU es prestar ayuda a las regiones donde hay escasez de alimentos.

Pero ahora se ven obligados a ayudar en países donde el problema no es la escasez de alimentos sino su elevado precio.

Lea: ¡Ojo con los precios del maíz!

Según le explicó Sheeran al Financial Times, las familias en países en desarrollo están pasando de hacer tres comidas al día a tan sólo una y están abandonando las dietas diversas para consumir alimentos básicos.

Racionamiento

Así, por primera vez en dos décadas, Egipto ha tenido que ampliar su sistema de racionamiento de alimentos, mientras que Pakistán ha reintroducido un sistema de cartillas de racionamiento que había abandonado a mediados de los años ochenta.

Además, países como China y Rusia imponen control de precios sobre los alimentos, mientras otros, como Argentina o Vietnam, están aumentando los impuestos a la exportación.

A principios de año el Fondo Monetario Internacional (FMI) señaló que detrás del incremento de precio de los alimentos están, además de los biocombustibles y el petróleo, las sequías que han asolado varias de las principales regiones productoras agrícolas en el mundo y la creciente demanda de carne y productos lácteos.

A ello habría que sumar una mejor alimentación en economías emergentes como China e India.

Los efectos del incremento del precio de productos básicos en los últimos meses se dejaron sentir en todo el mundo.

Mientras en México se registraron varias manifestaciones en protesta por el precio de la tortilla, los italianos declararon una huelga de 24 horas sin pasta para protestar por su elevado precio y los alemanes derramaron más de una lágrima a la hora de beber la cada vez más inalcanzable jarra de cerveza.

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Los nuevos siervos de la gleba

25 octubre 2007 Deja un comentario

por Mark Sommer

Los estadounidenses disfrutan de una ventaja en su economía personal pues pagan por los alimentos que consumen menos que cualquier otra nación. En cambio, esos alimentos baratos son considerablemente caros para la salud, la seguridad, los salarios y las condiciones laborales de los trabajadores, en amplia mayoría inmigrantes, que producen tales alimentos en Estados Unidos.

El sistema industrial que suministra esos alimentos está implicado en la utilización de mano de obra barata y se aprovecha de la poca rigurosa aplicación de las ya débiles normas laborales, lo que significa a menudo peligrosas condiciones de trabajo, abusos físicos y sexuales que en casos extremos han sido comparados a una moderna esclavitud.

En algunos aspectos, las condiciones laborales para estos trabajadores son apenas algo mejor que las documentadas por el periodista Edward R. Murrow hace medio siglo, cuando reveló la existencia en Estados Unidos de una hasta entonces desconocida clase marginal de trabajadores inmigrantes que debían soportar explotaciones de todo tipo durante las cosechas de tomates a mediados de los años 50 en Immokalee, Florida.

Allí, como en muchas otras partes en Estados Unidos, inmigrantes desarraigados, en su gran mayoría de América Central, cosechaban productos alimenticios que ellos mismos no estaban en condiciones de comprar.

Actualmente, la misma región es el escenario de una lucha épica de los trabajadores inmigrantes en reclamo de unas condiciones decentes de trabajo. Esos trabajadores viven en promedio unos 49 años, mientras que el promedio de vida de los estadounidenses es de 78 años. El ingreso medio anual es de sólo 7.500 dólares -6.500 en Florida- en tanto que el ingreso familiar medio en Estados Unidos es de 48.000 dólares.

Si se tiene en cuenta la inflación, el ingreso de los trabajadores inmigrantes cayó en 60% en los pasados 20 años. Cada año, 20.000 trabajadores rurales requieren tratamiento médico por envenenamiento agudo causado por los pesticidas y muchos otros casos no son denunciados.

El granjero no es el gran ganador en este sistema.

Mientras que los agricultores de Florida reciben 10 dólares por un cajón de 25 libras de tomates, los recolectores reciben 45 centavos por 32 libras, o sea menos del 5% de lo que obtienen los granjeros. Sin embargo, el granjero no es el gran ganador en este sistema. Las grandes cadenas de comida rápida ejercen una intensa presión hacia abajo en el pago a los granjeros, quienes a su vez recortan los salarios de los trabajadores para mantener su propio margen de ganancia.

De frente a esas sombrías realidades, a principios de los años 90 un grupo de trabajadores agrícolas de Florida que se autodenominó “Coalition of Immokalee Workers” (CIW) comenzó a organizarse. Por medio de paros parciales y huelgas generales, en 1998 los trabajadores de Immokalee obtuvieron de las industrias del alimento aumentos de entre 13 y 25%. Una serie de campañas altamente publicitadas tuvo éxito en persuadir a Taco Bell, Pizza Hut, Mac Donald’s y otras empresas a aumentar en un centavo por libra el pago a los trabajadores de Immokalee.

Sin embargo, para otorgar condiciones de subsistencia plena a los trabajadores inmigrantes hará falta más que un poco de aumento salarial. Requerirá un cambio sistémico. No sólo se deberán pagar salarios dignos a los trabajadores rurales sino que además las normas gubernamentales deben llevar las prácticas laborales agrícolas a la altura de los estándares de los derechos humanos globales.

Sistema global de producción de alimentos; grandes costos escondidos

Éste no es sólo un problema de Estados Unidos. En un cada vez más integrado sistema global de producción de alimentos, los consumidores ricos en América del Norte y Europa se han acostumbrado a aguardar bajos precios en los alimentos. Pero esos precios, que son bajos para ellos, tienen grandes costos escondidos en materia de combustibles y transporte, de devastación ambiental, de explotación de los trabajadores y de conflictos sociales.

Gran parte de los alimentos que llegan a nuestras mesas en Estados Unidos han sido cultivados y cosechados en lugares distantes por agricultores marginales que reciben una minúscula porción de lo que nosotros pagamos por esos productos. Expulsados de sus tierras por los tremendamente bajos precios de las materias primas terminan por agolparse en las ciudades del mundo en desarrollo en busca de trabajo.

Al fracasar, su desesperación se convierte en un caldo de cultivo para la delincuencia o para movimientos extremistas. Nuestra abundancia no debe ser construida sobre la base de su indigencia.

El fabricante de automóviles Henry Ford, un capitalista que actuaba en su propio interés, entendió este principio elemental cuando insistió en pagar a sus trabajadores lo suficiente como para que pudieran comprar los automóviles que construían. ¿Cuánto queremos pagar por los alimentos que comemos para asegurar que aquellos cuyo trabajo trae esa comida a nuestras mesas reciban un pago suficiente como para que también la puedan comer?

Mark Sommer, es el director del programa radial internacional ‘A world of possibilities’.