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Archive for the ‘Privatización’ Category

El neoliberalismo va a por todo

Police Federation vice-chairman says privatisation could destroy service

police arrest a suspect

The list of policing activities up for grabs includes investigating crimes, detaining suspects, developing cases and responding to and investigating incidents. Photograph: Leon Neal/AFP/Getty Images

A radical plan to give private companies responsibility for investigating crimes, patrolling neighbourhoods and even detaining suspects will have “catastrophic consequences”, the leader of rank and file officers has warned.

Simon Reed, vice-chairman of the Police Federation of England and Wales, said the privatisation proposals would jeopardise the chance of successful investigations and convictions and lead to the “destruction of the finest police service in the world”.
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Categorías:Privatización Etiquetas:

Misterio: Por qué la riqueza crea pobreza en el mundo

15 noviembre 2006 1 comentario

Hay un “misterio” que debemos explicar: ¿Cómo es posible que si las corporaciones han realizado inversiones, y la ayuda extranjera y los préstamos internacionales a los países pobres se han incrementado de manera extraordinaria por todo el mundo en la última mitad del siglo, también lo haya hecho la pobreza? El número de personas viviendo en la pobreza está creciendo en un porcentaje más rápido que la población mundial. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

En la última mitad del siglo, las industrias y los bancos de Estados Unidos (y otras corporaciones occidentales) han invertido grandes cantidades en las regiones pobres de Asia, África y América Latina, conocidas como “el tercer mundo”. Las transnacionales están unidas por los ricos recursos naturales, las altas ganancias que vienen de salarios bajos y la casi total ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales y gastos para la seguridad en el trabajo.

El gobierno de Estados Unidos ha subvencionado esta fuga de capitales otorgando a las corporaciones exenciones en los impuestos sobre sus inversiones en el extranjero e incluso pagando algunos de sus gastos de reubicación, para indignación de los sindicatos aquí en casa que ven evaporarse sus trabajos.

Las transnacionales han echado del tercer mundo a los negocios locales y han controlado sus mercados. El cartel estadounidense del comercio agrario, subsidiado de manera extraordinaria por los contribuyentes, envía sus productos excedentes a otros países a bajo precio y hunde a los agricultores locales. Como Christopher Cook describe en su “Dieta para un planeta muerto”, expropian las mejores tierras en estos países para cosechas por dinero (cash-crop) para la exportación, normalmente de monocultivos que requieren gran cantidad de pesticidas, dejando cada vez menos acres para el cultivo de los centenares de variedades de cosechas orgánicas que alimentan a la población local.

Desplazando a la población local de sus tierras y robándoles su autosuficiencia, las corporaciones crean unos mercados laborales superpoblados de gente desesperada a los que se les fuerza a vivir en barrios de chabolas y a trabajar por un salario miserable (cuando pueden conseguir trabajo), a menudo violando las propias leyes del país sobre salarios mínimos.

En Haití, por ejemplo, corporaciones gigantes como Disney, Wal-Mart y J. C. Penny pagan a sus trabajadores 11 centavos por hora. Los Estados Unidos es uno de los pocos países que se ha negado a firmar una convención internacional para la abolición del trabajo infantil y forzado. Esta postura se deriva de las prácticas de las grandes corporaciones estadounidenses respecto del trabajo infantil a lo largo y ancho del Tercer Mundo, e incluso en el seno de los propios Estados Unidos, donde niños de sólo 12 años sufren una alta proporción de accidentes y fallecimientos mientras que reciben un salario muy a menudo inferior al mínimo.

Los ahorros que los grandes negocios obtienen de una mano de obra barata en el extranjero no se traducen en precios más bajos para los consumidores de otros sitios. Las corporaciones no contratan mano de obra en regiones lejanas para que los consumidores en Estados Unidos puedan ahorrar dinero. Los contratan para incrementar su margen de beneficios. En 1990, los zapatos que hacían en Indonesia niños que trabajaban doce horas al día por 13 centavos a la hora, costaban solamente dos dólares sesenta centavos pero se vendían en Estados Unidos por cien dólares o más.

La ayuda exterior de los Estados Unidos va unida a la inversión transnacional. Subvenciona la construcción de las infraestructuras que necesitan las corporaciones en el Tercer Mundo: puertos, autopistas y refinerías.

La ayuda que se entrega a los gobiernos del Tercer Mundo viene con muchas ataduras. A menudo se debe gastar en productos estadounidenses y a la nación que la recibe se le exige dar preferencia a las inversiones de compañías de los Estados Unidos, substituyendo el consumo de mercancías y alimentos locales en favor de los importados, creando más dependencia, hambruna y deuda.

Una buena porción de la ayuda monetaria, nunca ve la luz publica, yendo directamente a las arcas personales de los funcionarios corruptos de los países que la reciben.

Ayuda (o algo parecido) llega también de otras fuentes. En 1944, las Naciones Unidad crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El poder de voto en las dos organizaciones está determinado por las contribuciones financieras de cada país. Estados Unidos, en tanto que mayor “donante”, tiene la voz cantante, seguido de Alemania, Japón, Francia y Gran Bretaña. El FMI opera en secreto con un selecto grupo de banqueros y funcionarios de los ministerios de economía seleccionados, en su mayoría, en las naciones más ricas.

El Banco Mundial y el FMI se supone que ayudan al desarrollo de las naciones. Lo que realmente pasa es otra historia. Un país pobre pide un préstamo del Banco Mundial para mejorar algunos aspectos de su economía. Si fuera incapaz de pagar los grandes intereses debido a un descenso de las ventas de exportación o por cualquier otro motivo, se verá obligado a pedir prestado de nuevo, pero esta vez del Fondo Monetario Internacional.

Pero el FMI impone un “Programa de ajuste estructural” (SAP, por sus siglas en inglés) que requiere que los países deudores otorguen beneficios fiscales a las corporaciones transnacionales, reduzcan salarios y no hagan ningún intento por proteger a las compañías locales de los importadores extranjeros y de las adquisiciones extranjeras. Presiona a las naciones deudoras para que privaticen sus economías, vendiendo a compañías privadas y a precios escandalosamente bajos sus minas, ferrocarriles y servicios públicos pertenecientes al estado.

Se ven forzados a abrir sus bosques a la tala y sus tierras para minas a cielo abierto sin ninguna consideración por el daño ecológico causado. Las naciones deudoras también deben recortar sus subvenciones a la salud, la educación, el transporte y los alimentos básicos, gastando menos en su población para tener más dinero y poder hacer frente a los pagos de la deuda. Como se les requiere para desarrollar una agricultura orientada a la exportación, se ven cada vez menos capacitados para alimentar a su propia población.

Ésta es la razón por la que por todo el tercer mundo los salarios reales han disminuido y la deuda nacional ha crecido hasta un punto en que los pagos de la deuda absorben casi todas las ganancias de las exportaciones de los países mas pobres, lo que crea un mayor empobrecimiento al dejar al país deudor menos capacitados para proveer a la población de sus necesidades.

Por lo tanto, así hemos explicado un “misterio”. Por supuesto ese misterio no existe si no te adhieres a la mistificadora teoría del “goteo” [teoría liberal en función de la cual la acumulación de riqueza en las capas altas de la pirámide de población acaba provocando el “goteo” de riqueza hacia las capas inferiores. La imagen típica es la de la pirámide de copas en la que, tras llenarse la superior, rebosa y va llenando las inferiores. N.d T.]. ¿Por qué se ha profundizado la pobreza mientras que las ayudas extranjeras, prestamos e inversiones han crecido? Respuesta: Los prestamos, inversiones y la mayoría de las ayudas están diseñadas no para luchar contra la pobreza sino para aumentar la riqueza de los inversores transnacionales a expensas de la población local.

No hay un goteo sino un sifón ascendente desde la mayoría que trabaja duro hacia la minoría de adinerados.

En su perpetua confusión, algunos críticos liberales concluyen que la ayuda exterior y los ajustes estructurales del FMI y del Banco Mundial “no funcionan”; el resultado final es menos autosuficiencia y más pobreza para las naciones que los reciben, señalan estos críticos. ¿Por qué entonces los estados miembros ricos siguen financiando al FMI y al Banco Mundial? ¿Son sus líderes menos inteligentes que los críticos que les continúan señalando que su política está produciendo el efecto contrario?

No, son los críticos los que son estupidos y no los líderes y los inversores occidentales, los cuales poseen tanto de este mundo y disfrutan de tan inmensa riqueza y su éxito. Continúan con sus programas de préstamos y ayuda extranjera porque estos programas funcionan. La pregunta es ¿funcionan para quien? ¿Ciu bono?

Las intenciones detrás de sus programas de inversiones, préstamos y ayudas no son mejorar a las masas en otros países. Esto no es verdaderamente el negocio en el que están. El propósito es servir los intereses de la acumulación global de capital, apropiarse de las tierras y las economías locales de la gente del Tercer Mundo, monopolizar sus mercados, disminuir sus salarios, esclavizar su trabajo con deudas enormes, privatizar su sector de servicios públicos e impedir que estas naciones emerjan como competidores comerciales no permitiendo que se desarrollen normalmente.

Con respecto a esto, las inversiones, la ayuda extranjera y los ajustes estructurales funcionan realmente bien.

El verdadero misterio es: ¿Por qué algunas personas creen que este análisis es muy improbable, una conspiración inventada? ¿Por qué son tan escépticos en creer que los gobernantes de los Estados Unidos, con conocimiento y deliberadamente, ejercen esta política despiadada (suprimir salarios, derogar la protección medioambiental, eliminar el sector publico, cortar servicios humanos) en el Tercer Mundo?. ¡Estos gobernantes están haciendo exactamente la misma política aquí en nuestro propio país!

¿No creen que ha llegado la hora de que estos críticos liberales dejen de pensar que la gente que posee gran parte del mundo (y lo querría poseer todo) son “incompetentes” o “desacertados” o que “no ven las consecuencias no intencionadas de su política”? No estás siendo muy inteligente si piensas que tus enemigos no son tan listos como tú. Ellos saben dónde están sus intereses y también nosotros debemos saberlo.

  • Título original: Mystery: How Wealth Creates Poverty in the World
  • Autor: Michael Parenti

Technorati Tags: , , corrupcion, economia, pobreza

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Los negocios de la megacaridad

20 septiembre 2006 Deja un comentario

La Cruz Roja acaba de anunciar que tiene una nueva asociación con Wal-Mart para responder en caso de desastre. Cuando llegue el próximo huracán, será una coproducción de la megacaridad y el megasupermercado. Esto, aparentemente, es la lección aprendida de la terrible respuesta gubernamental al huracán Katrina: los comercios van mejor con los desastres.

“Al final todo va a acabar en manos del sector privado”, dijo en abril Billy Wagner, jefe de manejo de urgencias para Florida Keys -que actualmente monitorea la tormenta tropical Ernesto-. “Ellos tienen el conocimiento. Ellos tienen los recursos”.

Pero antes de que este consenso avance, es hora de ver dónde comenzó la privatización del desastre, y adónde llevará inevitablemente. El primer paso fue la abdicación gubernamental de su responsabilidad central de proteger de los desastres a la población. Bajo la administración de Bush, sectores completos del gobierno, y particularmente del Departamento de Seguridad Interna, se han ido transformando en santificadas agencias de empleo temporal, y las funciones esenciales son contratadas de compañías privadas. La idea es que la inversión privada, movida por la obtención de ganancia, siempre es más eficiente que el gobierno.

Vimos los resultados en Nueva Orleáns: Washington se mostró débil e incompetente, en parte porque sus expertos en manejo de urgencias habían huido al sector privado y su tecnología e infraestructura era ya positivamente retro. En una crisis, el gobierno se ve aterradoramente inepto, mientras que el sector privado puede parecer moderno y competente, al menos en comparación.

De verdad, cuando se trata de la reconstrucción, los contratistas no son unos magos. “Adónde se fue todo el dinero”, pregunta la gente desesperada, desde el Golfo Pérsico hasta la costa del Golfo de México. Una gran parte se ha ido a gastos mayores de las corporaciones privadas. Fuera del radar público, se han gastado miles de millones de dólares del erario en infraestructura privatizada de respuesta a desastres: las nuevas oficinas centrales ultramodernas del Grupo Shaw; los batallones de equipo para mover la tierra de Bechtel; un campus en Carolina del Norte de 2 mil 400 hectáreas, de Blackwater USA (con todo y campo de entrenamiento paramilitar y una pista de dos kilómetros).

Llamémosle el complejo del capitalismo del desastre. Estos contratistas pueden conseguir lo que sea que usted necesite cuando esté en serias dificultades: generadores, tanques de agua, catres, excusados portátiles, casas móviles, sistemas de comunicación, helicópteros, medicina, hombres armados.

Este Estado dentro de un Estado ha sido construido casi exclusivamente con dinero de contratos públicos, sin embargo todo está en manos privadas. Los contribuyentes no tienen ninguna injerencia sobre él. Hasta ahora, esta realidad no se ha digerido, porque mientras los contratos gubernamentales pagan las cuentas de estas compañías, el complejo del capitalismo del desastre provee sus servicios al público de manera gratuita.

Pero esta es la trampa: el gobierno estadounidense va hacia la quiebra, en no poca medida debido a estos gastos locos. La deuda nacional es de 8 billones de dólares; el déficit del presupuesto federal es de al menos 260 mil millones de dólares. Eso significa que más temprano que tarde se van a acabar los contratos. Y nadie sabe eso mejor que las mismas compañías. Ralph Sheridan, director ejecutivo de Good Harbor Partners, una de los cientos de nuevas compañías contraterroristas, explica que “los gastos gubernamentales son esporádicos y llegan como burbujas”.

Cuando las burbujas exploten, firmas como Bechtel, Fluor y Blackwater perderán su fuente de ingresos primaria. Todavía tendrán la habilidad para responder a desastres -mientras que el gobierno habrá dejado que esa valiosa destreza se mengüe-, pero ahora venderán de regreso la infraestructura construida con el erario, al precio que el mercado aguante.

Si continúan las tendencias actuales, he aquí una imagen de lo que podría ocurrir en el no tan distante futuro: viajes en helicóptero desde los techos de ciudades inundadas (5 mil dólares por cabeza sería una tarifa típica para tal servicio; 7 mil dólares por familia, mascotas incluidas), agua embotellada y “alimentos preparados” (50 dólares por persona; caro, pero así está la oferta y demanda) y un catre de refugio con una regadera portátil (muéstrenos su identificación biométrica, creada gracias a un lucrativo contrato con Seguridad Interna, y luego lo rastreamos con la cuenta).

Antes de que diga, “no en Estados Unidos”, pregúntense: ¿Dónde más que en Estados Unidos? El modelo es el sistema de salud estadounidense, en el cual los ricos pueden tener acceso al mejor de los tratamientos en ambientes tipo spa, mientras que 46 millones de estadounidenses carecen de seguro médico. El modelo también encaja con la emergencia mundial del sida, en el cual la destreza del sector privado ayudó a producir medicinas salvadoras de vidas, que la mayoría de los infectados del mundo no puede comprar. Si ese es el historial del sector privado en cuanto a desastres en cámara lenta, ¿por qué habríamos de esperar valores diferentes en desastres de cámara rápida, como huracanes y hasta ataques terroristas?

Hace un año, los ciudadanos pobres y la clase trabajadora de Nueva Orleáns estaban varados en sus tejados esperando una ayuda que nunca llegó, pero aquellos que sí lo podían pagar escaparon. Esto podría incentivarnos a echar reversa ahora que vamos en una dirección fatalmente equivocada. O podría ser nuestro primer atisbo de desastres en los que “los usuarios pagan”.

La Jornada

© 2006 Naomi Klein

Traducción: Tania Molina Ramírez

Categorías:Etica, Opinión, Privatización

Treinta años de neoliberalismo en América Latina

28 agosto 2006 Deja un comentario

Tratados de libre comercio y valoraciones encubren su quehacer. Han transcurrido cuatro décadas y el camino trazado por sus estrategas, los que reparten el poder y producen ideología siguen impertérritos ante los resultados obtenidos. Un sesenta por ciento de la población mundial vive en condiciones de miseria y pobreza extrema, aumentando la desigualdad social y económica. El deterioro del medio ambiente se acelera, haciendo peligrar flora y fauna, y transformando en mercancía todo cuanto está a su alcance: el agua, el viento y el sol. La violación de los derechos humanos se generaliza. Se corre un tupido velo sobre el trabajo infantil, la semi-esclavitud y la siniestralidad laboral.

En esta dinámica, las enfermedades producidas por el alto grado de toxicidad en la producción textil, la maquila, la agricultura y la minería se han disparado en los 30 años recientes. El cáncer y las dificultades respiratorias amenazan diariamente la vida de cientos de miles de trabajadores. Lugar destacado ocupan los homicidios laborales, donde la responsabilidad del empresario se encubre bajo la doctrina de abaratar costos y maximizar beneficios. El resultado: muertes sin juzgar, donde se culpa al trabajador y se exonera al empresario, ser impoluto y generador de riqueza. Son los Slim en México; Fernando Flores y José Luis Piñera en Chile; Cisneros en Venezuela, o Pelas en Nicaragua. Pero para el homicidio de un trabajador, encubierto eufemísticamente bajo la denominación genérica de accidente laboral, la ley no prevé responsabilidades civiles y penales subsidiarias. Los empresarios no irán a la cárcel por un delito de imprudencia temeraria.

El capitalismo neoliberal se construye sobre las manos, los pies, los ojos, las orejas y los senos amputados a los trabajadores en acto de servicio, en el tajo, mientras laboraban con peligrosidad y sin la debida protección. Ellos, no otros, sufragan mansiones y la vida de placer y lujo de los multimillonarios, prologados por Carlos Fuentes. Son tantas las mediaciones, que se pierden los vínculos existentes entre capitalismo y explotación.

Presenciamos la destrucción de la ciudadanía. Asistimos a una desarticulación del ejercicio democrático. El liberalismo político arraigado en la teoría de la justicia distributiva y la desigualdad positiva no cumple con sus promesas. El mercado no genera consumidores responsables, solidarios y competitivos. Tampoco garantiza una movilidad social ascendente. Ni la educación es sinónimo de mejora en estatus y calidad de vida. Los mas preparados desempeñan trabajos por debajo de su cualificación. Las nuevas tecnologías requieren robots alegres, de comportamientos simples y disciplinados. El conocimiento no es buen compañero de viaje, supone crítica. El estado social de derecho concebido desde el mercado es un fraude. Existe una gran distancia entre su teoría y su práctica. Las tesis de Hayek, Von Mises, Rawls y sus acólitos son mitos políticos. Ninguna de las premisas del neoliberalismo se cumple. No hay país en el mundo donde se practique y se obtengan los resultados previstos.

La realidad del neoliberalismo y sus ideas emanadas de la teoría de juegos, el pensamiento sistémico y la sociobiología, sólo pudo imponerse por la fuerza a partir de los años 70 del siglo XX, y hoy se mantiene por la violencia. Fracasa en todos los ordenes: el económico, el político, el social, el cultural. No hay por donde cogerlo. Reagan, Teacher, Pinochet, Salinas de Gortari, Felipe González, Carlos Andrés Pérez, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Ménem, Berlusconi o Aznar, tanto monta, monta tanto. Sean neoconservadores, democristianos, socialdemócratas, progresistas o de centro, fue su anticomunismo y la lucha contra el imperio del mal en tiempos de guerra fría su punto de unión. La caída del muro de Berlín simbolizó el triunfo ideológico y político de una generación anti-comunista. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, el anticomunismo se ha transformado en el gran escudo que encubre el fracaso del neoliberalismo. Se trata de alquimia pura. Convierten plomo en oro.

Si el anticomunismo modificó el itinerario del pensar y actuar de las sociedades occidentales, el neoliberalismo destruye ideas, gobiernos, instituciones, organizaciones y personas cuyo ideario socialista afecte la refundación neo-oligárquica del poder y ponga en cuestión el orden cultural del capitalismo occidental. La lucha se realiza en todos los frentes. No hay distingos. El proceso es complejo. Se trató de evitar el triunfo de la izquierda a cualquier precio. Golpes de Estado, guerras, procesos desestabilizadores, bloqueos, invasiones, asesinatos políticos. Sin olvidar la ilegalización de partidos, las torturas, los encarcelamientos, los acuerdos con la mafia, el cohecho, la corrupción. El mundo entero. Asia, Africa, Europa del este, América latina y Oceanía. Mientras tanto la Europa comunitaria, los países de la OTAN y los aliados estratégicos, se emplean a fondo en las transformaciones. El proceso de cambio social se renombra bajo el apelativo genérico de modernización del estado y liberalización económica. El proyecto se construye descalificando la izquierda política y social, a los sindicatos obreros, a los intelectuales y desahuciando el centro de producción del conocimiento y el debate teórico: a las universidades públicas, ahogandolas financieramente.

Pero todo tiene solución. Si la realidad es tozuda, se modifica estadísticamente. Datos manipulados y cifras macroeconómicas avalan el modelo. El cómo lo hacen es simple. Quienes buscan empleo por primera vez nunca han estado empleados, por ello no pueden estar en las listas del desempleo. Las triquiñuelas son muchas. La sociología estadística aporta los argumentos de la mentira. Pero la población se muere de hambre, la sanidad se privatiza y los servicios sociales disminuyen. Los neoliberales deberían aplicarse el cuento. Al igual que criticaron con vehemencia el comunismo por no cumplir con el principio de unidad entre teoría y práctica, deberían ser coherentes y concluir que tras 500 años de capitalismo en sus diferentes modalidades, incluido el neoliberalismo, su doctrina es un fracaso, ya que no hay congruencia entre su teoría y su practica. Con el agravante que lo existente en los países del Este no era por definición ni comunismo ni socialismo. Cuestión que no sucede con el capitalismo. ya que sus hacedores no reniegan de éste. Por el contrario, están orgullosos de sus logros.

Marcos Roitman Rosenmann

La Jornada – 27 de agosto de 2006

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Comprar el sector público

Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, abril del 2006.

El que el sector público sea comprado por el sector privado para que aquél se convierta en propiedad de éste y funcione como un negocio cualquiera, supone cambios drásticos en el planteo inicial del liberalismo, puesto que éste postulaba que las instituciones públicas son la piedra angular sobre la que descansan todos los logros de una democracia liberal. Al comprar el Estado mediante la compra de sus propiedades, el sector privado compra también la actividad política y convierte a los políticos en actores, a los electorados en consumidores de un espectáculo, y a la democracia en mero espacio de mercadeo.Si por un lado la libertad de escoger se reduce a una siempre creciente posibilidad de escogencia entre productos para consumir, por el otro, el mismo consumo está íntimamente ligado a las identidades de los consumidores, al extremo de que los expertos en mercadeo ya no definen las clases sociales por las propiedades materiales, las profesiones o el ingreso de las personas, sino por el tipo de productos que consumen. Para ellos no hay ricos ni pobres; sólo existen quienes tienen más o menos recursos para comprar el producto que interesa venderles. Si lo que interesa vender es un candidato a presidente, se contrata a un "experto en imagen pública", el cual se encarga de estudiar el mercado y entonces el producto se lanza con la debida publicidad.Toda esta locura plantea a su vez otro problema: ¿quién va a querer mantener con su dinero a las instituciones públicas? Sin duda, los pobres no podrán hacerlo, pues el Estado ya no se encargará en lo más mínimo de ellos, y las capas medias cada día están menos capacitadas para mantener su nivel de vida y de consumo como para pensar en contribuir al funcionamiento de una esfera pública que ha sido comprada por el sector privado y que funciona como una gerencia.Lo cierto es que el ideal del sector privado neoliberal que quiere comprar el sector público para convertirlo en espacio de mercadeo, consiste en que las ciudadanías dejen de serlo y pasen a convertirse en comunidades de consumidores debidamente marcados y clasificados según el producto que se les puede destinar para su consumo. La vida se torna así un perpetuo hecho de mercadeo, y la política en una mercancía más, con variantes y marcas diferenciadas para todos los gustos, aunque casi siempre, en lo referido a este producto, las variantes suelen ser dos versiones de lo mismo, como ocurre con la posibilidad de escoger entre Coca y Pepsi Cola.En este contexto, las marcas devienen el signo distintivo de las identidades de los consumidores, al extremo de que incluso el consumo de agua natural embotellada define hoy por hoy las personalidades de quienes la beben. Así, la marca tal resulta de sabor demasiado metálico para ciertos gustos, y la marca tal y cual demasiado salada o desabrida, según.Lo curioso de todo esto es que a pesar de que los resultados desastrosos de este febril concepto de modernidad y progreso están a la vista, las elites neoliberales de los países tercermundistas siguen necias con el modelito. Y sorprende más aún que persistan con tanta terquedad en lo mismo a pesar no sólo de los desprecios que reciben de los sectores corporativos del primer mundo, que ven en ellos a menudo un obstáculo para sus planes globalizadores, sino del fracaso mundial de la doctrina del fundamentalismo de mercado, que se agudiza particularmente en América Latina, en donde los giros políticos hacia izquierdas inéditas están a la orden del día, lo cual está revitalizando los movimientos sociales por tanto tiempo vendidos a la cooperación internacional y abriendo las puertas de la historia a una era posneoliberal que valida con creces el hecho de que, como decía el poeta, "alguien tuviera que caer para que no cayera la esperanza".Comprar (o vender) el sector público es precisamente lo que intentará hacer Óscar Arias en Costa Rica, ante lo cual es de esperar que su ciudadanía siga oponiéndose férreamente, como hasta ahora, a perder las conquistas sociales que la diferencian de las del resto de Centroamérica.

Categorías:Opinión, Privatización