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Archive for the ‘Coop. Internacional’ Category

La realidad de demasiadas ONG´S

15 marzo 2010 1 comentario

La ONG-ización de la política – Arundhati Roy (ver aquí)

Sería fácil tergiversar lo que estoy a punto de decir como una acusación a todas las ONG. Esa sería una falsedad. En las aguas turbias de falsas ONG (Organizaciones No Gubernamentales) organizadas para desviar donaciones o para evadir impuestos (en los estados indios como Bihar, se las da como dote), por supuesto hay ONG que están haciendo un trabajo valioso. Pero es importante considerar el fenómeno de las ONG en un contexto político más amplio.

En India, por ejemplo, la explosión de ONG que recibían fondos comenzó a finales de los 1980 y en los 1990. Coincidió con la apertura de los mercados de India al neo-liberalismo. En ese tiempo, el Estado indio, para obedecer los dictados de los ajustes estructurales, estuvo retirando fondos del desarrollo rural, la agricultura, la energía, el transporte y la salud pública. Como el Estado renunció a su rol tradicional, las ONG se movieron a trabajar en estas áreas. La diferencia, por supuesto, es que los fondos disponibles para ellas son una fracción minúscula del recorte actual en gasto público.

La mayoría de las grandes ONG que reciben fondos son financiadas y patrocinadas por agencias de ayuda y desarrollo, que a su vez reciben fondos de gobiernos de occidente, del Banco Mundial, de la ONU y de algunas corporaciones multinacionales. Aunque puede que no sean lo mismo que estas agencias, son ciertamente parte de la misma formación política amorfa que supervisa el proyecto neo-liberal y demanda el recorte drástico en los gastos del gobierno en primer lugar.

¿Por qué deberían dar fondos estas agencias a las ONG? ¿Podría ser el viejo entusiasmo misionero? ¿Sentimiento de culpa? Es un poco más que eso. Las ONG dan la impresión de que están llenando el vacío creado por un Estado ausente. Y lo están, pero en una forma materialmente inconsecuente. Su contribución concreta es calmar la furia política y distribuir como ayuda o benevolencia lo que la gente debería tener por derecho.

Alteran la psique pública. Transforman a la gente en víctimas dependientes y amellan el filo de la resistencia política. Las ONG forman una especie de amortiguador entre el sarkar (el gobierno) y el público. Entre el Imperio y sus súbditos. Se han vuelto los árbitros, los intérpretes, los facilitadores.

De fondo, las ONG son responsables ante quienes las financiaron, no ante el pueblo entre el que trabajan. Son lo que los botánicos llamarían una especie indicadora. Es casi como si mientras más grande la catástrofe causada por el neo-liberalismo, más grande el florecimiento de las ONG. Nada ilustra esto de forma más vívida que el fenómeno de los Estados Unidos que prepara la invasión de un país y que simultáneamente prepara a las ONG para ir y limpiar el desastre.

Para asegurar que sus fondos no sean puestos en peligro y que los gobiernos de los países donde trabajan las dejen funcionar, las ONG tienen que presentar su trabajo en un marco superficial más o menos desprovisto de un contexto político o histórico. En todo caso, de un contexto político o histórico inconveniente.

Los informes apolíticos (y por tanto, de hecho, extremadamente políticos) acerca de la necesidad de ayuda en los países pobres y zonas de guerra con el paso del tiempo hacen que la gente (oscura) de esos países (oscuros) se vean como víctimas patológicas. Otro indio desnutrido, otro etíope muerto de hambre, otro campo de refugiados afgano, otro sudanés mutilado? necesitados de la ayuda del hombre blanco. Inconscientemente refuerzan los estereotipos racistas y reafirman los logros, las comodidades y la compasión (el amor duro) de la civilización occidental. Son los misioneros seculares del mundo moderno.

Finalmente, en una escala más pequeña pero más insidiosa, los dineros disponibles para las ONG juegan el mismo rol en política alternativa que el capital especulativo que sale y entra de las economías de los países pobres. Comienza a imponer la agenda. Convierte confrontación en negociación. Despolitiza la resistencia. Interfiere con los movimientos populares que han sido tradicionalmente autosuficientes.

Las ONG tienen fondos que pueden darle empleo a personas locales que en otra situación pueden ser activistas en movimientos de resistencia, pero que ahora pueden sentir que están haciendo algo bueno inmediato, creativo (y que se ganan la vida mientras lo hacen). La auténtica resistencia política no ofrece esos atajos.

Una economista africana ataca las ayudas al Tercer Mundo

19 febrero 2010 1 comentario

La economista africana Dambisa Moyo ha sacudido los cimientos del pensamiento progresista políticamente correcto. En su libro Dead Aid rechaza las ayudas económicas de los países más desarrollados porque estas inyecciones de dinero son las que están hundiendo al continente africano.

“La ayuda que mata” (Dead Aid) es el título de un libro controvertido que no dejará indiferente a ninguna persona que lo lea, y mucho menos si lo descubre alguno de los economistas de pensamiento neokeynesiano que inundan el análisis actual sobre las soluciones para salir de la crisis económica.

Su autora, Dambisa Moyo, rechaza las críticas a Occidente de personajes tan mediáticos como Bono, el cantante de U2, o Bob Geldof, que se han caracterizado por pedir ayudas directas al continente africano para que pueda salir de la pobreza extrema en la que está inmerso.

La tesis principal del libro es que la ayuda de los países occidentales está matando a África. Una vez superado el rechazo inmediato que genera este argumento en nuestras mentes inundadas por el pensamiento progresista políticamente correcto la economista africana justifica su enfoque con sólidos argumentos.

Moyo aboga por detener las ayudas económicas a los países africanos, excepto en caso de calamidades o catástrofes puntuales (como sucede cuando hay un terremoto o una sequía en el primer mundo), dejando que el continente construya una economía propia en el curso de los próximos cinco años.

El principal argumento de la economista para abolir la actual estructura de ayudas es que la mayoría de gobernantes africanos siguen en sus puestos porque el dinero sigue llegando desde Occidente.

Los responsable políticos (en su mayoría tiranos o dictadores disfrazados de demócratas) no están obligados a mantener y mejorar las infraestructuras de sus países respectivos, porque se da por hecho que no tienen capacidad para ello.

De esta forma los dirigentes africanos no tienen responsabilidad alguna de lo que pasa y pueden seguir empleando el dinero en lo que les parezca oportuno, siempre ligando el gasto a su beneficio personal.

En cuanto a los habitantes, sólo pueden sobrevivir gracias a la caridad, no aportan nada a las economías de los países y carecen de la mentalidad adecuada para exigir a sus gobernantes que cumplan con sus deberes.

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Ética de la victimización

24 febrero 2007 1 comentario

Mario Roberto Morales
La Insignia. Guatemala, febrero de 2007.

La autovictimización es cómoda y agradable. La persona que se victimiza se ubica en un espacio imaginario que le confiere automáticamente “la razón” y las consideraciones incondicionales de otras personas. Pero hay que decir que aparte son las víctimas y aparte los victimizados. A veces, las victimas se autovictimizan. Otras, tienen la suficiente dignidad como para no hacerlo. Estas son las víctimas admirables y ejemplares, como es el caso, por ejemplo, de Nelson Mandela. Los autovictimizados que no han sido víctimas necesitan crearse un victimario. Esta táctica es moneda corriente hoy día y forma parte de la agenda de muchos de los llamados “nuevos movimientos sociales”, en especial los inscritos en las ideologías multiculturalistas, que buscan integrar a las subalternidades elitistas en la dominación, imitando cada vez más a sus verdugos.

Las personas autovictimizadas reciben asistencia, dinero, apoyos y solidaridades incondicionales de multitud de personas conmovidas en su mala conciencia culposa, de modo que el acto de autovictimizarse tiene la enorme ventaja de proporcionar a sus protagonistas un modus vivendi muy por encima de los salarios mínimos. Otra de las ventajas de la autovictimización es que permite evadir la discusión racional y científica, sustituyéndola por la emotiva acusación hacia el victimario, provocando con ello que quienes solidarizan con la filosofía de la autovictimización eximan a la supuesta víctima victimizada del deber de discutir lo que haya que discutir en términos racionales. De ahí que sea mucho más fácil y cómodo para un autovictimizado y para sus solidarios acusar a alguien de racista o sexista, que discutir con él o ella los hechos concretos que lo llevan a proferir tal acusación.

Y bien, ¿a qué apelan los autovictimizados cuando crean o bien magnifican a su victimizador y lanzan su queja? Apelan a la culpa y al miedo, dos emociones que articulan muchas de las llamadas “actitudes éticas y morales” de esta época y de todas las épocas. Hacer sentir a alguien culpable es algo relativamente fácil, y hay personas con especiales habilidades para lograrlo. Asustar a la gente con hecatombes y holocaustos también lo es. Y ambos expedientes son usados por el victimismo. La culpa, para incitar la solidaridad en personas que por conflictos neuróticos se echan encima los males de la humanidad; el miedo, para asustar con la posibilidad de que los victimizados se alcen al unísono, como los pájaros de Hitchcock, y nos coman. En realidad, hay muy pocas cosas en la vida tan fáciles como victimizarse. Y tan lucrativas. Pero victimizarse no es lo mismo que ser víctima, ya lo dijimos. La víctima no siempre se victimiza porque a menudo no ha perdido dignidad.

La autovictimización ha rendido buenos frutos como táctica subalterna de sobrevivencia y lucha. Pero se torna problemática cuando ciertas elites especializadas en su ejercicio quieren sustituir el debate, la discusión y la objetividad de los hechos concretos con el discurso y la versión facilones de la victimización. Esto, a la larga, no favorece las causas de estas elites porque evadir la confrontación intelectual abierta para acusar al otro de racista o sexista es indigno y cobarde, además de que demuestra incapacidad reflexiva y argumentativa, es decir, falta de vigor intelectual y moral en las elites que viven de este discurso y que suelen refugiarse en el oenegismo parasitario de la cooperación internacional.

Se sabe que la moral burguesa confunde la caridad y la beneficencia con la justicia social o igualdad de oportunidades. Y, por lo que se ve, los “nuevos movimientos sociales” lo hacen también, pues algunos de sus dirigentes se pasan la vida apelando a la caridad y la beneficencia burguesas, y manipulando la situación concreta de las masas en cuyo nombre se victimizan y extienden la mano, para que culposos funcionarios internacionales y miedosos ciudadanos nacionales, se solidaricen con su peculiar manera de ganarse la vida.

Cedar Falls (EEUU), 20 de noviembre de 1999.

Las víctimas invencibles

18 noviembre 2006 Deja un comentario

Quien extrae su entereza de la capacidad de victimizarse, ha hecho de su condición de perdedor una virtud que propone ejemplar, convirtiendo a quienes lo emulan en un conglomerado de”dignos” mendigos insolentes.
La victimización como criterio de verdad o garantía de que “se tiene la razón”, es una de las grandes estafas derivadas de la sustitución que las buenas conciencias suelen hacer de la igualdad de oportunidades (o justicia social) con la beneficencia o caridad por medio de las que expían incómodos sentimientos de culpa derivados de la contradicción que anima el ejercicio fariseo de la moral cristiana. ¿Cómo no percatarse de que todo movimiento basado en la victimización como táctica para acumular poder a fin de llegar a dominar, está condenado afortalecer la conciencia perdedora?

El éxito de la cooperación internacional en países en los que la institucionalidad democrática es tan débil que no puede ni siquiera planificar su propio desarrollo económico y político, se debe, en primerísimo lugar, a los financiamientos que palian la creciente depauperación de ciertas capas medias intelectualizadas, pero también, y en grado no menos importante, a la cómoda ideología de la victimización que -envuelta en ropajes puritanos, conductistas y “políticamente correctos”- es entregada como evangelio a las subalternidades más oportunistas, de modo que en amplios sectores populares se interioriza cada vez más la noción de que ser víctima no es algo indeseable que debe ser superado para seguir viviendo con dignidad, sino una condición honrosa de la que no es conveniente deshacerse, so pena de perder una facilona identidad que garantiza el respeto lastimoso de quienes jamás tuvieron el privilegio de ser vejados.

Cioran, quien reflexionó sobre el ser humano sin hacerle concesiones melodramáticas, dice en uno de sus punzantes aforismos que: “La única forma de soportar revés tras revés es amando la idea misma del revés. Si se logra, no hay más sorpresas: se es superior a todo lo que ocurre, se es una víctima invencible”. Este astuto mecanismo, que hace amar la propia desgracia tornándola ilusoria fuente de dignidad, es uno de los más socorridos recursos para justificar la consecución sin reglas de muchos intereses creados. Pienso ahora no sólo en las sangrientas victimizaciones que los dirigentes fundamentalistas han insuflado en amplios sectores de los pueblos semitas palestino e israelí, sino también en la que la cooperación internacional y sus cuadros etnocéntrico-esencialistas propagan en las comunidades indígenas de América Latina, debidamente financiadas desde fuera y, por ello, totalmente dependientesdel asistencialismo superiorista dominante.

Cuando se observa la catarata de congresos, conferencias, diálogos, conversatorios y diagnósticos acerca de las subalternidades tercermundistas, no se puede dejar de advertir que el eje de sus reivindicaciones reside en una orgullosa condición de víctima. Y aquí debo aclarar que ser víctima no es lo mismo que victimizarse. Lo primero tiene que ver con una situación involuntaria y aciaga cuya superación se nos presenta como necesaria para recuperar la dignidad perdida en el hecho victimizador, y lo otro tiene que ver con una actitud voluntaria, aprendida y repetitiva que sustituye la dignidad humana por una astucia oportunista basada en un cínico gusto por la propia inutilidad, por la propia voluntad de perder.

Hay pueblos a los que les ha ido mal durante siglos, eso es innegable. La pregunta pertinente sería si ese hecho, doloroso en sí mismo, es razón suficiente para adoptar la victimización como divisa identitaria, legitimadora y cohesiva del grupo social. La dialéctica de la victimización, que justifica la conversión de la víctima en victimario, es azuzada por ciertas religiosidades, con lo que le dan vida a ese sombrío ejército de “víctimas invencibles” que se rasga las vestiduras en público para mayor gloria y fortalecimiento de la dominación contra la que afirma rebelarse.

 

Guatemala, 10 de noviembre del 2006.
Mario Roberto Morales
La Insignia.

Misterio: Por qué la riqueza crea pobreza en el mundo

15 noviembre 2006 1 comentario

Hay un “misterio” que debemos explicar: ¿Cómo es posible que si las corporaciones han realizado inversiones, y la ayuda extranjera y los préstamos internacionales a los países pobres se han incrementado de manera extraordinaria por todo el mundo en la última mitad del siglo, también lo haya hecho la pobreza? El número de personas viviendo en la pobreza está creciendo en un porcentaje más rápido que la población mundial. ¿Qué conclusión podemos sacar de todo esto?

En la última mitad del siglo, las industrias y los bancos de Estados Unidos (y otras corporaciones occidentales) han invertido grandes cantidades en las regiones pobres de Asia, África y América Latina, conocidas como “el tercer mundo”. Las transnacionales están unidas por los ricos recursos naturales, las altas ganancias que vienen de salarios bajos y la casi total ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales y gastos para la seguridad en el trabajo.

El gobierno de Estados Unidos ha subvencionado esta fuga de capitales otorgando a las corporaciones exenciones en los impuestos sobre sus inversiones en el extranjero e incluso pagando algunos de sus gastos de reubicación, para indignación de los sindicatos aquí en casa que ven evaporarse sus trabajos.

Las transnacionales han echado del tercer mundo a los negocios locales y han controlado sus mercados. El cartel estadounidense del comercio agrario, subsidiado de manera extraordinaria por los contribuyentes, envía sus productos excedentes a otros países a bajo precio y hunde a los agricultores locales. Como Christopher Cook describe en su “Dieta para un planeta muerto”, expropian las mejores tierras en estos países para cosechas por dinero (cash-crop) para la exportación, normalmente de monocultivos que requieren gran cantidad de pesticidas, dejando cada vez menos acres para el cultivo de los centenares de variedades de cosechas orgánicas que alimentan a la población local.

Desplazando a la población local de sus tierras y robándoles su autosuficiencia, las corporaciones crean unos mercados laborales superpoblados de gente desesperada a los que se les fuerza a vivir en barrios de chabolas y a trabajar por un salario miserable (cuando pueden conseguir trabajo), a menudo violando las propias leyes del país sobre salarios mínimos.

En Haití, por ejemplo, corporaciones gigantes como Disney, Wal-Mart y J. C. Penny pagan a sus trabajadores 11 centavos por hora. Los Estados Unidos es uno de los pocos países que se ha negado a firmar una convención internacional para la abolición del trabajo infantil y forzado. Esta postura se deriva de las prácticas de las grandes corporaciones estadounidenses respecto del trabajo infantil a lo largo y ancho del Tercer Mundo, e incluso en el seno de los propios Estados Unidos, donde niños de sólo 12 años sufren una alta proporción de accidentes y fallecimientos mientras que reciben un salario muy a menudo inferior al mínimo.

Los ahorros que los grandes negocios obtienen de una mano de obra barata en el extranjero no se traducen en precios más bajos para los consumidores de otros sitios. Las corporaciones no contratan mano de obra en regiones lejanas para que los consumidores en Estados Unidos puedan ahorrar dinero. Los contratan para incrementar su margen de beneficios. En 1990, los zapatos que hacían en Indonesia niños que trabajaban doce horas al día por 13 centavos a la hora, costaban solamente dos dólares sesenta centavos pero se vendían en Estados Unidos por cien dólares o más.

La ayuda exterior de los Estados Unidos va unida a la inversión transnacional. Subvenciona la construcción de las infraestructuras que necesitan las corporaciones en el Tercer Mundo: puertos, autopistas y refinerías.

La ayuda que se entrega a los gobiernos del Tercer Mundo viene con muchas ataduras. A menudo se debe gastar en productos estadounidenses y a la nación que la recibe se le exige dar preferencia a las inversiones de compañías de los Estados Unidos, substituyendo el consumo de mercancías y alimentos locales en favor de los importados, creando más dependencia, hambruna y deuda.

Una buena porción de la ayuda monetaria, nunca ve la luz publica, yendo directamente a las arcas personales de los funcionarios corruptos de los países que la reciben.

Ayuda (o algo parecido) llega también de otras fuentes. En 1944, las Naciones Unidad crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El poder de voto en las dos organizaciones está determinado por las contribuciones financieras de cada país. Estados Unidos, en tanto que mayor “donante”, tiene la voz cantante, seguido de Alemania, Japón, Francia y Gran Bretaña. El FMI opera en secreto con un selecto grupo de banqueros y funcionarios de los ministerios de economía seleccionados, en su mayoría, en las naciones más ricas.

El Banco Mundial y el FMI se supone que ayudan al desarrollo de las naciones. Lo que realmente pasa es otra historia. Un país pobre pide un préstamo del Banco Mundial para mejorar algunos aspectos de su economía. Si fuera incapaz de pagar los grandes intereses debido a un descenso de las ventas de exportación o por cualquier otro motivo, se verá obligado a pedir prestado de nuevo, pero esta vez del Fondo Monetario Internacional.

Pero el FMI impone un “Programa de ajuste estructural” (SAP, por sus siglas en inglés) que requiere que los países deudores otorguen beneficios fiscales a las corporaciones transnacionales, reduzcan salarios y no hagan ningún intento por proteger a las compañías locales de los importadores extranjeros y de las adquisiciones extranjeras. Presiona a las naciones deudoras para que privaticen sus economías, vendiendo a compañías privadas y a precios escandalosamente bajos sus minas, ferrocarriles y servicios públicos pertenecientes al estado.

Se ven forzados a abrir sus bosques a la tala y sus tierras para minas a cielo abierto sin ninguna consideración por el daño ecológico causado. Las naciones deudoras también deben recortar sus subvenciones a la salud, la educación, el transporte y los alimentos básicos, gastando menos en su población para tener más dinero y poder hacer frente a los pagos de la deuda. Como se les requiere para desarrollar una agricultura orientada a la exportación, se ven cada vez menos capacitados para alimentar a su propia población.

Ésta es la razón por la que por todo el tercer mundo los salarios reales han disminuido y la deuda nacional ha crecido hasta un punto en que los pagos de la deuda absorben casi todas las ganancias de las exportaciones de los países mas pobres, lo que crea un mayor empobrecimiento al dejar al país deudor menos capacitados para proveer a la población de sus necesidades.

Por lo tanto, así hemos explicado un “misterio”. Por supuesto ese misterio no existe si no te adhieres a la mistificadora teoría del “goteo” [teoría liberal en función de la cual la acumulación de riqueza en las capas altas de la pirámide de población acaba provocando el “goteo” de riqueza hacia las capas inferiores. La imagen típica es la de la pirámide de copas en la que, tras llenarse la superior, rebosa y va llenando las inferiores. N.d T.]. ¿Por qué se ha profundizado la pobreza mientras que las ayudas extranjeras, prestamos e inversiones han crecido? Respuesta: Los prestamos, inversiones y la mayoría de las ayudas están diseñadas no para luchar contra la pobreza sino para aumentar la riqueza de los inversores transnacionales a expensas de la población local.

No hay un goteo sino un sifón ascendente desde la mayoría que trabaja duro hacia la minoría de adinerados.

En su perpetua confusión, algunos críticos liberales concluyen que la ayuda exterior y los ajustes estructurales del FMI y del Banco Mundial “no funcionan”; el resultado final es menos autosuficiencia y más pobreza para las naciones que los reciben, señalan estos críticos. ¿Por qué entonces los estados miembros ricos siguen financiando al FMI y al Banco Mundial? ¿Son sus líderes menos inteligentes que los críticos que les continúan señalando que su política está produciendo el efecto contrario?

No, son los críticos los que son estupidos y no los líderes y los inversores occidentales, los cuales poseen tanto de este mundo y disfrutan de tan inmensa riqueza y su éxito. Continúan con sus programas de préstamos y ayuda extranjera porque estos programas funcionan. La pregunta es ¿funcionan para quien? ¿Ciu bono?

Las intenciones detrás de sus programas de inversiones, préstamos y ayudas no son mejorar a las masas en otros países. Esto no es verdaderamente el negocio en el que están. El propósito es servir los intereses de la acumulación global de capital, apropiarse de las tierras y las economías locales de la gente del Tercer Mundo, monopolizar sus mercados, disminuir sus salarios, esclavizar su trabajo con deudas enormes, privatizar su sector de servicios públicos e impedir que estas naciones emerjan como competidores comerciales no permitiendo que se desarrollen normalmente.

Con respecto a esto, las inversiones, la ayuda extranjera y los ajustes estructurales funcionan realmente bien.

El verdadero misterio es: ¿Por qué algunas personas creen que este análisis es muy improbable, una conspiración inventada? ¿Por qué son tan escépticos en creer que los gobernantes de los Estados Unidos, con conocimiento y deliberadamente, ejercen esta política despiadada (suprimir salarios, derogar la protección medioambiental, eliminar el sector publico, cortar servicios humanos) en el Tercer Mundo?. ¡Estos gobernantes están haciendo exactamente la misma política aquí en nuestro propio país!

¿No creen que ha llegado la hora de que estos críticos liberales dejen de pensar que la gente que posee gran parte del mundo (y lo querría poseer todo) son “incompetentes” o “desacertados” o que “no ven las consecuencias no intencionadas de su política”? No estás siendo muy inteligente si piensas que tus enemigos no son tan listos como tú. Ellos saben dónde están sus intereses y también nosotros debemos saberlo.

  • Título original: Mystery: How Wealth Creates Poverty in the World
  • Autor: Michael Parenti

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La cooperación internacional ante el espejo

10 abril 2006 1 comentario

Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, marzo del 2005.

En las recientes actividades consultivas de la cooperación internacional se nota un esfuerzo desesperado por analizarse a sí misma y enmendar excesos cometidos en las últimas dos décadas. Por fin está a la vista la aceptación de la necesidad de explicar cómo funciona el mecanismo de erogación y asignación de fondos internacionales para proyectos locales en el tercer mundo, así como los criterios que animan la elección de las necesidades sociales que esos fondos se proponen aliviar. También se nota un esfuerzo notable por salir de la confusión causada por el impulso de políticas multiculturalistas como motor de los movimientos étnicos, de modo que ahora se busca teorizar también la cultura de los grupos que no tienen necesidad de echar mano de sus identidades etnoculturales para abrirse espacios políticos que les sirvan de plataforma reivindicativa. Como es natural, después de veinte años de multiculturalismo y "corrección política", la flexibilidad ideológica que se observa tanto en actores sociales como en intelectuales ligados a los fondos internacionales, sorprende, por decir lo menos, ya que abundan las invitaciones a reuniones consultivas en las que los propietarios de proyectos muy bien financiados toman profusas notas de lo que dicen quienes nunca han teorizado a sueldo, y hasta los toman en cuenta para pedirles su parecer en relación a los puntos de debate más importantes.

He podido asistir a más de una de estas reuniones consultivas, a las que durante varios años no fui invitado, y me ha sorprendido constatar que ideas que he venido desarrollando públicamente desde 1992, ahora tienen una recepción serena, sin reacciones airadas ni ataques "políticamente correctos". Si no fuera por el dinero y el tiempo desperdiciados en los pasados veinte años, el balance de este giro ideológico de la cooperación internacional y sus agentes locales sería absolutamente positivo. Pero cuando uno piensa en la liviandad con la que se abrazaron dogmas metodológicos que siempre fueron rebasados con mucho por la realidad que pretendían explicar, no se puede menos que temer que este giro de apertura y flexibilización pueda convertirse en otro dogma, en otra "corrección política", en otro recetario de manual para ser seguido al pie de la letra.

Probablemente, el Informe de Desarrollo Humano de Guatemala 2005, que el PNUD publicará en el 2006, vaya a constituir la medida que podrá indicarnos hasta dónde los cambios que se evidencian en la actualidad rendirán frutos cognoscitivos y políticos ecuánimes y viables, y hasta qué punto es posible que una nueva retórica sustituya a la que pervive todavía en algunas mentalidades esencialistas.

Sin duda, hace falta reescribir la historia del país como una historia intercultural y, sobre todo, historizar la formación y manipulación política de las nociones culturales e identitarias que nos separan y diferencian, a menudo ilusoriamente, explicándonos los mecanismos económicos y sociales en que las diferencias culturales se han ido articulando en el tiempo, hasta conformar el ensamblaje de mestizajes diferenciados que nos constituyen como unidad diversa. Estos mestizajes son desconocidos por nosotros mismos, sumidos como vivimos en el atraso de nociones esencializadas de identidad y cultura, viviendo la ilusión de la "diferencia radical" que sólo existe en la mente de quienes se ocultan la incapacidad de nombrar las mezclas que nos diferencian y asemejan, y que desbordan con mucho las obsoletas categorías coloniales de indios, ladinos y criollos.

Dando una vuelta hoy y otra mañana, como las ruedas de la carreta de Asturias en Leyendas de Guatemala, el debate interétnico avanza. Ojalá se produzca un cambio radical de política en la cooperación internacional, para que sus fondos se pongan finalmente al servicio de la democratización intercultural de este país y no se agoten en proporcionar una comodona vida clasemediera a los burócratas extranjeros, los dueños locales de las oenegés y algún representante de la población a la que supuestamente va dirigido el esfuerzo. Si la cooperación internacional es capaz de dar un giro de esta naturaleza, su influencia trascendería la mera injerencia foránea en asuntos internos para convertirse en un genuino apoyo al desarrollo humano, con la cual honraría la letra que anima sus fines, metas y objetivos.

Como la esperanza es lo último que se pierde, esperaremos a ver si se impone la sensatez o la estulticia.

Categorías:Coop. Internacional