1984 se acerca peligrosamente

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No puede sorprendernos que la respuesta del gobierno español a los abusos policiales cometidos en Valencia sea precisamente la voluntad de incrementar la ‘‘protección’’ de la policía frente a los manifestantes. El sistema se encuentra en plena crisis, tanto económica como política, y su reacción es, naturalmente, protegerse contra el consabido enemigo. Debemos tener muy presente que los países occidentales en los que la crisis es más virulenta suponen el eslabón más débil del conjunto del sistema capitalista, ya que pueden ser, precisamente, la punta de mecha por la que la llama empiece a prender.

Nos enfrentamos, en definitiva, a unos recortes de derechos laborales y civiles sin precedentes en el contexto de las democracias liberales de Occidente. Los abanderados de éstas, los Estados Unidos de América, liderados por el ínclito (nótese la ironía) Barack Obama, amenazan con 10 años de cárcel a quienes protesten sin autorización del Gobierno. Otro síntoma del pretendido control sobre las masas es el cerco que se va tejiendo sobre Internet, uno de los pocos espacios que escapan al control del poder. Las caretas se van cayendo. Por si esto fuera poco, resulta que los abanderados de la democracia son los mismos que tienen un campo de concentración en el que se tortura a personas que ni siquiera han sido juzgadas so pretexto de la ‘‘guerra contra el terror’’, los mismos que se sustentan en una pantomima democrática hecha por y para las corporaciones, los mismos que tienen a casi el 1% de su población adulta encarcelada, los mismos que ejecutan legalmente a personas inocentes, los mismos que patrocinan acciones terroristas contra quienes no se someten a su voluntad, los mismos que niegan la atención médica a los más desfavorecidos y así podríamos continuar hasta el infinito.

Estos últimos 12 años han servido para preparar el terreno. Han sido años de guerra continua con las invasiones de Afganistán, Iraq y Libia; de intervenciones, encubiertas o no, en diferentes puntos del globo; de apoyo político y militar a los gobiernos genocidas de Israel. Hemos podido ver todo tipo de aberraciones humanitarias realizadas o apoyadas por los autoproclamados defensores de la libertad: torturas a presos de guerra, el asesinato de un jefe de Estado, matanzas indiscriminadas de civiles, profanación de cadáveres, el asesinato de miles de niños palestinos y un largo etcétera. Estas intervenciones estuvieron impulsadas por una serie atentados terroristas que fueron, probablemente, de bandera falsa. Sin ir más lejos el que fuera ministro de Defensa alemán y responsable de Inteligencia, Andreas von Bulow, apunta directamente a la CIA como autora de los atentados del 11S. Conociendo el historial de la CIA y la OTAN, probada su implicación en la red terrorista Gladio, esta es una posibilidad que no parece descabellada. Recordemos que la red Gladio fue responsable, entre otras, de la matanza de Bolonia (1980) en la que 85 personas perdieron la vida, acción que en su momento fue atribuida a las Brigadas Rojas. Si tenemos en cuenta los resultados materiales de los últimos acontecimientos es cuando esta siniestra posibilidad cobra indudable fuerza: implantación definitiva de Occidente en Oriente Medio y acceso a sus recursos (léase petróleo), cerco al principal ‘‘enemigo’’ en la zona (Irán) y la obtención de justificación para recortar todo tipo de libertades a los ciudadanos propios y para establecer un cada vez más férreo control sobre ellos.

Como es lógico el poder y sus medios de comunicación siguen pretendiendo hacernos creer que salvaguardan la libertad y los derechos humanos; lo que cuesta más comprender es que todavía sea muchísima la gente que lo cree a pies juntillas. Quiero pensar que las medidas represivas adoptadas dentro de las propias fronteras servirán para que muchos abran definitivamente los ojos y se hagan una pregunta obvia e inevitable: ¿cómo va a defender la libertad un país que encarcela a sus propios disidentes? A partir de esta pregunta el resto de conclusiones sobre la farsa en que se sustenta el poder establecido pueden venir detrás, en tromba.

La buena noticia es que el orden internacional del capitalismo salvaje se siente amenazado. Parte de la amenaza la constituimos quienes nos resistimos, dentro de sus sociedades, a acatar sus dictados. También suponen una amenaza los que prosperan ajenos, en la medida de lo posible, a la barbarie capitalista, me refiero especialmente a los países de América Latina con gobiernos progresistas. Pero la verdadera amenaza, la que realmente temen, es la que implicaría que una mayoría de sus sociedades descubra y crea en alternativas a este sistema depredador e insostenible. Por ello nuestra misión ineludible es no solo resistir sino construir. Impulsar alternativas, promoverlas con determinación. Porque para que sean creíbles para el conjunto de la sociedad lo primero que debemos hacer es creérnoslas nosotros mismos.

La distopía de Orwell plantea un mundo terrible en el que ya no hay marcha atrás, en el que la supuesta disidencia es un instrumento más del sistema. Nuestro deber, para con nosotros y para con los que vendrán detrás, es que un mundo así jamás vea la luz.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Borja Ribera

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