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Fuentes gubernamentales británicas confirman que se acerca la guerra contra Irán

En los últimos días, una fuente creíble e informada me informó que un ex alto ministro del gobierno laborista, que todavía está bien relacionado con funcionarios militares y de la seguridad británicos, confirma que Gran Bretaña y EE.UU. “… irán a la guerra contra Irán antes de fines de año.”

Como ahora sabemos como resultado de informaciones similares antes de la invasión de Iraq, es bastante posible que la planificación de la guerra pueda cambiar repetidamente, y puede ser que la guerra sea pospuesta una vez más. En todo caso, vale la pena señalar que la información de un antiguo ministro laborista confirma los análisis de expertos que sugieren que Israel, con apoyo de EE.UU. y Gran Bretaña, escala deliberadamente el ciclo de represalias para legitimar el inminente ataque a Irán antes de fines de año. Recordemos, por ejemplo, las afirmaciones del vicepresidente de EE.UU., Cheney, registradas por MSNBC hace más de un año. Describió a Irán como “colocado en la punta misma de la lista” de “estados delincuentes”. Continuó diciendo: “Una de las preocupaciones que la gente tiene es que Israel pueda hacerlo sin que se le pida… Considerando que Irán tiene una política declarada de que su objetivo es la destrucción de Israel, es perfectamente posible que los israelíes decidan actuar primero, y dejar que el resto del mundo se preocupe de arreglar posteriormente el lío diplomático.”

Pero el énfasis en el papel preeminente de Israel en un posible ataque contra Irán no es adecuado. Israel preferiría tener el papel de un fuerza regional delegada en una campaña dirigida por EE.UU. “A pesar de la situación en deterioro de la seguridad en Iraq, la administración Bush no ha reconsiderado su objetivo político básico a largo plazo en Oriente Próximo… “informa Seymour Hersh. Cita a un antiguo funcionario a alto nivel de los servicios de inteligencia de EE.UU.: “Ésta es una guerra contra el terrorismo, e Iraq es sólo una campaña. El gobierno Bush ve esto como una inmensa zona de guerra. Lo próximo será que tendremos la campaña iraní. Hemos declarado la guerra y los tipos malos, dondequiera estén, son el enemigo. Es el último hurra – nos quedan cuatro años, y queremos salir de esto diciendo que ganamos la guerra contra el terrorismo.”

¿Son sólo las quimeras fanáticas de la facción neoconservadora que actualmente ocupa (literalmente) la Casa Blanca?

Por desgracia no es así. La Guerra de Iraq fue una quimera fanática semejante a fines de los años noventa, rumiada ávidamente por funcionarios del gobierno Bush mientras estaban activa y directamente involucrados en el Proyecto por un Nuevo Siglo Estadounidense. Pero esa quimera en particular es ahora una terrible y penosa realidad para el pueblo iraquí. A pesar de los flagrantes fracasos de los esfuerzos de EE.UU. en ese país, parece existir una seria incapacidad de reconocer la futilidad del intento de hacer lo mismo en Irán.

El Instituto Monterey de Estudios Internacionales mostró hace ya casi dos años en un detallado análisis que las consecuencias probables de un ataque contra Irán por EE.UU., Israel o ambos, sería una conflagración regional que podría convertirse rápidamente en nuclear, y salirse de control. Los planificadores estadounidenses e israelíes indudablemente se dan cuenta de lo que sucedería. Una catástrofe semejante tendría ramificaciones irreversibles para la economía política global. La seguridad energética se desintegraría, precipitando la activación de antiguos planes de emergencia para invadir y ocupar todas las principales áreas ricas en recursos de Oriente Próximo y otros sitios (vea mi libro, publicado por Clairview, “Behind the War on Terror”, para encontrar referencias y una discusión del tema). Una acción semejante podría provocar reacciones de otras potencias importantes con intereses fundamentales en mantener su propio acceso a suministros regionales de energía, como Rusia y particularmente China que tiene inmensos intereses en Irán. Al mismo tiempo, se debilitaría seriamente la economía del dólar, la que enfrentaría con gran probabilidad un colapso inminente en el contexto de crisis semejantes.

Esto provoca preguntas pertinentes sobre por qué Gran Bretaña, EE.UU. e Israel consideran un guión semejante como una manera viable de asegurar sus intereses.

Un esbozo de una respuesta sería que la geoestrategia militar de la “Guerra contra el Terror” posterior al 11-S no resulta de una posición de poder, sino más bien de todo lo contrario. El sistema global se derrumba desde hace ya varios años bajo el peso de su propia insostenibilidad, y nos acercamos rápidamente a la convergencia de múltiples crisis que ya interactúan fatalmente mientras escribo estas líneas.

El pico de la producción mundial de petróleo, como lo sabe perfectamente el gobierno Bush, acaba de ocurrir, o está muy cerca de hacerlo. Es un acontecimiento cardinal que señala, a efectos prácticos, el fin de la Era del Petróleo, con una escalada de la demanda que impone una presión creciente sobre suministros en disminución. La mitad de las reservas de petróleo del mundo están más o menos agotadas, lo que significa que la extracción convencional de petróleo se hará cada vez más difícil tecnológica y geofísicamente.

La semana pasada sostuve una conversación con algunos científicos del Instituto Omega en Brighton, dirigida por mi colega y amigo Graham Ennis, que me dijo elocuente y enérgicamente lo que ya sabía, que mientras podemos o no haber sobrepasado varios tipping points [puntos de quiebre], tenemos entre unos 10-15 años antes de que el punto de quiebre haya sido roto cierta e irreversiblemente. El paso de ese punto significa que caeremos de cabeza en una “catástrofe climática” de envergadura. En medio de ese amenazante Apocalipsis de la Naturaleza, la propia economía denominada en dólares se ha estado balanceando al borde de un colapso acelerado durante los últimos siete años o más. No es una especulación vacía. Un analista financiero tan experimentado como Paul Volcker, el predecesor inmediato de Alan Greenspan como jefe de la Reserva Federal, confesó recientemente “que pensaba que había una probabilidad de un 75% de una crisis monetaria en EE.UU. dentro de cinco años.”

Parece haber habido un cálculo frío a niveles superiores dentro de los círculos dirigentes de decisión política anglo-estadounidenses de que el sistema se muere, pero que los últimos medios restantes de sostenerlo residen en una solución fundamentalmente militar hecha para reconfigurar y rehabilitar el sistema para que continúe cumpliendo con los requerimientos de los circuitos entrelazados del poder y los beneficios militares y corporativos.

El altamente respetado denunciante estadounidense, ex analista estratégico de RAND, Daniel Ellsberg, que fue Asistente Especial del Secretario Adjunto de Defensa durante el conflicto de Vietnam y que se hizo famoso al filtrar los Papeles del Pentágono, ya advirtió de sus temores de que en el evento de “otro 11-S o de una guerra de importancia en Oriente Próximo que incluya un ataque de EE.UU. contra Irán, no tengo dudas de que habrá, el día después o dentro de algunos días, un equivalente de un decreto del incendio del Reichstag que incluya detenciones masivas en este país, campos de detención para nativos de Oriente Próximo y su cuota de ‘simpatizantes’, críticos de la política del presidente y esencialmente la eliminación de la Declaración de Derechos.”

¿Así que de eso se trata en toda la legislación de “preparación de emergencia”, aquí en el Reino Unido así como en EE.UU. y en Europa? Los planes de EE.UU. son suficientemente malos, como señala Ellsberg, pero los planes del Reino Unido no son mucho mejores, llevando a The Guardian a describir la Ley de Contingencias Civiles (aprobada como Ley en 2004) como “la mayor amenaza para las libertades cívicas que parlamento alguno jamás pueda llegar a considerar.”

Mientras las crisis globales convergen en los próximos años, nosotros, el pueblo, nos vemos ante una oportunidad sin precedentes de utilizar la creciente conciencia de la inhumanidad inherente y de la destructividad exhaustiva del sistema imperial global para establecer formas de vida nuevas, viables, sostenibles y humanas.

––––––––

Nafeez Mosaddeq Ahmed es autor de “The London Bombings: An Independent Inquiry” (Londres : Duckworth, 2006). Da cursos en Relaciones Internacionales en la Escuela de Ciencias Sociales y Estudios Culturales, Universidad de Sussex, Brighton, en la que hace su doctorado en el estudio del imperialismo y el genocidio.

Rebelión

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Categorías:Guerra, Poder mundial, Política Etiquetas: ,
  1. 10 julio 2009 en 16:47

    Tu fuente bien informada falló. No hubo guerra contra Irán en 2008. Eso sí, los planes de desestabilización para llevar a cabo una nueva revolución de color se pusieron en marcha con el supuesto fraude pero fracasaron.

  2. pepeque
    1 diciembre 2008 en 20:03

    malditos americanos y aliados tarde o temprano va a llegar su hora.

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