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Pequeña radiografía del éxito

Mario Roberto Morales – La Insignia. Guatemala, enero del 2008.

“Hay algo de charlatán en todo aquel que triunfa, sea en la materia que sea”, espeta Cioran en su libro de 1987 Ese maldito yo. A simple vista, la frase da la impresión de ser un escupitajo de fracasado o, como dicen los adoradores del mercado, de “perdedor”. Pero quien ha leído a Cioran sabe que este incisivo filósofo rumano no era tan superficial ni tan tonto como para sucumbir al chillido y a la queja existencial sin dignidad ni ironía. Por eso, una lectura radical (que vaya a la raíz causal) de su aforismo nos revela una dimensión de significado que muy poco tiene que ver con el lamento y sí mucho con una demoledora crítica (o ejercicio del criterio) de la naturaleza espuria del éxito socialmente aceptado y por ello indiscutido.

La condición ineludible del triunfo socialmente aceptado es su estricto apego a las reglas de juego instauradas por el poder que articula, mediante sus mecanismos ideológicos, la cohesión del grupo dentro del cual el triunfador (u hombre exitoso) construye su victoria sobre el común de los mortales. Estos mecanismos, como de sobra se sabe, responden a los intereses de quienes ejercen el control de aquel poder articulador de la sociedad, a cuya dinámica contribuyen con gran diligencia las masas que no tienen conciencia de la naturaleza exacta de esos intereses. Es decir, casi todas las masas. Por eso, Wilhelm Reich explicó, en La psicología de masas del fascismo, por qué el ascenso y la “gloria” de Adolfo Hitler no habrían sido posibles sin el apoyo decidido y entusiasta del pueblo alemán.

El triunfo, visto como la culminación simbólica de lo socialmente instituido y aceptado por el poder, es un acto de sumisión y no de libertad. Y en este sentido es que Cioran tacha de charlatanes a los triunfadores, pues se trata de héroes de cajón, de puesta en escena, de apoteosis del simulacro. ¿Quiénes serían entonces los “verdaderos” triunfadores?, se pregunta irritado cierto impaciente lector.

Los adoradores del mercado instituyen como “exitoso” al mercachifle próspero, no importa si se trata del miserable vendedor ambulante, del gerente de un monopolio tercermundista o del ejecutivo de una corporación transnacional. El éxito consiste en vender (o venderse) bien, y el triunfo en posicionarse socialmente sobre la base de este éxito, que a su vez se apoya en el simulacro de libertad representado por el intercambio desigual controlado por élites oligárquicas nacionales y globales. Un individuo tal es, sin duda, un charlatán, pues en el último rincón de su conciencia sabe que su mascarada se asienta en una mentira y, a pesar de saberlo, se acepta como lo que se le dice que es: un hombre de éxito, un triunfador.

Según esta lógica, quienes se realizan de manera radical al margen de estas reglas de juego, son “perdedores“, y entre éstos incluye a individuos como Che Guevara, Emiliano Zapata, Simón Bolívar y otros héroes trágicos de la historia. Cristo mismo vendría a ser un héroe trágico y perdedor según esta moral de mercader. Pero, bien vista la cosa, es obvio que estos individuos triunfaron sobre la barbarie del poder y se instauraron como ejemplos de libertad para millones de personas. No como charlatanes. Su éxito radica en su realización como seres éticos que ejercieron su libertad cuestionando las reglas de juego de la charlatanería. Pero, claro, la lógica del mercado jamás los valorará de esta manera, pues es más fácil manipular a charlatanes que a personas conscientes y radicalmente libres.

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Categorías:Mario Roberto Morales
  1. Maya
    26 mayo 2008 en 16:44

    Hola a todos, conozco personalmente al Doctor Morales, y definitivamente esta fotografía no corresponde a la persona cuyos artículos estan citados. Si quieren puedo enviarles fotografías recientes del Doctor Mario Roberto Morales Alvarez. Aunque circulan varias del el en la red. Las mías son de primera mano. Saludos a todos.

  2. 4 marzo 2008 en 4:13

    “Su éxito radica en su realización como seres éticos que ejercieron su libertad cuestionando las reglas de juego de la charlatanería” . Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices y es que el éxito no se debe medir en términos monetarios ni económicos. Plantear el éxito desde ese punto de vista no deja de ser una farsa en que los ricos se hacen más ricos y los pobres más pobres. Por suerte empiezan a ser incipientes las vias alternativas a este circo no ya sólo reservado a una élite sino como una posibilidad real y realizable .

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