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Pacto en la sombra

Documento. CAMBIO publica algunas revelaciones contenidas en el libro ‘Pacto en la sombra’, que circula desde la semana pasada.

 

EN MARZO DE 2000, CAMBIO publicó en carátula el artículo La jugada, en el que reveló por primera vez que Estados Unidos hacía negociaciones secretas con capos del narcotráfico de Colombia. La revista se refirió en concreto al caso de Guillermo Ortiz Gaitán, que en octubre de 1997 huyó a Miami para buscar un arreglo con la Fiscalía del sur de la Florida. Meses más tarde, Ortiz resolvió sus problemas con la justicia estadounidense mediante el pago de una indemnización de 10 millones de dó­lares de multa y el desmantelamiento de su organización. A cambio, no permaneció un solodía en prisión.

El entonces director interino de la DEA, Donnie Marshall, se apresuró a desmentir la información y con el paso del tiempo el asunto quedó reducido a un rumor sobre el que nadie seatrevió a decir una sola palabra.

Pero ahora, seis años después, con la publicación del libro Pacto en la sombra, escrito por el periodista Jorge Lesmes y el jefe de redacción de CAMBIO, Édgar Téllez, que contiene documentos clasificados, testimonios y grabaciones, no queda duda alguna de que desde 1996 Estados Unidos desarrolló una estrategia secreta para combatir el narcotráfico por una vía distinta de la represión.

En efecto, tras el desmantelamiento de los carteles de Medellín y Cali, las autoridades estadounidenses encontraron que las calles de ese país continuaban inundadas de drogas enviadas desde Colombia. Por esa razón, altos funcionarios norteamericanos encabezados por la entonces fiscal general Janet Reno y los directores de las agencias encargadas de la lucha contra el tráfico de narcóticos diseñaron el denominado Programa de Resocialización de Narcotraficantes.

La táctica consistió en aplicar las normas contenidas en los rígidos códigos estadounidenses y ofrecerles a los mafiosos colombianos una salida a sus problemas jurídicos con las cortes federales. La aplicación de la estrategia quedó en manos de la fiscal Theresa Van Vliet, el grupo 43 de la DEA en Miami -del que hacían parte los agentes Larry Castillo y David Tinsley- y el colombiano Baruch Vega, quien de tiempo atrás se había convertido en colaborador de la CIA y la DEA. Este grupo dependía directamente del Comité Blizt, un cuerpo asesor creado para dar el visto bueno final a cada una de las negociaciones.

A partir de ahí, unos 300 narcotraficantes se acogieron al programa y lograron pactos en condiciones ventajosas. Pero no todos los capos lo lograron porque algunos no llegaron a concluir el proceso de negociación o fueron asesinados en la etapa final del trato. Los autores del escrito hicieron para CAMBIO una versión de algunos de estos casos, que involucraron a poderosos jefes del narcotráfico.

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Categorías:Corrupción, Narcotráfico
  1. 26 febrero 2009 en 13:33

    Favor enviarme este libro

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