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El Premio Nobel que nos hará a todos empresarios

Todo el mundo parece muy feliz sobre la elección de Premio Nobel de la Paz. El mérito de galardonado Muhammad Yunus parece que consiste en que concede pequeños créditos fiándose de la gente al no solicitarle aval y así los pobres se convierten en empresarios y salen de pobreza. Por eso le llaman el banquero de los pobres, una expresión que sigo sin ver coherente.

Según parece, el sistema de microcréditos se basa en otorgar pequeños préstamos que van desde 27 a mil dólares, con bajas tasas de interés y sin necesidad de un aval, a las familias más pobres que trabajan por cuenta propia.

Si bien la idea nació en Bangla Desh, prendió con fuerza en América Latina y el Caribe, donde ha permitido, según algunas estadísticas cuya fuente ningún medio logra citar, “la formación de unas 50 millones de microempresas que generan empleos y mejoran la distribución de los ingresos de unas 110 millones de personas que viven de sus propios negocios”, según afirma la BBC. Por otra parte, según las agencias AFP y Reuters, el Grameen Bank (Banco Rural) del premiado, “ha entregado más de 5.700 millones de dólares en pequeños préstamos a bengalíes pobres, proveyendo de un salvavidas a millones y de un modelo bancario a más de 100 naciones que lo han imitado, desde Estados Unidos hasta Uganda”.

Yunus publicó en 1997 un libro en el que se autonombró el banquero de los pobres, sobrenombre con el que es conocido en prácticamente todo el mundo. Preside actualmente una red financiera mundial de microcréditos, PlaNet Finance, que funciona como organización no gubernamental acogida a la legislación francesa. En México los responsables del sistema de microcréditos no son precisamente campesinos humildes sino un asesor del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, cerebro de las privatizaciones en México, y un secretario de Hacienda también en ese gobierno y hoy dedicado a actividades empresariales y a promover la integración de México en una región de América del Norte, que cubre Canadá, Estados Unidos y México. Algo que no parece que haya dado buenos resultados a los pobres de México.

Otro admirador del modelo Yunus ha sido el ex presidente mexicano Fox quien conoció al Nobel en 1995 en el Foro sobre el estado del Mundo, celebrado en San Francisco, California, con el auspicio del ex presidente soviético Mijail Gorbachov. Dos años después puso en marcha el proyecto en le estado que gobernaba entonces en México, Guanajuato. Yunus, a través de PlaNet Finance, recibe, al menos en México, recursos del Banco Mundial y del estatal Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros (Bansefi). Su presupuesto es de mil quinientos millones de dólares.

El banco de Premio Nobel, que dice que empezó con 22 euros, ahora tiene 20.000 empleados y ha generado 18 empresas más (una de ellas, la operadora de teléfonos móviles más grande del sur de Asia). Su sede en la capital de Dhaka es una imponente torre de 21 pisos.

Leemos que el programa más reciente del banco ha sido concebido para 80.000 mendigas bengalíes, las cuales recibirán préstamos de 15 o 30 euros y, al parecer, abandonarán la pobreza y se convertirán en empresarias. Sin comentarios.

El fenómeno dice el diario El País que también está presente en España, donde más de 4.000 personas se benefician de microcréditos, con una dotación total de 40 millones de euros. Leemos cómo es el caso español y se trata de préstamos que oscilan entre 24.000 y 5.000 euros procedentes de La Caixa, una entidad que sabemos que tiene sus actividades también en otras ramas menos solidarias. Como ejemplos de esos créditos explican los de 5.000 y 8.000 euros, destinados sobre todo a la apertura de pequeñas tiendas y bares. Es difícil entender qué bares son esos que se ponen en marcha con cinco mil euros y acaban con la pobreza del propietario. Sobretodo en un país donde ya se necesitan 180.000 para conseguir una vivienda. Por cierto, no he encontrado en los medios el relato personal de ningún caso que explique cómo en Bangla Desh alguien montó su empresa con el prestamos de treinta dólares o en España lo logró con los cinco mil.

El mensaje ideológico a través de esta concesión parece claro. La solución a la pobreza es que todos pueden ser empresarios gracias a un sistema bancario de préstamos de treinta dólares que no requiere aval, no se ha dicho que no cobren intereses. Suponemos que esos empresarios no tendrán problemas ni con las grandes superficies cuando pongan en marcha sus comercios, ni con las industrias multinacionales que copan el mercado. Obsérvese que hay un agente que no aparece ni tiene función alguna en el modelo económico de Yunus, es el Estado. Por eso no se dice nada sobre las condiciones laborales de esos cientos de miles de empresarios individuales, su sistema de cobertura sanitaria, qué modelo educativo les ha formado y que cobertura social tienen cuando enferman o se jubilan. Sólo se nos explica la felicidad del país de los empresarios, donde no se necesita Estado. En pocas palabras, el capitalismo es un sistema suficientemente igualitario en oportunidades como para que cualquier indigente pueda convertirse en empresario sólo con acercarse a la oficina de Yunus a recoger su préstamo de treinta dólares. Y, por supuesto, devolverlo.

 

Pascual Serrano
Rebelión

 

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Categorías:Economía, Pobreza
  1. moho
    22 abril 2009 en 2:57

    Bangladesh, no “Bangla Desh”. Es que me dolían los ojos…

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