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Destapa la renuncia del director de la CIA escándalo casi igual al Watergate

* Sobornos a representantes republicanos y prostitución laceran al gobierno de Bush

* La dimisión de Porter Goss, sólo la punta del iceberg de la corrupción en el partido oficial

DAVID BROOKS CORRESPONSAL

Nueva York, 6 de mayo. Con un escándalo político que estalla de nuevo en Washington en torno a la renuncia inesperada ayer del director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), los críticos del gobierno de George W. Bush ahora tienen más municiones para comparar a este presidente con uno de sus antecesores, Richard Nixon, quien fue obligado a renunciar tras caer en desgracia con un escándalo conocido universalmente como Watergate.

Pero nadie, ni los críticos más severos, esperaba que la administración de Bush pudiera ser golpeada por algo que ocurrió justo en ese mismo lugar: el complejo residencial y hotelero Watergate.

No sólo eso, sino que también en este caso uno de los involucrados fue un participante clave en el apoyo clandestino estadunidense a la contra en Nicaragua, otro asunto que desató un escándalo seguido de investigaciones criminales.

La renuncia repentina de Porter Goss al cargo de director de la CIA fue anunciada el viernes por Bush en la Casa Blanca, al intensificarse los alegatos de que Goss, y/o uno de sus subordinados principales, asistieron a fiestas de póquer en el Watergate, patrocinadas por contratistas militares que ofrecieron sobornos y prostitutas a representantes federales republicanos.

Hoy Goss rehusó dar una razón por su renuncia y simplemente comentó: "Es uno de esos misterios".

Aunque Goss todavía no ha sido directamente implicado en la investigación sobre corrupción de los diputados, y no hay pruebas de que gozó de estas fiestas, su subordinado Kyle Dusty Foggo -a quien Goss nombró director ejecutivo de la CIA (el puesto número tres de la jerarquía)- sí ha admitido que jugó póquer durante esas fiestas semanales, pero solamente eso, según informó una vocera de la agencia.

Fuentes oficiales en Washington informaron a varios medios de comunicación que Foggo podría ser formalmente acusado próximamente en la investigación realizada por la Oficina Federal de Investigaciones (FBI) sobre la corrupción de varios representantes que fueron beneficiados por los contratistas militares Brent Wilkes y Mitchell Wade, los anfitriones de estas famosas fiestas en el Watergate.

Todo empezó con el arresto y la confesión del representante federal republicano Randy Duke Cunningham, en noviembre de 2005, quien fue condenado a ocho años de cárcel por corrupción al aceptar sobornos de Wilkes y Wade a cambio de promover contratos federales millonarios a sus empresas, incluyendo contratos de apoyo a la CIA en Irak y Afganistán.

Cunningham, conservador de San Diego, fue miembro de comités influyentes del Congreso encargados de aprobar contratos militares y de servicios de inteligencia.

El 27 de abril, el Wall Street Journal reportó que Cunningham podría haber disfrutado de un total de más de 2.4 millones de dólares en sobornos de los contratistas, incluyendo servicios de limusina de lujo, noches pagadas en suites de lujo en el Watergate y el Westin Grand, y prostitutas.

Ken Silverstein, reportero investigador de Harper's, informó ese mismo día en el sitio de Internet de la revista mensual que había otros congresistas y ex legisladores integrantes de los comités de Defensa y de Inteligencia que ahora están bajo investigación por la FBI en este mismo caso, incluyendo uno que "ahora tiene un poderoso puesto de inteligencia".

El único que tiene esas características es el ahora despedido Porter Goss, quien fue presidente del Comité de Inteligencia antes de ser nombrado director de la CIA por Bush, hace unos 19 meses.

El Washington Post informó hace una semana que las autoridades federales también están investigando alegatos de que el contratista Wilkes tenía un arreglo con un servicio de limusinas para transportar a congresistas, incluyendo a Cunningham, y a prostitutas a estas fiestas.

Resulta que el dueño de Shirlington Limousine and Transportation Inc., Christopher Baker, tiene un historial criminal larguísimo -más de 62 cuartillas en el expediente oficial de delitos- y serias dificultades financieras a lo largo de 20 años. Sin embargo, logró obtener el año pasado un contrato por 21 millones de dólares de la Secretaria de Seguridad Interna.

Wade, el otro contratista, divulgó a fiscales que Wilkes tenía un arreglo con Shirlington, la cual también tenía un arreglo con un servicio de escorts, y que las limusinas pasaban por el ex diputado Cunningham y por una prostituta para ir a las fiestas en el Watergate.

Brent Wilkes, figura al centro del escándalo, aún no ha sido formalmente acusado. Sin embargo, es un personaje muy conocido en los círculos republicanos de Washington desde hace 20 años.

Además de sobornar a Cunningham, y tal vez a otros legisladores a cambio de contratos multimillonarios, Wilkes se dedicaba a nutrir relaciones políticas, y en años recientes participó en puestos encargados de financiamiento de campañas electorales del gobernador de California, Arnold Schwazernegger, y el comité estatal de la campana presidencial de Bush, entre otros.

En Washington, Wilkes hizo amistades clave con legisladores y altos funcionarios de la CIA al ser anfitrión de fiestas semanales en el Watergate y el Westin, en la capital. Foggo fue uno de éstos, aunque ya era amigo de Wilkes desde hace más de 30 años; ambos se conocieron en la secundaria, en California.

Foggo, director ejecutivo de la CIA (el puesto número tres), admitió que asistió a estas fiestas de Wilkes, e inclusive que a veces llegó a hacer la fiesta en su propia casa, aunque niega haber visto jamás a prostitutas. Foggo fue elevado a su alto puesto por Goss en octubre de 2004.

En los años 80, Foggo era empleado de la CIA y fue enviado por esa agencia a Honduras para asistir a las fuerzas de la contra nicaragüense, más que nada en cuanto a procuración de materiales.

En esos tiempos, su amigo Wilkes se dedicaba a llevar a legisladores estadunidenses a Centroamérica, donde los presentaba a Foggo y a la contra, según informó hoy el San Diego Union Tribune.

Ahora, los vínculos de Foggo con Wilkes son parte de la investigación sobre contratos encabezada por la oficina del inspector general de la CIA y la FBI.

Relaciones peligrosas

Es en este contexto que se intensifica la especulación sobre las razones de la renuncia de Porter Goss. Este fue quien ascendió a Foggo a su alto puesto, y las relaciones entre Wilkes, Foggo y Goss ahora están en la mira tanto de investigadores como de los medios de comunicación.

Una vocera de la CIA negó categóricamente que Goss hubiera participado en las fiestas de Wilkes en el Watergate: "Esto es horriblemente irresponsable. El (Goss) no ha visitado el Watergate en años".

Sin embargo, se espera que la investigación federal continúe ofreciendo nuevos elementos a este escándalo. El San Diego Union Tribune informó que puede haber hasta seis legisladores más bajo investigación por corrupción, y el Washington Post señala que agentes de la FBI están investigando ahora a prostitutas y a otros posibles testigos de estas fiestas.

Ayer en la Casa Blanca, Bush, acompañado de Goss, anunció la renuncia de su director de la CIA pero ninguno de los dos ofreció una sola razón. Que la decisión fue algo repentina se comprueba con el hecho de que la Casa Blanca no estaba preparada para anunciar a un nuevo director (se espera conocer al sucesor de Goss este lunes).

La Casa Blanca promovió la versión de que la renuncia fue resultado de un conflicto burocrático entre el zar de inteligencia John Negroponte y Goss, y que fue el primero quien decidió que era hora de sustituir al director de la CIA.

Pero en Washington pocos aceptan esta versión, y algunos señalan que tal vez Goss deseaba dejar la agencia para evitar ser asociado con el escándalo que está creciendo y en donde Foggo está bajo investigación.

A la vez, algunos señalan que el último acto de Goss fue despedir a Mary McCarthy, una analista de la CIA de alto rango que fue acusada de filtrar información secreta a los medios de comunicación sobre las cárceles clandestinas de la CIA, y podría haber tenido mayores repercusiones. Resulta que McCarthy estaba trabajando en la oficina del inspector general de la CIA, que se encuentra investigando sospechas sobre Foggo y sus vínculos con Wilkes.

Algunos observadores señalan que esto podría culminar en uno de los más grandes escándalos políticos en el último siglo. Otros recuerdan que continúan otras investigación sobre corrupción, engaño, obstrucción de justicia y más, incluyendo la espectacular obra de corrupción encabezada por el cabildero Jack Abramoff y la investigación de las filtraciones de la identidad de una agente de la CIA encabezada por el fiscal especial, Patrick Fitzgerald.

Sobornos, póquer, prostitutas, grandes regalos como yates, viajes, casas y limusinas y, claro, contribuciones de fondos electorales. Una vez más se va revelando cómo funcionan por lo menos algunas partes de la democracia en Washington.

La Jornada, Domingo 7 de mayo de 2006

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Categorías:Corrupción, Política
  1. 6 junio 2006 en 9:08

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