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El fin del petróleo barato

¿Pero habrá petróleo y capacidad productiva para satisfacer la demanda? Tarde o temprano el petróleo de bajo costo se va a terminar. O, su producción inexorablemente irá decreciendo.

Rodrigo de CastroEl viernes, en el mercado de Nueva York (WTI), el precio del barril de petróleo tocó los 75 dólares; el crudo Brent del Mar del Norte alcanzó los 74,35 dólares por barril: los precios más altos registrados hasta la fecha desde los inicios de la era industrial.

El gran shock de los años 1973-74, provocado por la guerra del Yom Kippur y el posterior embargo petrolífero árabe, hizo subir el barril de crudo de 13 a 40 dólares (actualizados en base al dólar 2006). En aquellos años, el mundo industrializado -ya perdidamente adicto al consumo de hidrocarburos- fue casi mortalmente golpeado por una profunda crisis económica. Más tarde, en 1980-81 y a raíz de la guerra entre Irak e Irán, el precio del barril alcanzó los 67 dólares (actualizado a 2006), desatándose una nueva depresión económica que marcó los años ’80, llamados -no por casualidad- los “años perdidos” de Latinoamérica. La guerra del Golfo de 1991 hizo subir el crudo a 38 dólares (2006), arrastrando a EEUU a la recesión de 1992 que terminó por costarle a Bush padre su reelección.

Tres grandes empinadas de precio en las últimas tres décadas del siglo XX, cada una de ellas provocada por guerras en Medio Oriente. Tres depresiones económicas cuyos efectos más dramáticos cayeron -como siempre- sobre las espaldas de los pobres del mundo.

En estos días, muchos expertos y principalmente la prensa, atrapados en una suerte de inercia crónica, buscan razones políticas para explicar el “peak” histórico del precio del petróleo del viernes: la guerra civil en Irak, las luchas étnicas en Nigeria, la amenaza nuclear de Irán, etc. En parte tienen razón, pero el fondo del asunto es otro.

En los últimos cuatro años y por primera vez en la historia, el alza sostenida del precio del crudo se debe a que la demanda mundial de hidrocarburos está superando con creces las posibilidades de oferta o, en palabras simples, la capacidad real de producción de petróleo barato.

China, de tres millones de barriles diarios en el año 2002, consume hoy casi siete millones, es decir casi el 10% de la demanda mundial (83 millones de barriles diarios). Según proyecciones de diversos organismos internacionales, la demanda china aumentará en un 150 por ciento en los próximos 15 años, lo que significa que deberá importar 11 millones de barriles diarios, acercándose al consumo actual de EEUU (20 millones de barriles diarios). Si a esto sumamos las necesidades futuras de India y de las economías emergentes, en las próximas dos décadas la demanda mundial diaria de petróleo superará los 140 millones de barriles.

¿Pero habrá petróleo y capacidad productiva para satisfacer los requerimientos? Aquí las opiniones expertas discrepan. No, en que tarde o temprano el petróleo de bajo costo se va a terminar – o más bien que su producción inexorablemente ira decreciendo-. Sí, en la fecha en que esto va a ocurrir.

Los especialistas más pesimistas dicen que ya estamos en pleno período de declive productivo. Otros, como la Agencia Internacional de Energía (AEI), dependiente de la OCSE, calculan la fecha “fatídica” entorno al 2015-2020. Los más optimistas del Departamento de Energía de EEUU, sitúan el cenit en el año 2030.

Benditos los dioses si esto ocurre más temprano que tarde. Al menos así lo piensa la comunidad científica mundial preocupada por el recalentamiento global, producto en gran parte de la quema indiscriminada de hidrocarburos. Sin contar las probables futuras guerras por el acceso al crudo, basta imaginar por algunos segundos al mundo envuelto en una densa nube de CO2.

Sin embargo, a pesar de que todos saben que la fiesta terminará y muy mal -el propio George Bush habla de la “adicción de EEUU al petróleo”- pareciera que ninguna autoridad toma aún seriamente las riendas del asunto. Porque no sólo el “mercado es cruel” sino que es cortoplacista. Y las multinacionales petroleras así como los países productores, también lo son.

Bienvenido, entonces, el fin del petróleo barato. Que sirva de ducha de agua fría para los idólatras del libre mercado a ultranza. Puesto que sólo una intervención coordinada de los Estados y el esfuerzo público a través de grandes inversiones de largo aliento, de esas que suele rehuir el sector privado, podrá encontrar una salida al callejón ciego en que nos encontramos todos atrapados.

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