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La cooperación internacional ante el espejo

Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, marzo del 2005.

En las recientes actividades consultivas de la cooperación internacional se nota un esfuerzo desesperado por analizarse a sí misma y enmendar excesos cometidos en las últimas dos décadas. Por fin está a la vista la aceptación de la necesidad de explicar cómo funciona el mecanismo de erogación y asignación de fondos internacionales para proyectos locales en el tercer mundo, así como los criterios que animan la elección de las necesidades sociales que esos fondos se proponen aliviar. También se nota un esfuerzo notable por salir de la confusión causada por el impulso de políticas multiculturalistas como motor de los movimientos étnicos, de modo que ahora se busca teorizar también la cultura de los grupos que no tienen necesidad de echar mano de sus identidades etnoculturales para abrirse espacios políticos que les sirvan de plataforma reivindicativa. Como es natural, después de veinte años de multiculturalismo y "corrección política", la flexibilidad ideológica que se observa tanto en actores sociales como en intelectuales ligados a los fondos internacionales, sorprende, por decir lo menos, ya que abundan las invitaciones a reuniones consultivas en las que los propietarios de proyectos muy bien financiados toman profusas notas de lo que dicen quienes nunca han teorizado a sueldo, y hasta los toman en cuenta para pedirles su parecer en relación a los puntos de debate más importantes.

He podido asistir a más de una de estas reuniones consultivas, a las que durante varios años no fui invitado, y me ha sorprendido constatar que ideas que he venido desarrollando públicamente desde 1992, ahora tienen una recepción serena, sin reacciones airadas ni ataques "políticamente correctos". Si no fuera por el dinero y el tiempo desperdiciados en los pasados veinte años, el balance de este giro ideológico de la cooperación internacional y sus agentes locales sería absolutamente positivo. Pero cuando uno piensa en la liviandad con la que se abrazaron dogmas metodológicos que siempre fueron rebasados con mucho por la realidad que pretendían explicar, no se puede menos que temer que este giro de apertura y flexibilización pueda convertirse en otro dogma, en otra "corrección política", en otro recetario de manual para ser seguido al pie de la letra.

Probablemente, el Informe de Desarrollo Humano de Guatemala 2005, que el PNUD publicará en el 2006, vaya a constituir la medida que podrá indicarnos hasta dónde los cambios que se evidencian en la actualidad rendirán frutos cognoscitivos y políticos ecuánimes y viables, y hasta qué punto es posible que una nueva retórica sustituya a la que pervive todavía en algunas mentalidades esencialistas.

Sin duda, hace falta reescribir la historia del país como una historia intercultural y, sobre todo, historizar la formación y manipulación política de las nociones culturales e identitarias que nos separan y diferencian, a menudo ilusoriamente, explicándonos los mecanismos económicos y sociales en que las diferencias culturales se han ido articulando en el tiempo, hasta conformar el ensamblaje de mestizajes diferenciados que nos constituyen como unidad diversa. Estos mestizajes son desconocidos por nosotros mismos, sumidos como vivimos en el atraso de nociones esencializadas de identidad y cultura, viviendo la ilusión de la "diferencia radical" que sólo existe en la mente de quienes se ocultan la incapacidad de nombrar las mezclas que nos diferencian y asemejan, y que desbordan con mucho las obsoletas categorías coloniales de indios, ladinos y criollos.

Dando una vuelta hoy y otra mañana, como las ruedas de la carreta de Asturias en Leyendas de Guatemala, el debate interétnico avanza. Ojalá se produzca un cambio radical de política en la cooperación internacional, para que sus fondos se pongan finalmente al servicio de la democratización intercultural de este país y no se agoten en proporcionar una comodona vida clasemediera a los burócratas extranjeros, los dueños locales de las oenegés y algún representante de la población a la que supuestamente va dirigido el esfuerzo. Si la cooperación internacional es capaz de dar un giro de esta naturaleza, su influencia trascendería la mera injerencia foránea en asuntos internos para convertirse en un genuino apoyo al desarrollo humano, con la cual honraría la letra que anima sus fines, metas y objetivos.

Como la esperanza es lo último que se pierde, esperaremos a ver si se impone la sensatez o la estulticia.

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Categorías:Coop. Internacional

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