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Piensa mal y acertarás

Mario Roberto Morales
La Insignia*. Guatemala, abril del 2006.

Entre las grandes mentiras que articulan las creencias del mundo en la actualidad, se encuentran tres que hasta el más despistado conoce: el esfuerzo por regular las inmigraciones de trabajadores, la lucha contra el narcotráfico y la guerra contra el terrorismo. Si las inmigraciones se pararan, las economías de los países del primer mundo colapsarían y lo mismo ocurriría con varias economías tercermundistas, como la de México, Guatemala, El Salvador y otros países cuyas oligarquías han vuelto inviables. Si el narcotráfico se erradicara, el sistema financiero mundial se derrumbaría, pues su corazón late gracias a los narcodólares. Y si se acabaran los terroristas de la noche a la mañana, ciertos poderes corporativos, como el de la industria bélica y energética (así como sus innumerables subsidiarias) se irían a la quiebra.Por eso, el simulacro de frenar las inmigraciones va siempre acompañado de denuncias sobre personas que logran "burlar" la seguridad migratoria. La lucha contra el narcotráfico se acompaña siempre de un incremento en el consumo de drogas en el primer mundo, y la guerra contra el terrorismo se apareja -cada vez que la amenaza de la paz se cierne sobre las partes interesadas (como en el caso de los extremismos semitas palestinoisraelíes)- de mutuas provocaciones letales. A propósito, hay que ir a ver Múnich, de Steven Spielberg. En Guatemala, esta película fue censurada en algunas partes en las que los diálogos hacen claro que la matanza de 1973 en la villa olímpica de esa ciudad, que acabó con el comando de fedayines y con sus rehenes israelíes, no podría haber sido desencadenada por las fuerzas de seguridad alemanas sin el conocimiento y la aprobación del gobierno de Israel, mismo que inmediatamente después se lanzó a la eliminación selectiva de árabes en toda Europa, provocando respuestas igualmente sangrientas de parte de los grupos islamistas, asegurándose así de que no apareciera en el horizonte político, ni por asomo, la amenaza de la paz.

A los grupos corporativos transnacionales y a las elites políticas que los sirven les interesa la mano de obra barata y descalificada del tercer mundo para bajar costos de producción y evadir prestaciones laborales. También les interesan los narcodólares, así como la obtención de la tajada más grande del pastel cuando ocurra la inevitable regulación y legalización de las drogas. Y, por último, es de su interés primordial promover el mercadeo de armas y energéticos mediante las guerras, así como hacer acopio de las cuantiosas donaciones que recaudan para "luchar por la paz", como por ejemplo las que proceden de los palestinos y judíos ricos del mundo para con sus respectivas causas. Es por ello congruente con esta perspectiva que de pronto desaparecieran de la escena del poder y como por arte de magia, tanto Arafat como Sharon. Y que súbitamente surgiera Hamás formando parte del espectro político legal palestino, sobre todo si se piensa en que, al parecer, Hamás fue una creación de la inteligencia israelí en uno de esos momentos en que la paz se había convertido una amenaza real.

Múnich, la película (dirigida por Spielberg, que es judío), auguraba, una nueva posibilidad de paz en Palestina, pues Hollywood no es precisamente una industria fílmica "de denuncia". Ahora, luego del triunfo de Hamás en las recientes elecciones, el filme pasa a reforzar el pesimismo del mundo en cuanto a que las cosas mejoren en el Cercano Oriente "a pesar de los esfuerzos de los políticos", en especial si se sigue exhibiendo con cortes que escamotean lo que importa saber: que la paz no es un buen negocio.

Las cúpulas se entienden de maravilla entre sí. Y a las masas les dan circo mediático y "corrección política" para que se entretengan siguiéndole la pista a sus "estrellas" favoritas y tomando posición a favor de las mujeres abusadas, los niños de la calle, los indígenas latinoamericanos y demás subalternidades útiles para aliviar la mala conciencia mediante la caridad cristiana, la beneficencia burguesa, la "acción afirmativa" oportunista, el culposo multiculturalismo diferenciador y las comodonas cuanto encendidas solidaridades de correo electrónico. La gente consume CNN, CBS Y Fox News, es decir, el espectáculo de la guerra y los conflictos. Las elites globales hacen negocios utilizando narcodólares para promover terrorismos y guerras, dejándole a las masas de inmigrantes pobres el trabajo que nadie quiere hacer en el primer mundo, en donde la mano de obra descalificada, barata, inculta y sin prestaciones es cada día más escasa.

Divierte por ello que las oligarquías y burguesías centroamericanas pongan en movimiento a sus "estadistas" para que viajen a Estados Unidos a "defender" los derechos de sus compatriotas desarrapados, morenos e incultos (de quienes tanto reniegan por evidenciar ante el mundo el lado menos fotogénico de sus países), que son los que sostienen sus economías con su trabajo sobreexplotado, mientras sus familiares y amigos fundan empresas para captar, mediante servicios bancarios y otras "brillantes iniciativas empresariales", parte de las remesas que llegan del exterior y que hacen posible que estos países no hayan caído todavía en la antropofagia.

No hay duda de que hace falta escribir sobre emigrantes e inmigrantes, narcos y terroristas, y también sobre empresarios corporativos, políticos y militares serviciales, así como de guías espirituales de todas las religiones que manipulan masas con el confite de la vida eterna. Ellos son los que mueven al mundo. Y los que provocan los males que las ingenuas legiones de malas conciencias "políticamente correctas" se complacen en señalar, para obtener financiamientos internacionales y fundar oenegés "humanitarias" con los dineros de los países que provocan esos males y a los que conviene más una legión de incautos puritanos y conductistas que "luchan" por "la humanidad", que movimientos surgidos del pueblo y concientes de las causas de sus problemas. De aquí el estridente grito de alarma de las elites de poder ante la centrífuga izquierdización súbita de América Latina y ante las movilizaciones de inmigrantes en Estados Unidos para protestar contra el fascismo republicano. También, ante las protestas estudiantiles y las acciones antiglobalizadoras en Europa.

Hay verdades que mueven al mundo y mentiras que ayudan a que ese movimiento no cese. Es necesario por ello preguntarse a quién convienen esos movimientos y, sin sucumbir al espejismo abismal de las "teorías conspirativas", tratar de armar los rompecabezas de la manera más precisa y (por qué no) más entretenida posible. Puede uno equivocarse en muchas cosas. Pero en muchas otras no. En el plano global, también resulta certera y de gran utilidad heurística aquella vieja máxima escamada que con gran sabiduría reza: "piensa mal y acertarás".

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Categorías:Opinión
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