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“No hay que dar más ayuda a los países pobres”

Jagdish Bhagwati, profesor de Economía y Derecho en La Universidad de Columbia (EEUU)

Jagdish Bhagwati

  • Jagdish Bhagwati.
  • Profesor de Economía y de Derecho en la Universidad de Columbia.
  • Autor del libro: “En defensa de la globalización” (Oxford, 2004).
Que el destino del dinero sea decidido por las agencias de caridad del país de donde proviene

Por Agencias

Periodista Digital

Miércoles, 22 de marzo 2006

Están los que piensan que los pobres han hecho más por las estrellas de rock que las estrellas de rock por los pobres. Jagdish Bhagwati –profesor de Economía y de Derecho en la Universidad de Columbia, autor del célebre libro “En defensa de la globalización” (Oxford, 2004), asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, y uno de los máximos especialistas del mundo en el continente negro– no se cuenta entre esos cínicos.

Escribe Juana Libedinsky en La Nación que, Pese a ello, mientras U2 tocaba en la Argentina, le escribió a Bono –paradigma del rockero comprometido con las causas sociales, si existe tal cosa– una durísima carta abierta en el Financial Times.

En ella sostiene que los esfuerzos de Bono para eliminar la pobreza son loables, pero que, al estar mal dirigidos, no sólo no sirven, sino que resultan contraproducentes. “Usted dijo que esperaba que su música durara para siempre y que la pobreza se acabara en cien años -escribió Bhagwati, que nació en 1934 en la India-. Le deseo mucha suerte con su música, pero cien años nunca alcanzarán para acabar con la pobreza si usted no corrige su rumbo.”

Bhagwati no conoce la pobreza sólo de manera teórica. Creció en la India con siete hermanos y tres primos que sus padres acogieron desde pequeños. “Nunca me pude comprar una gaseosa y no tuve pantalones largos hasta que me fui a vivir a Inglaterra -recuerda-, pero siempre había alguna rupia para libros.”

Recientemente, Bhagwati compartió un panel de conferencistas con Laxmi Mittal, el rey del acero de la India y el hombre más rico de su país. “En la mitología hindú tenemos dos diosas: Laxmi, la diosa de la riqueza, y Saraswati, la diosa de la sabiduría. En mi familia éramos muy religiosos y fuimos favorecidos por Saraswati. Aunque, desafortunadamente para mí, ¡Saraswati no se lleva bien con Laxmi!“, dijo entonces.

Sus estudiantes lo siguen como a un gurú. No son los únicos: para el cumpleaños número 70 de Bhagwati, la Universidad de Columbia organizó una serie de conferencias para rendir homenaje a su trayectoria. Estuvieron nada menos que Paul Samuelson; Kofi Annan; el presidente de Harvard, Larry Summers; el de Columbia, Lee Boellinger, y el que llama su alumno predilecto, Paul Krugman.

Hubo tantas palabras de admiración -y también de afecto- que habría que creerle cuando dice: “Hay que dejar atrás la noción histérica de que cualquiera que cuestiona la efectividad del aumento grande y rápido de la ayuda a Africa es un reaccionario sin corazón“.

Pregunta: ¿En qué se equivoca Bono?

Respuesta: Creo que la dedicación de Bono -así como la de Bob Geldof- para aumentar la ayuda y acelerar el desarrollo de los países pobres debe ser aplaudida. Pero al usar su carisma y su música como estrella de rock para ese objetivo debe abocarse a ideas y estrategias específicas. Aquí es donde temo que sus esfuerzos deben cambiar de dirección, ya que están renegando de un problema fundamental, que es la capacidad de absorción de la ayuda que tienen los países africanos. El dinero que entra ¿será usado productivamente o es tirarlo a la basura? Está estadísticamente probado que cuando se da ayuda financiera los países que la reciben es más probable que disminuyan y no que aumenten su capacidad de ahorro. La ayuda que entra de golpe y en gran cantidad tiene el mismo efecto contraproducente que el dinero que entra en otros países por la venta del petróleo: son millones y millones que nunca llegan a los pobres, que suelen quedar para los burócratas del gobierno y las elites. Los aliados que tiene Bono entre los economistas y los políticos han argumentado que, aun en Africa, no hay problema en usar un flujo de ingreso de ayuda cada vez mayor. Pero todos los africanistas con los que he hablado o a los que he leído son profundamente escépticos sobre la posibilidad de que un aumento rápido y sustancial de ayuda sea productivo. Las monstruosas cifras de ayuda dadas a Africa hasta ahora y el escaso resultado que han tenido hacen necesario que miremos a la ayuda que estamos dando de una manera nueva. Bono y Geldof se manejan con ideas obsoletas.

P: ¿Cuáles son estas ideas obsoletas?

R: Hay dos errores fundamentales: primero, el concepto de que la ayuda para Africa sólo debe invertirse en Africa, y segundo, que se debe conseguir que la ayuda a Africa sea de un 0,7 por ciento del PIB de cada país. El aumento en el número de gobiernos democráticos en Africa y algunas iniciativas valientes de la Unión Africana en lugares como Darfur han incrementado la capacidad de absorción de un número de naciones africanas. Pero eso justifica un aumento pausado del gasto en Africa más que uno veloz, como propone Bono.

P: Pero ¿cómo no invertir el dinero para África en África?

R: Es que el problema de la capacidad de absorción resulta considerablemente menor si parte de la ayuda se envía fuera de Africa. Por ejemplo, a los centros médicos del Primer Mundo para que desarrollen curas para las enfermedades que están haciendo estragos en el continente africano, como la malaria, el sida y la fiebre amarilla. También la educación de jóvenes africanos en las universidades del Primer Mundo debería ser promovida considerablemente. Es cierto: posiblemente después esos jóvenes no quieran volver a sus paísesy terminemos con el clásico caso de la fuga de cerebros. Pero Occidente debería sostener muy generosamente programas a través de los cuales estos jóvenes africanos capacitados puedan ayudar a su continente. Por ejemplo, financiarles visitas periódicas a sus países de origen para que, a su vez, entrenen a otros. Hay muchos temas que constituyen cuellos de botella en Africa: por más fondos que se reciban, sin personal capacitado que los maneje la ayuda no sirve. Y, personalmente, quiero ponerle carne al esqueleto de un proyecto, que es el de los Cascos Grises, con el cual estuve entusiasmando a Paul Wolfowitz estos últimos días para conseguir el apoyo del Banco Mundial. Consistiría en buscar a nuestros médicos, profesores, ingenieros y otros profesionales jubilados que han quedado en Occidente y ofrecerles trabajo en las naciones africanas que tanto los necesitan.

P: ¿Y cómo es lo del 0,7 por ciento?

R: Creo que pocas personas que hayan pensado seriamente en el problema africano creen que la ayuda a Africa deba ser de un 0,7 por ciento del PIB de los países grandes. Ese objetivo fue adoptado en 1969 por las Naciones Unidas y no ha llevado a ningún resultado. Y sin embargo los aliados de Bono siguen repitiendo lo mismo, y reafirmándolo. ¿Tiene sentido, acaso, que Bono pierda el tiempo en un sueño imposible cuando podría ayudar de verdad? Salvo algunos países escandinavos, prácticamente ningún país donante ha logrado llegar a ese porcentaje jamás, porque los fondos públicos son muy volátiles y porque los gobiernos tienen gran cantidad de demandas. Por ejemplo, Estados Unidos este año tuvo un enorme incremento en gastos por la guerra en Irak y el huracán Katrina. Con todas las buenas intenciones que pueda haber, la ayuda a Africa siempre va a estar por detrás de necesidades políticamente más apremiantes. Ni siquiera Paul Martin, ex primer ministro de Canadá, tan progresista, quería firmar el compromiso de su país para aspirar a este objetivo.

Las dádivas sociales son siempre el camino errado como política sistemática. No son la manera de generar crecimiento sostenido

P: ¿Qué se debería hacer, entonces?

R: Dado que el objetivo del 0,7% es imposible y que es como un arco iris en el desierto -uno puede verlo, pero es una ilusión-, sugiero una doble estrategia: dejar, por un lado, que los políticos a los que les gusta la idea, como el ex presidente mexicano Zedillo, algunos gobiernos europeos y varios burócratas internacionales busquen ese objetivo para los fondos públicos. Y que Bono vaya tras fondos privados. Básicamente, sería pedirle a la gente fascinada por la música y las estrellas de rock que se comprometiera con muy pequeñas contribuciones, a las cuales Bono y Geldof contribuirían, adicionalmente. Fácilmente se podría llegar a 25.000 millones de dólares por año. ¿Qué hacer con esa plata? ¡Que la decisión no esté en manos de los llamados “hombres sabios”, como mi buen amigo George Soros! Por el contrario, que su destino sea decidido por las agencias de caridad del país de donde proviene el dinero. Muchas agencias nacionales de caridad son excelentes y tienen conciencia del problema de la capacidad de absorción. Esta sería una idea para empezar a discutir el tema.

P: ¿Cómo se explican los escasos resultados que la ayuda a Africa ha tenido hasta ahora?

R: ¡Si tan sólo uno pudiese explicarlo! Mi distinguido colega Jeffrey Sachs, que es el economista contratado por las Naciones Unidas para elaborar los objetivos de desarrollo del nuevo milenio y que es amigo de Bono, sostiene que gran parte de la ayuda no fue dada para impulsar el desarrollo. Ese es un punto de vista ingenuo, por dos razones. Primero: aun cuando la ayuda sea dada para objetivos humanitarios, libera recursos domésticos para la inversión en desarrollo. Segundo: son tan exorbitantes los montos de ayuda dada que no se puede pretender simplemente que los problemas estuvieron casi siempre del lado de los donantes. Hay muchas variantes en la experiencia africana, y es difícil generalizar. Pero diría que el colapso de la buena gobernabilidad, lo cual hace que la absorción productiva de la ayuda internacional sea difícil o aun imposible, se desprende del hecho de que varios países fueron construidos artificialmente a partir de distintas tribus que quedaron compitiendo por el poder. A veces esto degeneró en guerras civiles y en una brutalidad inimaginable, como en Angola, Congo, Ruanda, Burundi y, ahora, Sudán. Pero también hubo una metida de mano de parte de los grandes poderes que limitó las posibilidades de los buenos líderes. En Ghana, el presidente Nkrumah, que tenía cierta simpatía por la Unión Soviética, fue afectado por la labor de la CIA. En Congo, Tshmobe fue ayudado por los belgas en contra del electo líder de izquierda Patrick Lumumba, y después el país fue virtualmente entregado a una dictadura de facto. Sudáfrica y Botswana son los únicos ejemplos de buen trabajo de gobierno. Sin embargo, en Botswana, si bien la ayuda puede ser mejor usada, hay cuellos de botella que surgen de la falta de mano de obra calificada que pueda expandir aún las facilidades médicas más básicas.

P: ¿Cree que Bono aceptará cambiar de dirección?

R: Esto es difícil de predecir. Estrellas de rock, como Bono y Geldof, y actores como Richard Gere, que se concentra en el sida, son jugadores serios de la beneficencia mundial y tienen la ambición de hacer algo que realmente sirva. Es lo que yo llamo “la perspectiva princesa Diana”. Pero todas estas grandes estrellas tienen que aliarse con grupos y personas con las ideas y la experiencia que permitan trasladar sus ideas a programas efectivos. Más allá de sus actividades como miembro de la realeza británica, la princesa Diana logró aliarse con el movimiento mundial contra las minas y tuvo un éxito extraordinario. Bono se alió con ONG como Oxfam y Christian Aid en temas como el comercio mundial. Son obras de caridad gigantescas, que cuentan con fondos excesivos. A veces quienes las llevan adelante se equivocan espantosamente y apoyan políticas muy malas para los intereses de los países en vías de desarrollo. Bono también se ha dejado seducir por programas de ayuda errados, que mencioné anteriormente, y esto posiblemente tenga que ver con que es una estrella de rock, no un pensador. Fue un caso de mala suerte, supongo, que haya elegido hablar con la gente equivocada. Sobre los aliados a los que debería abandonar, no debería ser yo quien levantara animosidades. Pero el profesor Jeffrey Sachs (cuyo libro “El fin de la pobreza” tiene un prefacio de Bono) desestima seriamente el problema de la capacidad de absorción e insiste en lo del objetivo del 0,7 por ciento, y podría ser uno de ellos. Hay otros más, pero que no están tanto en el candelero.

P: ¿Qué hay de América latina, en particular de la Argentina? ¿Qué tipo de ayuda debería recibir?

R: La Argentina ha tenido una mezcla de malas políticas económicas y mala suerte. Las políticas peronistas destruyeron una exitosa economía basada en el agro con un alto ingreso per cápita. Después, con mi buen y brillante amigo Domingo Cavallo, la Argentina se mantuvo atada por demasiado tiempo al tipo de cambio fijo, lo cual llevó a levantamientos de los trabajadores y al colapso de la convertibilidad. Como me gusta decir: las cajas de conversión son hechas por el hombre en singular y destruidas por los hombres en plural. El principal problema en América latina es que tiende a atravesar ciclos de boom y ciclos de caída libre. Pide demasiado prestado y crece rápidamente; después el flujo de capitales se para o cambia de dirección y el crecimiento desaparece. ¡Pero entonces vuelven a pedir enormes préstamos nuevamente! Esto lleva a la inestabilidad política y económica. A menudo me pregunto si esta extravagancia al pedir no será algo cultural. La literatura de ustedes también tiene una extravagancia de imaginación… ¡El realismo mágico, que tanto nos gusta leer!

P: Nosotros tenemos planes, como el de los jefes y jefas de hogar, que son de asistencia social directa. ¿Qué opina de ellos?

R: Las dádivas sociales son siempre el camino errado como política sistemática. No son la manera de generar crecimiento sostenido. En la India estamos empezando con un programa de “empleo garantizado” por cien días para cada hogar. Pocos creen que esto vaya a llevar a un empleo productivo. Lo más probable es que sea una dádiva. Los pobres se beneficiarían más allá de lo inmediato si ese dinero se invirtiera en infraestructura, educación y salud pública, lo cual mejoraría la capacidad de los más pobres de obtener trabajos y un mayor ingreso. Aun en la India, es muy difícil luchar contra el atractivo populista de las dádivas.

Publicado en Periodista Digital

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Categorías:Pobreza
  1. AMIGANORKA
    18 abril 2008 en 9:46

    HOLA,ME GUSTARIA SABER QUE SE HACE CON EL DINERO QUE LLEGA PARA LOS POBRES.NADIE DA UNA EXPLICACION,NO SE VE AYUDA Y CADA VEZ “se debe” MAS DINERO.EN MI CASO,MI HIJA 18 AÑOS Y YO NO TENEMOS TRABAJO,VIVIMOS MUY MAL.SU PADRE MURIO,NO LE DIERON PENSION NI NADA. A QUIEN LE DAN?DONDE VA EL DINERO?PORQUE SE LE DA A LOS GOBIERNOS,IGLESIA Y ESAS COSAS?PIENSO QUE LA BUENA VOLUNTAD DE AYUDAR A LOS POBRES,SE LA LLEVAN LOS RICOS. GRACIAS.

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