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Archivo para la Categoría "Pobreza"

Más allá de la crisis

Una conferencia para el debate.

De lo que quisiera hablarles no es tanto de la crisis actual como de lo que está ocurriendo más allá de la crisis: de algo que se nos oculta tras su apariencia. Para explicarlo necesitaré empezar un tanto atrás en el tiempo.

Nos educamos con una visión de la historia que hacía del progreso la base de una explicación global de la evolución humana. Primero en el terreno de la producción de bienes y riquezas: la humanidad había avanzado hasta la abundancia de los tiempos modernos a través de las etapas de la revolución neolítica y la revolución industrial. Después había venido la lucha por las libertades y por los derechos sociales, desde la Revolución francesa hasta la victoria sobre el fascismo en la Segunda guerra mundial, que permitió el asentamiento del estado de bienestar. No me estoy refiriendo a una visión sectaria de la izquierda, ni menos aun marxista, sino a algo tan respetable como lo que los anglosajones llaman la visión whig de la historia, según la cual, cito por la wikipedia, “se representa el pasado como una progresión inevitable hacia cada vez más libertad y más ilustración”.

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Las torres del olvido: el desplome de la economía

Normalmente desde El Blog Salmón reseñamos libros claramente económicos, de divulgación, pero en esta ocasión vamos a hacer una excepción y recomendar una novela de ciencia ficción: Las torres del olvido, de George Turner. Y lo hacemos porque hay un claro trasfondo económico en toda la novela.

Lo primero, destacar que el libro se escribió en 1987, es decir, ha llovido bastante. La trama se sitúa ente los años 2040 y 2060, con un mundo que se ha visto abocado a la destrucción. Pero el motivo no es la Guerra, sino una crisis económica, social y meteorológica devastadora.

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La crisis empuja a la pobreza a 64 millones de personas en todo el mundo

18 octubre 2010 Dejar un comentario

Alrededor de 64 millones de personas caerán este año en la pobreza extrema debido a la crisis económica y el desempleo, que ha aumentado en más de 30 millones de personas desde que la recesión comenzara en 2007.

Así lo afirmó este domingo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en un mensaje difundido con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza.

Ban señaló que el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza se centra este año “en el trabajo decente, el empleo digno y los medios de vida generadores de ingresos: en otras palabras, en el empleo”, ya que “el trabajo decente y productivo es uno de los medios más eficaces para luchar contra la pobreza y promover la autosuficiencia”.

Sin embargo, lamentó que actualmente “más de la mitad de la población activa mundial tiene empleos vulnerables, carece de acuerdos formales de trabajo y de seguridad social y a menudo no gana lo suficiente para mantener a su familia, y menos aún para mejorar sus oportunidades económicas”.

Además, Ban señaló que la probabilidad de que los jóvenes sufran desempleo triplica a la de los adultos y que el año pasado hubo más de 81 millones de jóvenes desempleados, la mayor cifra registrada nunca.

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América Latina es “la región más desigual del mundo”

Gilberto Lopes
San José

El informe asegura que diez de los quince países más desiguales están en la región.

América Latina y el Caribe “conforman la región más desigual del mundo” y esa desigualdad no sólo es alta, sino también muy persistente, concluyó el Informe Regional presentado en San José, Costa Rica, por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que busca no sólo comprender las causas de este fenómeno, sino también ofrecer soluciones.

De acuerdo al estudio, 10 de los 15 países más desiguales del mundo “pertenecen a esta región”.

La desigualdad se puede medir con el “coeficiente de Gini”, utilizado habitualmente por este tipo de estudios. Varia de cero a uno, siendo el cero la igualdad absoluta y, el uno, la mayor disparidad posible.

En América Latina los dos países con el índice más bajo, los más igualitarios, son Uruguay y Costa Rica, con 0,45 y 0,47 respectivamente. En el otro extremo, Haití y Bolivia trepan hasta 0,59 y 0,6. Es decir, son aquellos donde la desigualdad es mayor.

El estudio destacó además de las brechas visibles entre los países en términos de desarrollo humano, la que existe dentro de cada país.

clic Lea: Banco Mundial: 60 millones de nuevos pobres

¿Cómo combatir esa desigualdad?

El Informe destaca la importancia del “logro educativo” en el combate a la desigualdad. Pero añade que el gasto social del Estado en salud, nutrición e infraestructura, contribuyó también, en la última década, de forma significativa a reducirla.

Y sin embargo, la desigualdad sigue siendo particularmente elevada en la región, sin que el estudio termine de encontrar una explicación definitiva para esta situación.

Para combatirla, el coordinador del Informe, Luis Felipe López, reiteró que “no alcanzan los planes contra la pobreza. Se necesitan políticas específicas contra la desigualdad”.

Lo que se plantea el informe es un marco de análisis en los hogares, con el objetivo de descubrir “las restricciones que éstos enfrentan y los mecanismos que causan la reproducción de la desigualdad”.

El informe asegura que el acceso a la educación y a la salud es el camino para reducir la desigualdad.

El Informe atribuye una particular importancia a esos mecanismos de reproducción, que pretende combatir mostrando, entre otros factores, cómo el nivel de educación de los padres está estrechamente relacionado con el nivel de educación que alcanzan los hijos.

López destacó, en su presentación, que “la desigualdad se hereda en América Latina”, por lo que el informe sostiene que si las políticas públicas inciden en esos mecanismos de transmisión, como el acceso a la educación y la salud, podrían reducirla.

Pero, advierte también, eso no es fácil, pues la desigualdad genera un acceso inequitativo a las instancias institucionales y limita la capacidad de los grupos más débiles de hacerse escuchar.

“El sistema político no permite compensar las desigualdades”, asegura.

Una comparación sobre la “presión tributaria” existente en América Latina y otras regiones del mundo ayuda a explicar el fenómeno.

La carga tributaria es de 17% del Producto Interno Bruto (PIB) en la región, menos de la mitad de la existente en los países desarrollados de la OCDE, donde llega a 36,4%, o la de Estados Unidos, que es de 26,8%, según los datos del Informe.

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Una economista africana ataca las ayudas al Tercer Mundo

19 febrero 2010 1 comentario

La economista africana Dambisa Moyo ha sacudido los cimientos del pensamiento progresista políticamente correcto. En su libro Dead Aid rechaza las ayudas económicas de los países más desarrollados porque estas inyecciones de dinero son las que están hundiendo al continente africano.

“La ayuda que mata” (Dead Aid) es el título de un libro controvertido que no dejará indiferente a ninguna persona que lo lea, y mucho menos si lo descubre alguno de los economistas de pensamiento neokeynesiano que inundan el análisis actual sobre las soluciones para salir de la crisis económica.

Su autora, Dambisa Moyo, rechaza las críticas a Occidente de personajes tan mediáticos como Bono, el cantante de U2, o Bob Geldof, que se han caracterizado por pedir ayudas directas al continente africano para que pueda salir de la pobreza extrema en la que está inmerso.

La tesis principal del libro es que la ayuda de los países occidentales está matando a África. Una vez superado el rechazo inmediato que genera este argumento en nuestras mentes inundadas por el pensamiento progresista políticamente correcto la economista africana justifica su enfoque con sólidos argumentos.

Moyo aboga por detener las ayudas económicas a los países africanos, excepto en caso de calamidades o catástrofes puntuales (como sucede cuando hay un terremoto o una sequía en el primer mundo), dejando que el continente construya una economía propia en el curso de los próximos cinco años.

El principal argumento de la economista para abolir la actual estructura de ayudas es que la mayoría de gobernantes africanos siguen en sus puestos porque el dinero sigue llegando desde Occidente.

Los responsable políticos (en su mayoría tiranos o dictadores disfrazados de demócratas) no están obligados a mantener y mejorar las infraestructuras de sus países respectivos, porque se da por hecho que no tienen capacidad para ello.

De esta forma los dirigentes africanos no tienen responsabilidad alguna de lo que pasa y pueden seguir empleando el dinero en lo que les parezca oportuno, siempre ligando el gasto a su beneficio personal.

En cuanto a los habitantes, sólo pueden sobrevivir gracias a la caridad, no aportan nada a las economías de los países y carecen de la mentalidad adecuada para exigir a sus gobernantes que cumplan con sus deberes.

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¿Realmente quieren erradicar la pobreza?

18 septiembre 2008 1 comentario

La ayuda “se desperdicia”

Niño desnutrido en Niger

Una de las metas de la ONU es reducir la pobreza en la mitad para 2015.

Una de las principales agencias de ayuda humanitaria advirtió que se están desperdiciando miles de millones de dólares destinados a paliar hambrunas, ya que el dinero se emplea de manera incorrecta.

Asimismo, Care International señaló que el número de personas que “vive al borde del estado de emergencia” se duplicó en los últimos dos años, alcanzando un total de 220 millones.

Según la organización, se gasta demasiado dinero en resolver las emergencias y no en atacar los problemas subyacentes de la pobreza.

Éstas y otras apreciaciones fueron presentadas en un informe que la agencia dio a conocer este jueves.

Lecciones

El informe concluye que la comunidad internacional no ha aprendido la lección de las numerosas emergencias que ha debido enfrentar.

Por lo general, dice, la ayuda llega muy tarde, está pensada para resolver los problemas a muy corto plazo y se concentra demasiado en salvar vidas -por más importante que esto sea- más que en fortalecer a la población.

Los gobiernos, la ONU, los donantes y las agencias de ayuda deben aprovechar esta oportunidad para hacer reformas estructurales al sistema de ayuda que protegerá a los más vulnerables de las emergencias
Care International

“Es una desgracia que, a pesar de las advertencias, el dinero se siga utilizando de manera equivocada”, afirmó Geoffrey Dennis, director ejecutivo de la sede británica de Care International.

El reporte hace un llamado a los donantes a coordinar más efectivamente la ayuda de emergencia y los planes de desarrollo a largo plazo, concentrarse en la producción de alimentos, en el apoyo a los más pobres así como en el desarrollo de un sistema de advertencias tempranas sobre posibles desastres.

“Los gobiernos, la ONU, los donantes y las agencias de ayuda deben aprovechar esta oportunidad para hacer reformas estructurales al sistema de ayuda que protegerá a los más vulnerables de las emergencias y hacer que éstos se vuelvan más resistentes al aumento de los precios de los alimentos, las sequías y otros desastres”, precisa el documento.

El informe sale a la luz un día después de que el director general de la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, anunciara que el número de personas que sufren hambre aumentó en 75 millones, alcanzando un total de 925 millones el año pasado.

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La culpa de la clase media

Juan Ramón Martínez

Los ricos, antes que los pobres, descubrieron el valor político de la comida. Le agregaron el concepto del goce y del placer.

En Europa los señores invitaban al pueblo para que les vieran comer. Aquí, el compartir la mesa fue el principio de una concesión de quien, teniendo poder, la podía poner al servicio del otro, a cambio de su adhesión, su respeto y su cariño.

Pero igualmente, los ricos entendieron el riesgo que entrañaba que todos fuéramos iguales, que todos tuviéramos acceso a las mismas cosas, rompiendo las diferencias. Por ello siempre estuvieron en contra de la democracia, opuestos al liberalismo económico –algunos incluso prefirieron al marxismo que tenía la virtud que sabían desde el principio que no ganaría y que, por ello, nunca serían poder– y, extrañamente, a la consolidación del capitalismo como sustituto del mercantilismo, gracias al cual habían podido amasar sus fortunas. Por ello vieron en la multiplicación de los pobres y en la pobreza misma una bendición de Dios.

Cuando alguien explicó que todos éramos hijos de Dios, amurraron la cara. Y cuando otro dijo que los ricos eran administradores de bienes de todos, para beneficio de todos, se colocaron enfrente de la “teología de la liberación”, acusando que la Iglesia estaba infiltrada del diablo y de Marx. Y su oposición no era visceral, inconsciente o defensiva. Sabían que el día que los pobres dejaran la pobreza, en números como está ocurriendo actualmente, el mundo sufriría problemas infinitos y dolorosos.

Ahora, el encarecimiento mundial de los alimentos, del petróleo y sus derivados; y de la mayoría de las materias primas, incluido el oro y la plata, se atribuye a que, grandes segmentos de la pobreza, especialmente en China y la India, han pasado de la precariedad en que han vivido, a la clase media. Y como comen más y mejor, gastan en recreaciones inimaginables hace tan sólo unas tres décadas; y consumen bienes que antes eran sólo de las minorías ricas de esos países, aumentando como nunca antes el consumo mundial. Y como la oferta no estaba preparada, los precios de los alimentos han experimentado un crecimiento inesperado. El petróleo ha incrementado de precio porque se está usando más por parte de una población mayor.

Algunos estudiosos han empezado a darle la razón a los ricos del pasado que recomendaban que a los pobres los espantaran para otros pueblos –en las comunidades en donde los colegas de Maltus eran clérigos, encargados de su manutención– y a los que se tenía, se les exprimiera lo mejor posible, para que no se movieran hacia arriba los salarios; ni se modificaran las relaciones entre la oferta de bienes y servicios y la demanda de los mismos.

Ahora, cuando las protestas se han multiplicado en muchos países, por los incrementos de los precios de los cereales y se ha creado una corriente de reclamo hacia los gobiernos y se les exige por qué no hacen nada para evitar lo que parece ser el inicio de una crisis económica mundial, basada no en fenómenos políticos; ni mucho menos en catástrofes naturales, sino que en el éxito de la expansión del capitalismo y en el logro de excelentes resultados en la lucha en contra de la pobreza, especialmente en China, Brasil y la India, Moisés Naím, en El País, escribe que, “El promedio de precios alimenticios compilado por The Economist, llegó a su nivel más alto desde 1845. Leyó bien; desde 1845.

En el 2007 el trigo y la soja subieron más de 80%; el arroz y el maíz, alcanzaron precios récord. Estos aumentos no se deben a que ahora hay menos comida (el mundo produjo más cereales en 2007 que nunca) sino porque algunos cereales están siendo usados para combustible; y porque ahora hay más gente que puede comer tres veces al día”. La lección es muy clara. La expansión del modelo capitalista en China y la India, libera fuerzas para el ingreso al mercado de productos baratos, producidos por los pobres que venden a bajos precios su capacidad productiva; pero al mismo tiempo, desencadena una demanda proporcional puesto que los nuevos ingresos percibidos por los pobres, que según Naím se transforman en clase media, aumentan la demandan. Y vía el desajuste, presionan en contra de los precios, desencadenando disturbios que se manifiestan en inflación creciente.

De repente el éxito del capitalismo, fruto del individualismo insatisfecho y de la obligada situación en que todos somos iguales, reduciendo la pobreza en la forma cómo se ha visto en las últimas décadas, era un fenómeno desconocido. La crítica marxista a la deshumanización del modelo capitalismo y el funcionamiento de sociedades llamadas a mantener a parte de la población mundial en la pobreza, antes que proposiciones negativas, fueron bendiciones que le permitieron al capitalismo aproximarse al nivel máximo de su desempeño.

Ahora cuando nadie quiere ser pobre –además que pocos pueden obligar a los pobres a que sigan comiendo las sobras bajo la mesa– el mundo tiene que enfrentarse realmente al viejo reto de hacer posible sociedades en las cuales la igualdad impida que unos pocos se coman todo. Y en el que el éxito de unos, se justifique por el fracaso; o por el hambre de los otros. Por eso, de repente, tenían “razón” los ricos derechistas, que no querían que los pobres dejaran de serlo.

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Octavo mandamiento: Mentirás

Eduardo Galeano
Página/12

Una mentira

Hasta hace un rato nomás, los grandes medios nos regalaban, cada día, cifras alegres sobre la lucha internacional contra la pobreza. La pobreza se estaba batiendo en retirada, aunque los pobres, mal informados, no se enteraban de la buena noticia. Los burócratas mejor pagados del planeta están confesando, ahora, que los mal informados eran ellos.

El Banco Mundial ha dado a conocer la actualización de su International Comparison Program. En el trabajo participaron, junto al Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, las Naciones Unidas, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y otras instituciones filantrópicas.

Ahí los expertos corrigen algunos errorcitos de los informes anteriores.

Entre otras cosas, nos enteramos ahora de que los pobres más pobres del mundo, los llamados “indigentes”, suman quinientos millones más que los que aparecían en las estadísticas.

Además, nos desayunamos de que los países pobres son bastante más pobres de lo que los numeritos decían, y que su desgracia ha empeorado mientras el Banco Mundial les vendía la píldora de la felicidad del mercado libre.

Y por si todo eso fuera poco, resulta que la desigualdad universal entre pobres y ricos había sido mal medida, y en escala planetaria el abismo es todavía más hondo que el de Brasil, país injusto si los hay.

Otra mentira

Al mismo tiempo, un ex vicepresidente del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, en un trabajo conjunto con Linda Bilmes, investigó los costos de la guerra de Irak.

El presidente George W. Bush había anunciado que la guerra podría costar, como mucho, 50 mil millones de dólares, lo que a primera vista no parecía demasiado caro tratándose de la conquista de un país tan rico en petróleo. Eran números redondos, o más bien cuadrados. La carnicería de Irak lleva más de cinco años, y en este período los Estados Unidos han gastado un millón de millones de dólares matando civiles inocentes. Desde las nubes, las bombas matan sin saber a quién. Bajo la mortaja de humo, los muertos mueren sin saber por qué. Aquella cifra de Bush alcanza para financiar apenas un trimestre de crímenes y discursos. La cifra mentía, al servicio de esta guerra, nacida de una mentira, que mintiendo sigue.

Y otra mentira más

Cuando ya todo el mundo sabía que en Iraq no había más armas de destrucción masiva que las que usaban sus invasores, la guerra continuó, aunque había olvidado sus pretextos.

Entonces, el 14 de diciembre del año 2005, los periodistas preguntaron cuántos iraquíes habían muerto en los dos primeros años de guerra.

Y el presidente Bush habló del tema por primera vez. Contestó:

–Unos treinta mil, más o menos.

Y a continuación hizo un chiste, confirmando su siempre oportuno sentido del humor, y los periodistas se rieron.

Al año siguiente, reiteró la cifra.

No aclaró que los treinta mil se referían a los civiles iraquíes cuya muerte había aparecido en los diarios. La cifra real era mucho mayor, como él bien sabía, porque la mayoría de las muertes no se publica, y bien sabía también que entre las víctimas había muchos viejos y niños.

Esa fue la única información proporcionada por el gobierno de los Estados Unidos sobre la práctica del tiro al blanco contra los civiles iraquíes. El país invasor sólo lleva la cuenta, detallada, de sus soldados caídos. Los demás son enemigos, o daños colaterales, que no merecen ser contados. Y, en todo caso, contarlos resultaría peligroso: esa montaña de cadáveres podría causar mala impresión.

Y una verdad

Bush vivía sus primeros tiempos en la presidencia cuando el 27 de julio del año 2001 preguntó a sus compatriotas:

–¿Pueden ustedes imaginar un país que no fuera capaz de cultivar alimentos suficientes para alimentar a su población? Sería una nación expuesta a presiones internacionales. Sería una nación vulnerable. Y por eso, cuando hablamos de la agricultura americana, en realidad hablamos de una cuestión de seguridad nacional.

Esa vez, el presidente no mintió. El estaba defendiendo los fabulosos subsidios que protegen el campo de su país. “Agricultura americana” significaba, y significa nada más que “Agricultura de los Estados Unidos”.

Sin embargo, es México, otro país americano, el que mejor ilustra sus acertados conceptos. Desde que firmó el tratado de libre comercio con Estados Unidos, México no cultiva alimentos suficientes para las necesidades de su población, es una nación expuesta a presiones internacionales y es una nación vulnerable, cuya seguridad nacional corre grave peligro:

- actualmente, México compra a los Estados Unidos 10 mil millones de dólares de alimentos que podría producir;

- los subsidios proteccionistas hacen imposible la competencia;

- al paso que vamos, de aquí a poco las tortillas mexicanas seguirán siguen siendo mexicanas por las bocas que las comen, pero no por el maíz que las hace, importado, subsidiado y transgénico;

- el tratado había prometido prosperidad comercial, pero la carne humana, campesinos arruinados que emigran, es el principal producto mexicano de exportación.

Hay países que saben defenderse. Son pocos. Por eso son ricos. Hay otros países entrenados para trabajar por su propia perdición. Son casi todos los demás.

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